Nacionales

La Palabra del Domingo: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

admin 6 min de lectura 91
La Palabra del Domingo: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

LA PALABARA CADA DOMINGO

XVII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 26 de julio del 2026

Color: VERDE

Primera Lectura: 1 Re 3, 5.7-12
Lectura del Primer Libro de los Reyes

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que quieras”. Respondió Salomón: «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 118, 57.72.76-77.127-128.129-130

R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R/.
Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad. R/.
Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira. R/.
Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. R/.

Segunda Lectura: Rom 8, 28-30
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios

Evangelio: San Mateo 13, 44-52
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entienden bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí”. Él les dijo: «Ya ven, un escriba que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo”.

Palabra del Señor


“La Perla Preciosa y la Alegría del Reino”

¿Qué es lo más valioso en nuestra vida? ¿Qué estamos dispuestos a dejar para alcanzar lo que realmente importa? ¿Sabemos reconocer el verdadero tesoro cuando lo tenemos delante?
Las lecturas de hoy nos conducen a una verdad central: el Reino de Dios es el bien supremo que podemos recibir, pero exige un corazón capaz de reconocerlo y elegirlo por encima de todo. El Reino no se impone, se descubre; y cuando se revela de verdad, transforma radicalmente nuestras prioridades.
El Evangelio lo presenta con imágenes sencillas pero profundas: un tesoro escondido, una perla de gran valor. Quien los encuentra no duda, no negocia, no se queda a medias: vende todo con alegría para poseerlos. No se trata de una pérdida, sino de una ganancia absoluta. Es la experiencia de quien ha encontrado aquello que da sentido a todo lo demás.
Esta capacidad de reconocer lo esencial se refleja en la primera lectura a través de la figura de Salomón. Ante la posibilidad de pedir cualquier cosa, no elige poder, riqueza o éxito, sino un corazón atento para discernir. Pide saber escuchar, comprender y elegir el bien. Y eso es precisamente lo que Dios le concede: la sabiduría para vivir según su voluntad.
Aquí radica la clave: solo un corazón formado, atento y abierto a Dios puede reconocer el verdadero tesoro. Sin ese discernimiento, corremos el riesgo de aferrarnos a lo pasajero y dejar escapar lo esencial.
El salmo expresa esta experiencia desde el amor: quien descubre la riqueza de la voluntad de Dios, la prefiere por encima de cualquier bien material. No como una carga u obligación, sino como una elección libre que llena y desborda el corazón.
San Pablo amplía esta mirada al mostrar que, para quien ama a Dios, todo cobra sentido. Incluso las dificultades se integran en un propósito mayor, porque Dios conduce la historia hacia un bien más profundo. Nada queda fuera de su proyecto de amor.
En este camino de santidad que recorremos como Iglesia, se nos invita a entrenar la mirada para discernir y elegir lo que realmente vale. La sinodalidad nos llama a caminar juntos, iluminándonos mutuamente para no perder de vista lo esencial.
Hoy, el Señor nos invita a revisar nuestras prioridades. A preguntarnos qué lugar ocupa Él en nuestra vida diaria y qué estamos dispuestos a soltar para habitar en su Reino. Porque cuando el corazón encuentra el verdadero tesoro, todo lo demás halla su justo lugar. Y la vida, lejos de empobrecerse, se llena de un sentido pleno y de una alegría perdurable

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que mora en nosotros” ✍