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LA PALABRA DIARIA
Viernes, VIII Semana. Tiempo Ordinario
Color: VERDE
28 de mayo de 2021
Primera Lectura: Ecl 44,1.9-12
Lectura del libro del Eclesiástico
Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos. No así los hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial: 149,1-2.3-4.5-6a.9b
R/. El Señor ama a su pueblo
Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. R/.
Alaben su nombre con danzas, cántenle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. R/.
Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles. R/.
Evangelio: Mc 11,11-26
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observándolo todo, y como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti.» Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos"? Ustedes, en cambio, la han convertido en cueva de bandidos.»
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.» Jesús contestó: «Tengan fe en Dios. Les aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tírate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean que se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas.»
Palabra del Señor
“Jesús nos habla de la fe” (Mc 11, 11-26)
En la primera lectura el Señor nos muestra cuál es la herencia verdadera que le debemos dejar a nuestros hijos. Ni todo el oro del mundo compensa el buen ejemplo que un padre o una madre le inculca a sus hijos. Eso debemos tomar en cuenta. Nuestros hijos son reflejo de lo que ven día a día, por lo que debemos mostrarles lo que realmente vale un ser humano. Ser éticos, honestos, respetuosos, humildes y amorosos con los demás, esa será una herencia que nunca se les agotará, nuestro ejemplo.
Muestra de eso lo vemos también en el evangelio. Jesús, heredero del Padre, cuida con celo las cosas de su Padre. No acepta ni permite que la santidad de la casa de su Padre se vea manchada. Así debemos ser con nuestro hogar, no permitir que malas prácticas empañen lo hermoso que Dios nos ha dado, nuestra familia. Inculcarles a nuestros hijos el respeto y las buenas costumbres, el amor a Dios y las enseñanzas que Jesús nos da es nuestra mejor opción.
Por último, Jesús nos habla de la fe. Una fe ciega, desprendida, humilde. Una fe que reconoce que el verdadero dador de vida y felicidad es Dios y que nuestros esfuerzos deben ser entregados a Él para que encontremos una transformación real en nuestras vidas.
(Guía Mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén”✍

