Nacionales

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

admin 7 min de lectura 54
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

LA PALABARA CADA DÍA

XXVII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 4 de octubre del 2026

Color: VERDE

Primera Lectura: Is 5,1-7
Lectura del Libro de Isaías

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sean jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora les diré a ustedes lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia, y ahí tienen: lamentos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 79,9.12.13-14.15-16.19-20
R/. La viña del Señor es la casa de Israel

Sacaste, Señor, una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. R/.
¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? R/.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa. R/.
No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. R/.

Segunda Lectura: Fil 4, 6-9
Lectura de la Carta de San Pablo a los Filipenses

Hermanos: Nada les preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, sus peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, ténganlo en cuenta. Y lo que aprendieron, recibieron, oyeron, vieron en mí, pónganlo por obra. Y el Dios de la paz estará con ustedes.

Palabra de Dios

Evangelio: Mt 21, 33-43
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos”.
Y Jesús les dice: «¿No han leído nunca en la Escritura: "la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” Por eso les digo que se les quitará a ustedes el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Palabra del Señor


“Administradores, no dueños de la viña de Dios”
Las lecturas de este domingo giran en torno a una misma imagen: la viña del Señor. El profeta Isaías presenta a Dios como un agricultor que prepara con esmero su viña, la cuida, la protege y espera de ella buenos frutos. Sin embargo, en lugar de uvas dulces, encuentra uvas agrias. En el Evangelio, Jesús retoma esta imagen y narra la parábola de los viñadores homicidas, quienes olvidan que la viña no les pertenece y terminan rechazando a los enviados del dueño e incluso a su propio hijo. La enseñanza es clara: Dios nos confía dones, talentos y una misión, pero espera de nosotros frutos de justicia, santidad y amor.
La viña representa, en primer lugar, al pueblo de Dios, pero también la vida de cada uno de nosotros. El Señor nos ha dado mucho: la fe, la familia, la Iglesia, los sacramentos, su Palabra y la gracia de pertenecer a Cristo. La pregunta que hoy resuena en nuestro corazón es: ¿qué frutos está produciendo mi vida? No basta con ocupar un lugar en la Iglesia o llamarnos cristianos; el Señor espera que nuestra fe se traduzca en obras concretas de misericordia, perdón, servicio, honestidad y compromiso con el Evangelio. Una fe que no produce frutos termina siendo estéril.
La parábola denuncia, además, el peligro de apropiarnos de lo que es de Dios. Los viñadores actuaron como si fueran los dueños de la viña, olvidando que solo eran administradores. También nosotros podemos caer en esa tentación cuando vivimos creyendo que todo depende de nosotros o cuando utilizamos los dones recibidos para nuestro beneficio personal y no para el bien de los demás. En la Iglesia, toda autoridad, todo ministerio y todo servicio deben vivirse con humildad, reconociendo que el verdadero dueño de la viña es el Señor y que nosotros somos simples colaboradores de su obra.
San Pablo, en la segunda lectura, nos muestra el camino para producir buenos frutos. Nos invita a no vivir angustiados, sino a presentar nuestras necesidades a Dios con confianza y a llenar nuestra mente de todo lo que es verdadero, noble, justo, puro y digno de alabanza. Un corazón que permanece unido a Cristo mediante la oración y la práctica del bien se convierte en una viña fecunda. Desde esa experiencia nace también el compromiso misionero: quien ha experimentado el amor de Dios siente el deseo de compartirlo con los demás y de trabajar para que el Reino siga dando frutos en el mundo.
Al celebrar esta Eucaristía, pidamos al Señor que haga de nuestra vida una viña fértil. Que no rechacemos a Cristo con nuestra indiferencia o incoherencia, sino que lo recibamos como la piedra angular de nuestra existencia. Y que, como discípulos misioneros, produzcamos frutos abundantes de fe, esperanza y caridad, para que quienes nos encuentren puedan descubrir, a través de nuestro testimonio, la bondad del Dueño de la viña, que nunca deja de cuidar y amar a su pueblo

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que mora en nosotros” ✍