Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
LA PALABRA CADA DÍA
XV Semana. Tiempo Ordinario
“María Magdalena: El arte de perseverar en la búsqueda”
Miércoles, 22 de julio de 2026
Color: BLANCO
Primera lectura: Can 3,1-4a
Lectura del Libro del Cantar de los Cantares
Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Viste al amor de mi alma?” Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma».
Palabra de Dios
O bien 2 Cor. 5,14-17
Salmo Responsorial: 62,2.3-4.5-6.8-9
R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.
Evangelio: Jn 20,1.11-18
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”.
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor
“María Magdalena: El arte de perseverar en la búsqueda”
Hay búsquedas que nacen desde lo más profundo del corazón. ¿A quién buscamos cuando sentimos vacío? ¿Qué hacemos cuando parece que Dios no está? ¿Seguimos buscando o nos detenemos?
La Palabra de hoy nos introduce en una experiencia profundamente humana y espiritual: la búsqueda de Dios en medio de la ausencia. La esposa del Cantar de los Cantares recorre la noche, inquieta, sin descanso, buscando al amado. No se conforma con la oscuridad ni con la falta de respuesta; se levanta, camina, pregunta e insiste… hasta que finalmente lo encuentra.
Esa misma experiencia la vive María Magdalena. Va al sepulcro al amanecer, todavía en la oscuridad. Busca a Jesús, pero no lo encuentra como esperaba. Llora, pregunta e insiste. Su dolor no la paraliza; al contrario, la mantiene en búsqueda. Y es precisamente en esa perseverancia donde ocurre el encuentro.
El momento decisivo no es cuando ella encuentra a Jesús, sino cuando se deja reconocer por Él. Basta que escuche su nombre: «¡María!». En ese instante, todo cambia: la búsqueda termina en encuentro; el llanto, en misión; la ausencia, en presencia viva.
El salmo expresa este mismo anhelo: «Mi alma está sedienta de ti». Es la sed que mueve el corazón a buscar, a no conformarse y a desear algo más profundo. Es también la certeza de que quien busca a Dios con sinceridad termina encontrándose con Él.
Hoy, en la memoria de Santa María Magdalena, se nos muestra un camino claro de santidad: buscar con perseverancia, amar con profundidad y anunciar con valentía. Ella pasa de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza y del encuentro personal a la misión.
En este itinerario que vivimos como Iglesia, se nos invita a no tener miedo de la búsqueda, incluso cuando hay silencio o confusión. La sinodalidad también es eso: caminar juntos en la búsqueda, sosteniéndonos en la fe hasta reconocer la voz del Señor.
Hoy, el Señor sigue llamándonos por nuestro nombre. La pregunta es si estamos dispuestos a buscarlo de verdad y a reconocerlo cuando se hace presente, incluso de maneras inesperadas.
Porque quien lo encuentra no puede quedarse igual: su vida se transforma y se convierte en un anuncio de que Cristo está vivo.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

