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Isabel murió en junio de 2021. Tenía 85 años. Falleció en la casa de su sobrina Arancha Palomino y del actor Luis Lorenzo, su pareja.
Arancha Palomino y su marido enviaron el cuerpo de Isabel desde a Asturias, en el norte, donde Isabel vivía de forma habitual.
Con sus restos, un certificado donde se registraba que la muerte se había producido por causas naturales. Isabel era una mujer mayor, con un diagnóstico de demencia y otras enfermedades propias de la edad. Nada anormal.
Un año después, la Guardia Civil ha detenido a Luis Lorenzo y a Arancha Palomino. Los acusa de un presunto homicidio. La muerte de Isabel. Por envenenamiento. Para quedarse con su herencia.
La historia comienza en marzo de 2021. Entonces la pareja invita a la anciana, con residencia habitual en Asturias (norte de España), a pasar unos días en su casa de Rivas Vaciamadrid.
Sin noticias de ella durante algún tiempo, José, hermano de Isabel, la llama por teléfono. Estaba preocupado. Pero no consigue hablar con ella: eran el actor y su mujer quienes respondían, quienes le impedían contactar con su hermana.
Pasaban los días e Isabel no regresaba a su casa en Asturias. José decidió acudir a la Guardia Civil. Presentó una denuncia por la desaparición de su hermana.
La Guardia Civil de Asturias pasó el caso a sus compañeros de Madrid. Dos agentes acudieron a la casa del actor y su mujer, llamaron al timbre y les abrieron.
En el umbral de la puerta, Luis Lorenzo les confirmó que Isabel estaba allí, que no había desaparecido, que estaba bien, que no había ningún problema.
Los agentes le preguntaron a Luis Lorenzo si podían entrar, si podían ver a Isabel. La respuesta, según publica El Confidencial, fue tajante: a su casa sólo se pasaba con una orden judicial. Los guardias civiles se tuvieron que ir.
José seguía preocupado. No era la primera vez que su hermana estaba en casa de sus sobrina y su marido. Pero algo no le cuadraba.
Cada vez que su hermana estaba en Madrid los médicos que la atendían le diagnosticaban síntomas relacionados con la demencia. Pero cuando volvía a Asturias desde Madrid se recuperaba y los síntomas desaparecían.
Eso fue lo que llevó a José a poner a la denuncia. Una denuncia que no sirvió para nada. Cuando en junio le comunicaron que Isabel había muerto y le devolvieron su cuerpo para que la anciana fuera enterrada en su tierra natal, José se plantó: se presentó de nuevo ante la Guardia Civil, dijo que su hermana estaba bien de salud y de cabeza cuando había ido a Madrid y que algo raro había pasado para que muriera de forma tan repentina.
La Justicia escuchó a José y ordenó que se practicara la autopsia a Isabel. Los médicos forenses encontraron en su cuerpo restos de dos metales pesados.
No pequeñas cantidades, sino dosis muy elevadas. Esa había sido la causa de la muerte. Isabel había sido envenenada.


