“Jesús, que es vida, vence a la muerte” (Jn 11,45-57) La Palabra Diaria

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LA PALABRA CADA DÍA

Sábado, V Semana de CUARESMA

Color: MORADO

27 de marzo de 2021

Primera Lectura: Ez 37,21-28

Lectura de la profecía de Ezequiel
Así dice el Señor Dios: «Voy a recoger a los Israelitas, de las naciones a las que marcharon, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los haré una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».
Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Jeremías 31,10.11-12ab.13
R/. “El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño”
Escuchen pueblos, la palabra del Señor, anúncienla a las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.
Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio: Jn 11,45-57
Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Ustedes no entienden ni palabra; no comprenden que les conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor


“Jesús, que es vida, vence a la muerte” (Jn 11,45-57)

Cada vez estamos más cerca de la celebración culmen de nuestra vida como cristianos. Dentro de una semana estaremos ya en el corazón de la Pascua: estaremos meditando junto al sepulcro de Jesús. Pero no olvidemos que el sepulcro no es la última palabra. Jesús, que es vida, vence a la muerte.
El profeta Ezequiel nos anuncia el programa de Dios para devolver la alegría al pueblo, pero sobre todo para decirles que no todo se ha perdido y que el Señor tiene la última palabra. En la lectura se evidencia cuál es el plan de Dios para con su pueblo:

  • Dios quiere restaurar a su pueblo haciéndole volver del destierro,
  • quiere unificar a los dos pueblos (Norte y Sur, Israel y Judá) en uno solo: como cuando reinaban David y Salomón,
  • lo purificará y le perdonará sus faltas,
  • les enviará un pastor único, un buen pastor, para que los conduzca por los caminos que Dios quiere,
  • les hará vivir en la tierra prometida,
  • sellará de nuevo con ellos su alianza de paz
  • y pondrá su morada en medio de ellos. En resumen, Dios cumplirá su promesa: ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.
    En el evangelio también se evidencia la llegada del fin. Se ha reunido el Sanedrín. Asustados por el eco que ha tenido la resurrección de Lázaro, su reputación y prestigio están siendo amenazados por este hombre que hasta los demonios le obedecen; por eso deliberan sobre lo que han de hacer para deshacerse de Jesús.
    Jesús decide retirarse y no estar en lugares públicos. No lo hacía por temor, sino para que se cumpliera la palabra de Dios y ser obediente a la voluntad del Padre. No podía ni debía acelerar el proceso. La Pascua de Jesús tiene una finalidad: Dios quiere sanar nuestras heridas, perdonar nuestras faltas, corregir nuestras divisiones, desterrar nuestras tristezas y depresiones provocadas por los efectos de la pandemia.
    ¿Estamos dispuestos a una Pascua así'? En nuestra vida personal y comunitaria, ¿nos damos cuenta de que es Dios quien quiere «celebrar» una Pascua plena en nosotros, poniendo en marcha de nuevo su energía salvadora, por la que resucitó a Jesús del sepulcro y nos quiere resucitar a nosotros? ¿se notará que le hemos dejado sanar heridas y unificar a los separados y perdonar a los arrepentidos y llenar de vida lo que estaba árido y vacío?.

(Guía Mensual)

“Miren, estamos subiendo a Jerusalén…” (Mt 20,18)
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad✍