LA TRINIDAD MODELO DE COMUNIÓN (Mt 28,16-20)

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LA PALABRA DIARIA

Solemnidad: La Santísima Trinidad. Ciclo B

Color: BLANCO

30 de mayo de 2021

Primera Lectura: Dt 4,32-34.39-40
Lectura del Libro del Deuteronomio
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta? ¿se oyó cosa semejante? ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido? ¿Algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, su Dios, hizo con ustedes en Egipto, ante sus ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 32,4-5.6 y 9.18-19.20 y 22
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.
La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió. R/.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R/.

Segunda Lectura: Rom 8, 14-17
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Han recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios

Evangelio: Mt 28,16-20
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor


LA TRINIDAD MODELO DE COMUNIÓN (Mt 28,16-20)
Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Este domingo tiene un toque especial, pues en primer lugar estamos celebrando la Solemnidad de la Santísima Trinidad, y por otra parte, celebramos el Día de las Madres. Un ser maravilloso, tierno, amoroso y único. Hacemos un Reconocimiento a las Pequeñas Comunidades Eclesiales en su día.
Nos dirá el Evangelio: “En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.” En todo el proceso de evangelización por parte de Jesús es normal ver como algunos de sus amigos vacilaban, dudaban, pero otros mantenían la firmeza y creían en sus palabras.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”
Pero esa actitud de algunos de los amigos de Jesús de vacilar, retroceder y dudar no fue motivo para él no confiar en ellos y regalarle el mandato misionero de ir a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Aquí se revela la solemnidad de la Santísima Trinidad que estamos celebrando.
En el contexto actual en el que vivimos la Santísima Trinidad se consolida como modelo de comunión, ante un mundo que muchas veces sufre y se ve amenazado constantemente por la división. Esta división se manifiesta en el rechazo por el color de la piel, por aferrarnos a una ideología subjetiva, por identificarme con un partido político o por la defensa de una religión que profeso.
La Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es Dios uno y trino a la vez, caracterizado por una armonía perfecta y única. Dios Padre que crea, Dios Hijo que ama y Dios Espíritu, que es garantía de comunión entre el Padre y el Hijo.

Es bueno traer la comunión de la Trinidad al plano eclesial y familiar, en un mundo donde se vive y se vende el relativismo social y se da el rechazo tácito a todo aquello que requiera de compromiso serio y esfuerzo comprometido. Es sabido por todos que el amor es un testimonio en el ambiente familiar y eclesial, también lo es la comunión en la misma medida y valoración. La comunión no tiene que ser necesariamente igualdad, ni homogeneidad, pero debe ser alteridad y respeto en la diversidad.

Vivir la comunión en la Iglesia y en la familia, más que una cultura o un mandato religioso, es un deber y un compromiso cristiano y humano. Es real que un gesto, una vivencia, un hábito bueno, dicen más que mil palabras vacías.

Tanto la familia como la Iglesia están formados por personas llamadas a colaborar a favor de la comunión entre sus miembros.
La Trinidad es comunión plena y eterna, es uno de los motivos por la cual se constituye en modelo y fundamento real de toda comunión en el plano que sea.

Si de algo debemos apropiarnos al hablar de este gran Misterio de la Santísima Trinidad es de su unidad perfecta, plena y auténtica. Debemos aspirar cada día más a cultivar la unidad y la armonía entre nosotros. Dios nos ha dado la oportunidad de amarnos, perdonarnos y entendernos como personas.

Nunca olvidemos que al final de nuestros días terrenos y a inicio de nuestra vida celeste posiblemente nos pregunten cuánto amamos y en qué medida estábamos unidos.

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍