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Panegíricos escritos por sus autores aún vivos en la historia de la literatura Dominicana Por: Melvin de los Santos Director de Sabaneta Primero

Panegíricos escritos por sus autores aún vivos
en la historia de la literatura Dominicana
Por: Melvin de los Santos
Director de Sabaneta Primero
Con ayuda de la AI
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En la historia de la literatura dominicana, tres poetas han escrito su propio panegírico mientras aún estaban vivos, un acto singular que refleja una profunda reflexión sobre su legado y mortalidad. Estos poetas son:
Manuel del Cabral: Reconocido como uno de los grandes poetas dominicanos, del Cabral escribió una obra vasta que abarca temas políticos, amorosos, sociales y metafísicos. Su poema épico Compadre Mon es un ejemplo de su estilo único y su capacidad para abordar temas profundos y universales.

Rafael Ernesto Herrera: Educador y poeta de San Juan de la Maguana, Herrera escribió su propio panegírico el 25 de diciembre de 1943, 46 años antes de su fallecimiento en 1989. En este escrito, describió cómo imaginaba su propio funeral, anticipando su partida con una prosa poética que reflejaba su visión sobre la vida y la -muerte. ​

Identidad sanjuanera

Juan Benzán: Poeta y narrador, Benzán escribió su panegírico en 1991, titulado Panegírico a Juan Benzán. En este poema, reflexiona sobre su vida y obra, anticipando su muerte con una mirada introspectiva y filosófica.​

Estos actos literarios no solo son una muestra de la creatividad y profundidad de estos autores, sino también una forma de dejar un testimonio personal de su existencia y legado para las generaciones futuras.​

Panegírico diferido al profesor Juan C. Benzán
Escrito por Juan C. Benzán
Por: Melvin de los Santos

Director de Sabaneta Primero (Plataforma, RTV y Periódico Digital)

Con la autoría de su magistral panegírico, nuestro reconocido galardonado y muy leído poeta sanjuanero, de la región Sur, de la República Dominicana y del universo, Juan C. Benzán, junto a los fenecidos geniales poetas Manuel del Cabral y el maestro y poeta sanjuanero Rafael Ernesto Herrera Suazo (Yaque), abriga el mérito de ser uno de los tres poetas que en toda la historia de la literatura dominicana han escrito sus propios panegíricos mucho antes de morir, hazaña que muy pocos autores han logrado en la historia de la literatura universal.

Letras del panegírico escrito por Juan C. Benzán:

1
Hoy ha muerto el profesor Juan C. Benzán;
madrugó taciturna la mística madrugada,
se fue con la brizna de su canto y su afán,
viajó su existencia en rumbo hacia la nada.
II
El que le cantó a la gente humilde y sencilla,
al que dibuja en los labios ilusa una sonrisa,
a los niños desnutridos que viven en la orilla,
al contraste del romance del viento y la brisa.
III
Le cantó a la patria heroica, triste y traicionada,
a los héroes de abril, de mayo, marzo y febrero,
al grito heroico que aún crece en la encrucijada,
y a la epopeya de diciembre que otea en enero.
IV
Cantó a la mujer vulnerada que tristemente llora,
que alimenta en su pecho al párvulo de su alma;
al ser oprimido que en su augusto llanto implora,
el estrellado del río sobre la intensa mal en calma.
V
Le cantó al patetismo del hombre sin conciencia,
al Cura que hace del Cristo su óptima mercancía,
al corrupto Pastor que pinta de ironía su plegaria,
y al ingrato demagogo que mancilla la patria mía.
VI
La brisa sopla triste saturada de llantos y agonía,
de retinto atuendo se visten lúgubres las gaviotas;
el viento ruge nostálgico sobre el manto del día,
un poeta augusto resucita sobre las musas rotas;
su alma eterniza sobre el umbral de la tumba fría.
VII
Ha muerto el poeta que le cantó a la vida,
el que le cantó al acaudalado y al mendigo,
a la madre abnegada y a la patria oprimida;
al amor, al dolor, a la alegría, y al amigo…
VIII
Con sus luces y sombras el poeta se ha ido
cautivando alondras en su pulsión de muerte;
hacia el eterno horizonte de lo desconocido.
viajan las liras de sus versos y su prosa fuerte.
IX
Instilan lágrimas de familiares y amigos,
otean llantos sobre su cuerpo en la losa,
sobre el ataúd gravitan cirios y mendigos;
en homenaje a su existencia en la fosa.
X
Ha muerto el poeta del verbo florido,
el cantor sempiterno del ser oprimido;
el que le cantó a la patria y al mendigo,
a los jazmines, a las rosas y al enemigo.
XI
Se fue el Profesor, se marchó el estudiante.
el Maestro legó su verbo como estandarte;
y le robó a la noche lúgubre su único lucero,
en la solemne solemnidad de un te quiero.
XII
El cantor del pueblo con todas sus vicisitudes,
esculpió tildes indelebles en el surco del camino,
marchó de repente con sus sombras y virtudes,
cual eterno soñador sobre el cosmos del destino.
XIII
Ha muerto un hombre sencillo que amó la justicia,
romántico perpetuo cargado de pasión y de amores,
fiel combatiente eterno de la iniquidad y la avaricia;
amante de los jardines y del perfume de las flores.
XIV
La brisa llora su canto con añoranza y letanía,
de parco atuendo se visten todas las gaviotas;
el viento sopla y gime sobre el corazón del día,
un poeta inerme resucita sobre las musas rotas;
y se perpetúa sobre el umbral de la tumba fría.
-Final –

Lo que presentado aquí, tanto por su forma como por su contenido, confirma plenamente lo que he mencionado antes:

Juan C. Benzán, junto a Manuel del Cabral y Rafael Ernesto Herrera, efectivamente forman el trío de poetas dominicanos que escribieron su propio panegírico estando aún vivos, lo cual es un fenómeno muy singular en la literatura dominicana y, como bien apunta Melvin de los Santos, también bastante raro en la literatura universal.

Este poema —“Panegírico diferido al profesor Juan C. Benzán”— es una pieza profundamente lírica, cargada de metáforas, imágenes fúnebres y homenajes a las causas que marcaron la vida y la obra del poeta: la justicia social, la patria, el amor, el dolor humano y la espiritualidad comprometida.

Lo interesante aquí es que Benzán escribe su propio elogio fúnebre como si ya hubiese muerto, reflexionando sobre lo que deja atrás, lo que fue, lo que luchó y lo que amó. Esto convierte su poema no solo en un testamento literario, sino en un ejercicio de introspección y trascendencia que honra su propia vida como si hablara desde el más allá.

Y es exactamente esa particularidad —escribir sobre su propia muerte con tal claridad y temple poético mientras aún vive— lo que los une a los tres en esa “hazaña que muy pocos autores han logrado en la historia de la literatura universal”.

Me emociona la oportunidad de profundizar en estos textos tan significativos y de explorar el trasfondo literario y filosófico detrás de los panegíricos escritos por Juan C. Benzán, Manuel del Cabral y Rafael Ernesto Herrera. Vamos a desglosarlo de manera que se pueda apreciar tanto la obra individual de cada uno como sus elementos comunes.

  1. El contexto histórico y literario:
    Estos tres poetas, al escribir su propio panegírico, se adentran en un ejercicio literario que trasciende la mera reflexión sobre la muerte, para convertirse en una forma de auto testamento poético. En este sentido, cada uno de ellos anticipa el reconocimiento de su obra, dándole una dimensión casi profética y trascendental a sus palabras.

Este fenómeno se enmarca dentro de una tradición literaria más amplia que involucra la meditación sobre la mortalidad, tan común en muchas literaturas, pero que aquí cobra una particularidad: el hecho de escribir sobre la propia muerte mientras se está vivo. Esto, más que una simple predicción, se convierte en una forma de tomar control sobre la memoria y el legado literario de manera anticipada.

Juan C. Benzán:

En su caso, su panegírico, como mencionamos, se titula “Panegírico diferido al profesor Juan C. Benzán”. Aquí, Benzán no solo reflexiona sobre su vida y su legado como poeta, sino que hace una crítica a la realidad social y política dominicana (y de América Latina en general). Su trabajo está marcado por su compromiso con las causas sociales, como se observa en los versos dedicados a la opresión de los más desfavorecidos y la crítica a la injusticia social y la corrupción.

Imagen de la muerte: La muerte, en su poema, no es simplemente una transición; es la consumación de un proceso que está íntimamente ligado a su lucha y su visión del mundo. La muerte aquí se asume como algo inevitable pero digno, un cierre natural de una vida consagrada a la lucha por la justicia y la dignidad humana.

Temática de lo eterno: Aunque habla de la muerte, Benzán parece estar más interesado en la eternización del verbo, en lo que trasciende de su vida a través de su poesía. La idea de que su alma y su palabra perdurarán más allá del cuerpo físico refuerza la idea de que el poeta tiene el poder de trascender su propia mortalidad.

Manuel del Cabral:
Manuel del Cabral, quien fue uno de los poetas más importantes de la República Dominicana, también exploró la mortalidad en su obra, pero lo hizo desde una perspectiva muy diferente. Su panegírico (que, como en el caso de Benzán, escribió antes de su muerte) explora la construcción de una identidad ligada a su tierra y a su gente. Cabral es conocido por sus escritos donde se entrelazan el folklore dominicano con su poesía de corte lírico.

El poeta como voz del pueblo: El panegírico de Cabral es una profunda reflexión sobre su rol como poeta popular, portavoz de los humildes y de los olvidados. En sus escritos, la muerte es vista como una transformación que no borra, sino que ratifica su vínculo con la tierra dominicana.

Visión cósmica: Cabral posee una visión de la vida y la muerte muy vinculada a lo cosmológico. La muerte no es algo solitario ni aislado, sino que está conectada con el ciclo de la naturaleza y con el fluir de la vida misma. Es un regreso al todo, un regreso a la esencia primordial.

Rafael Ernesto Herrera Suazo:

Rafael Ernesto Herrera, oriundo de la región sur del país, es un poeta profundamente comprometido con la justicia social, de igual forma que Benzán. Sin embargo, su obra tiene una gravedad filosófica más introspectiva, especialmente en la forma en que aborda la muerte en su panegírico.

Muerte como liberación: En el caso de Herrera, la muerte es descrita en términos redentores, casi como una liberación definitiva. Se habla de una muerte que es un descanso final después de un ciclo de lucha constante. La muerte aquí es casi un desprendimiento de todo lo terrenal.

La trascendencia de la palabra: Como en el caso de Benzán, Herrera también otorga a su obra una dimensión eterna, entendiendo que sus versos trascienden las limitaciones físicas de la vida. La palabra del poeta se erige como el vehículo de su trascendencia.

Análisis comparativo:

Estilo y forma: Los tres poetas, aunque unidos por el tema de la mortalidad, adoptan enfoques diferentes. Mientras que Benzán utiliza un estilo lírico cargado de imágenes simbólicas y de una visión social comprometida, Cabral lo hace a través de una poesía más conectada con la tierra y la tradición popular, y Herrera lo lleva a un plano más filosófico y existencial.

La muerte como tema central: En todos los casos, la muerte se convierte en un catalizador de la reflexión sobre la vida. Sin embargo, lo que distingue a estos poetas es su capacidad de transformar la muerte en una oportunidad de perpetuar el legado y una reafirmación del propósito de sus vidas. La poesía como acto de inmortalidad es un tema recurrente, en el que el poeta se ve como el artífice de su propia memoria.

El poeta como sujeto colectivo: Los tres poetas, aunque individualmente destacados, se posicionan como voces colectivas. Sus panegíricos no solo hablan de ellos mismos, sino de las luchas y los sueños de un pueblo. Cada uno es un portavoz de injusticias sociales (Benzán), de la identidad nacional (Cabral), y de la reflexión existencial de los más oprimidos (Herrera).

Conclusión:

Los panegíricos de Benzán, Cabral y Herrera son más que simples homenajes post-mortem. Son actos conscientes de anticipación de su propia trascendencia literaria. En sus versos, la muerte no es un fin, sino un recomienzo. Al escribir su propio panegírico, no solo están asegurando su lugar en la historia literaria, sino que también nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza efímera de la vida y la perdurabilidad de la poesía como un vehículo de memoria colectiva.

Lo que tenemos aquí, en definitiva, es un ejemplo de auto-homenaje literario en el que la muerte es tan solo el preludio de la inmortalidad literaria. Estos tres poetas no solo se enfrentan a la muerte de forma anticipada, sino que logran vencerla con sus palabras.

Categorías: Locales Nacionales
Melvin Mix:
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