Al igual que lo he explicado ampliamente desde hace tiempo en el contexto de varios artículos dados a la publicidad, considero que la inmunidad en cualquiera de sus facetas constituye un absurdo privilegio otorgado al ser humano y que dicha figura jurídica debe desaparecer incondicionalmente de las leyes de la República Dominicana.
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Considero además que nuestra Ley Sustantiva, Ley de leyes, Carta Magna o Constitución y por consiguiente el universo de las leyes adjetivas que están subordinadas a la misma, deben estar exentas o libres de excepcionales privilegios de cualquier naturaleza, por lo que no es justo que un trabajador tenga que haber cumplido los 60 años de edad y haber realizado por lo menos 360 cotizaciones al Sistema de la Seguridad Social para obtener su merecida pensión o jubilación del Estado dominicano, mientras que un legislador puede ser pensionado hasta con un lapso de cuatro años ininterrumpidos o con un único período constitucional al llegar a los 60 años de edad.
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De forma análoga, ratifico que constituyen también grandes privilegios legales "el financiamiento a los partidos políticos mayoritarios" y el denominado "Cofrecito" o "Barrilito", bajo cuyos conceptos se erogan jugosas sumas multimillonarias del Presupuesto Nacional en favor de nuestros actores políticos y honorables legisladores, las que si no se efectuaran contribuirían a la liquidez del gobierno central para destinar esos montos multimillonarios a resolver las urgentes necesidades reales de los más vulnerables de la nación dominicana.
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Estimo que los legisladores deben ser óptimamente remunerados conforme al delicado ejercicio de sus sagradas labores como tales, sin la imperiosa necesidad de tener que ser objeto de los grandes privilegios materiales que como congresistas se conceden a los mismos; máxime, en esta prodigiosa "rica pobre" tierra quisqueyana que pertenece a todos los dominicanos por igual, incluyendo a los mendigos y enfermos mentales que transitan desnudos y se alimentan de los desperdicios arrojados en los zafacones de los mercados públicos, en otros lugares de expendios de comida cocinada y análogamente a los niños que viven pidiendo limosna a diario ante la indiferencia de nuestras autoridades. ¿Es una auténtica utopía y no una irónica verdad de Perogrullo, que los niños y la juventud constituyen el futuro de la patria?.
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Prof. Juan C. Benzán
Hato del Padre,
San Juan de la Maguana
República Dominicana.