Por: Nidio Valenzuela.
En la actualidad, la abogacía atraviesa una crisis de confianza que ha trascendido los tribunales para instalarse en el seno de la sociedad y la academia. Con frecuencia nos preguntamos qué clase de profesionales estamos formando y si la técnica jurídica es suficiente para sostener el peso de la justicia. La respuesta parece hallarse en la ética, entendida no solo como un compendio de normas, sino como la ciencia que estudia el "recto obrar" del hombre desde la razón natural.
Más que un técnico, un operador social
El abogado no es un simple especialista en leyes; es un operador jurídico con una función social determinante. Su labor es la "bisagra" que ajusta las pretensiones ciudadanas al derecho para garantizar la tutela judicial efectiva. Como bien señala Santana Ramos (2018), el abogado es, simultáneamente, representante de un cliente, operador del sistema y ciudadano con una responsabilidad especial en la calidad de la justicia.
Esta multidimensionalidad exige que el profesional posea una "independencia" vital frente a presiones externas, ya sean políticas, económicas o del propio cliente, pues dicha independencia es la señal inequívoca de una conciencia recta.
Los pilares axiológicos
El ejercicio profesional debe estar cimentado en valores que eleven la abogacía de un oficio a una misión de trascendencia social. Entre ellos destacan:
- Dignidad y Rectitud: El abogado debe actuar con decoro y probidad, entendiendo que la rectitud de conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos técnicos.
- Secreto Profesional: Este no es solo un derecho, sino un principio básico exigible que garantiza la confiabilidad y la protección del justiciable.
- Vocación de Servicio: La abogacía implica anteponer el interés de quien confía en el profesional a las comodidades o beneficios personales (cosa escasa en la profesión).
De la Ética a la Deontología
Es crucial distinguir entre la ética profesional y la deontología jurídica. Mientras que la ética es configuradora de la motivación y nace de la conciencia individual, la deontología es la ética aplicada y normativizada en códigos de obligado cumplimiento. Como afirma la doctrina, sin una perspectiva ética, la deontología se queda sin su horizonte de referencia.
Los Colegios de Abogados actúan aquí como garantes, estableciendo un "espíritu ético mínimo" que salvaguarda a la sociedad ante posibles malas praxis. ¿Ocurre en la República Dominicana?
La abogacía puede ser "la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios", dependiendo del compromiso moral de quien la ejerce. El compromiso del abogado debe ser la búsqueda constante de la justicia y la libertad, incluso a costa de sacrificios personales. Solo a través de una renovación moral que empiece por el propio profesional se podrá devolver a la abogacía su prestigio y cumplir su fin supremo: la paz y la seguridad jurídica.