Juan Manuel Méndez y un problema que no se resuelve desde un despacho
Por, Félix Mario Balbuena
La designación del mayor general retirado Juan Manuel Méndez García al frente del INTRANT ha generado expectativas, y es comprensible.
Su trayectoria al frente del COE lo convirtió en una figura asociada a la organización, la coordinación y la eficiencia.
Por eso, es razonable esperar de él una gestión seria, disciplinada y efectiva.
Pero sería un error esperar milagros.
El problema del tránsito dominicano no es solamente un problema de funcionarios. Es, fundamentalmente, un problema de cultura.
Tenemos un país donde demasiados conductores se estacionan donde quieren, circulan en vía contraria, ignoran las señales, exceden la velocidad y convierten las calles en escenarios permanentes de improvisación.
Y lo más preocupante es que muchas de esas conductas ya no producen sorpresa.
Nos hemos acostumbrado al desorden.
Por eso, el tránsito no se resuelve únicamente con operativos, multas, semáforos o cambios administrativos.
Estamos hablando de modificar conductas que llevan décadas formando parte de nuestra cotidianidad.
Juan Manuel Méndez puede organizar, fiscalizar, coordinar y poner orden. Pero no puede, él solo, cambiar la mentalidad de millones de dominicanos.
Eso requiere educación vial desde las escuelas, mejores procesos de formación de conductores, sanciones que realmente se cumplan y, sobre todo, un cambio generacional.
Necesitamos que el dominicano entienda que las normas de tránsito no existen para fastidiarlo.
Existen para protegerlo.
No tengo dudas de que Juan Manuel Méndez puede hacer un buen trabajo al frente del INTRANT. Su trayectoria permite esperar una gestión organizada y eficiente.
Pero tampoco debemos depositar en sus hombros expectativas que corresponden a toda la sociedad.
Méndez puede administrar el cambio. Puede impulsarlo. Puede iniciarlo. Puede poner orden.
Pero cambiar la cultura vial dominicana es una tarea que trasciende a un funcionario, a un gobierno y hasta a una institución.
Eso nos corresponde a todos.
Porque el tránsito dominicano no se arregla solamente cambiando al director del INTRANT.
Se arregla cuando cambiemos nosotros.
