“Maestro, te seguiré adonde vayas” (Mt 8, 18-22)

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LA PALABRA DIARIA

Lunes, XIII Semana del Tiempo Ordinario

Memoria Obligatoria: San Irineo, Obispo y Mártir

Color: ROJO

28 de junio de 2021

Primera lectura: Gn 18,16-33
Lectura del libro del Génesis

Cuando los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré, miraron hacia Sodoma; Abrahán los acompañaba para despedirlos. El Señor pensó: «¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que pienso hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra; lo he escogido para que instruya a sus hijos, su casa y sucesores, a mantenerse en el camino del Señor, haciendo justicia y derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido.»
El Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.»
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?»
El Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.» Abrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?»
Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»
Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.» Le respondió: «En atención a los cuarenta, no lo haré.» Abrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?» Él respondió: «No lo haré, si encuentro allí treinta.» Insistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?» Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré.»
Abrahán continuó: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?» Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré.»
Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su puesto.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 102, 1-2.3-4.8.10-11
R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.
Él perdona todas tus culpas cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. R/.
No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles. R/.

Evangelio: Mt 8,18-22
Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla.
Se le acercó un letrado y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»
Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Palabra del Señor


“Maestro, te seguiré adonde vayas” (Mt 8, 18-22)

Dios Padre amado, en este día en que iniciamos semana laboral, te pido que derrames sobre todos nosotros la luz de tu Espíritu Santo, para que al escuchar tu Palabra podamos alcanzar la sabiduría que viene de ti, y que esta Palabra se convierta en lámpara que guíe nuestros pasos en nuestro peregrinar hacia ti.
Según el Evangelio de hoy, Jesús ordenó a sus discípulos subir a la barca para “cruzar a la otra orilla”. Es ahí cuando se acerca un escriba “un maestro de la ley, en ese entonces” y le dice: “Maestro, te seguiré adonde vayas”. Sin lugar a duda que este escriba estaba lleno del entusiasmo del momento. Jesús había hecho muchos milagros, mucha la gente lo seguía y había oído hablar de él. No es extraño que este escriba se acerque a él con la intención de seguirle a donde quiera que fuera”, y que otro discípulo le pidiera primero “dejarlo ir a enterrar a su padre”. Jesús aprovecha para destacar la radicalidad de su llamado. A quienes Él llama deben mostrar una actitud de urgencia y disponerse de inmediato a seguir sus pasos sin postergación, sin vacilaciones, sin titubeos.
Hoy estamos llamados a ser “Discípulos Misioneros de Jesucristo”. Aceptar este llamado implica aceptar las exigencias del Maestro. Aceptar el llamado del Señor es aceptar que tendremos que hacer renuncias en nuestras vidas, renuncias a comodidades y renuncias a bienes materiales. Debemos tener claro que las comodidades y los bienes materiales no son pecados por si mismos si no los anteponemos a Dios. Estoy convencido que el discipulado de Jesús no es fácil. Exige mucha responsabilidad y mucha entrega y sacrificios. Implica negarse a sí mismo para seguirle. Y no precisamente por un camino de pétalos de rosas sino de limitaciones y sufrimientos.
Hoy como ayer, son muchos los que dicen seguir a Jesús, pero no son discípulos misioneros. Muchos viven la Eucaristía dominical religiosamente, pero no van más allá. Van y reciben, pero no son capaces de darse por otros y atraerlos a la Iglesia o de acompañarlos en sus momentos de dificultades o confusiones. A estos –y por qué no, a nosotros también- el Señor nos invita a “ir a la otra orilla”, a cambiar nuestra actitud pasiva por una actitud más activa. Porque el que nos llamemos cristianos y asistamos a misa no implica necesariamente que seamos “discípulos misioneros de Jesús”. Ser discípulo de Jesús no es una plataforma para alcanzar fama y prestigio. Ser discípulo de Jesús es un camino de santidad que nos lleva al reino prometido.
Por eso, pidamos la sabiduría que viene de lo Alto para decidirnos a seguir a Jesús cumpliendo con sus exigencias.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍