“Inquietos hasta descansar en Ti”
LA PALABRA CADA DÍA
XXVIII Semana. Tiempo Ordinario
“Inquietos hasta descansar en Ti”
Jueves, 15 de octubre de 2026
Color: BLANCO
Primera lectura: Efe 1,1-10
Comienzo de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso. Les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 97,1.2-3ab.3cd-4.5-6
R/. El Señor da a conocer su victoria
Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamen al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. R/.
Tañan la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamen al Rey y Señor. R/.
Evangelio: Lc 11,47-54
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de ustedes, que edifican mausoleos a los profetas, después que sus padres los mataron! Así son testigos de lo que hicieron sus padres, y lo aprueban; porque ellos los mataron, y ustedes les edifican sepulcros.
Por algo dijo la sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán”; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, se lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación.
¡Ay de ustedes, maestros de la Ley, que se han quedado con la llave del saber; ustedes, ¡que no han entrado y han cerrado el paso a los que intentaban entrar!».
Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.
Palabra del Señor
“Inquietos hasta descansar en Ti”
Hoy la Palabra nos invita a reflexionar seriamente si nuestra vida refleja lo que Dios espera de nosotros. Por un lado, escuchamos el «¡Ay!», la advertencia o lamento pronunciado por Jesucristo contra las autoridades religiosas y los maestros de la Ley «que se han quedado con la llave del saber, que no han entrado y han cerrado el paso a los que intentaban entrar». Por otro lado, contemplamos las grandes bendiciones que recibimos al aceptar la salvación y someternos al señorío de Jesús: «Dios… nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales».
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», decía san Agustín. San Pablo, al inicio de su carta (a los Efesios), nos recuerda que Dios «nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia… redunde en alabanza suya». ¿Te has detenido a saborear este texto de la Escritura? Tres palabras dan sentido a esta frase: hijos, gloria y gracia. La gracia —que comparte raíz con gratis— significa regalo; según el diccionario, es un «favor que se concede sin merecimiento particular».
La gracia, ese regalo de Dios en Jesucristo, implica que «por su sangre hemos recibido la redención y el perdón de los pecados». No lo merecíamos; sin embargo, Dios, en su infinita bondad y misericordia, nos lo ha otorgado. Él ha querido que tú y yo recibamos la herencia de la vida eterna y que, por medio de nuestro bautismo, participemos activamente en la misión de anunciar la Buena Nueva de salvación a toda la humanidad.
Dios nos ha destinado, en la persona de Cristo, a ser sus hijos —herederos del Reino y sus representantes ante el mundo como canales de bendición y salvación— para que la gloria, es decir, la majestad y el esplendor de su gracia (su regalo de redención y perdón inmerecido), rebose en alabanza suya. Esa es la victoria de nuestro Dios, la cual han contemplado todos los confines de la tierra.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
