Nacionales

La Palabra del Sábado: Mi boca contará tu auxilio

admin 6 min de lectura 52
La Palabra del Sábado: Mi boca contará tu auxilio

LA PALABRA CADA DÍA

XXI Semana. Tiempo Ordinario

“El precio de la verdad: el martirio del Bautista a la luz de San Agustín”

Sábado, 29 de agosto de 2026

Color: ROJO

Primera lectura: Jr 1,17-19
Lectura del Profeta Jeremías

En aquellos días, recibí esta palabra del Señor: «Cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país; frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 70,1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17

R/. Mi boca contará tu auxilio

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.
Sé tú mí roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.
Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías. R/.
Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

Evangelio: Mc 6,17-29
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista». Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Palabra del Señor


“El precio de la verdad: el martirio del Bautista a la luz de San Agustín”
Celebramos la memoria del martirio de San Juan Bautista, cuyo fallecimiento se sitúa entre los años 31 y 32 d. C. Esta conmemoración tiene orígenes antiguos: se remonta a la dedicación de una cripta en Sebaste (Samaria), donde ya a mediados del siglo IV se veneraba la cabeza del Bautista. Posteriormente, en el siglo XII, el papa Inocencio II trasladó la reliquia a la iglesia de San Silvestre in Capite, en Roma. La festividad de su martirio ya se celebraba en Francia durante el siglo V y se consolidó en Roma en el siglo posterior.
San Agustín, a quien recordamos ayer, predicó sobre el martirio del precursor en el Sermón 94 A:
«La Iglesia no duda de que Juan es un mártir. Incluso mereció el martirio antes de la pasión del Señor; antes nació y antes padeció, pero no como autor de la salvación, sino como precursor… Efectivamente, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo son sacudidos por idéntica persecución. Pues sufren persecución o porque buscan ganancias mundanas, o porque temen un daño; o por la vida presente, o por una amenaza de muerte, pues este mundo no pasa sin persecución. Pero hay que discernir la causa por la que cada uno la sufre; y solamente serán verdaderos mártires y serán coronados con toda justicia los que luchan por la verdad, que es Cristo».
El martirio de Juan es el anuncio de todos aquellos que, a lo largo de la historia de la Iglesia, padecerán duras persecuciones y morirán por Cristo. El mal nunca estará satisfecho con la predicación cristiana, pues esta siempre lo cuestionará y denunciará. En aquel tiempo fue Herodes; luego, los emperadores romanos; más tarde, los regímenes totalitarios y otras religiones; hoy, se manifiesta de diversas formas. Pese a todo, la fe sigue anunciando, denunciando y dando testimonio de Cristo.
La muerte de Juan fue fruto de la venganza y del orgullo humano, y nos recuerda el alto precio que puede suponer la defensa de la justicia y de la verdad. Sin embargo, su sacrificio no fue en vano: constituyó el testimonio supremo de un alma que no se doblega ante el miedo ni ante los intereses de conveniencia. Juan Bautista entregó su vida por la verdad y, por lo tanto, por Cristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍