“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hc 5, 27-33).

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LA PALABRA CADA DÍA

II Semana de PASCUA

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hc 5, 27-33)

Color: BLANCO

Jueves, 28 de abril del 2022

Primera Lectura: Hc 5, 27-33
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Consejo, y
el sumo sacerdote les interrogó: —«¿No les habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, han llenado Jerusalén con su enseñanza y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron: —«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que
Dios da a los que le obedecen.»
Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 33,2.9.17-18.19-20
R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. R/.
El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R/.
El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. R/.

Evangelio: Jn 3, 31-36
Lectura del Santo Evangelio según san Juan

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor


“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hc 5, 27-33)

La respuesta de Pedro al Sanedrín, que nos presenta la liturgia de la palabra de este día, nos desafía a todos: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hc 5, 27-33). En una sociedad que busca callar la voz de Dios, nos encontramos con ataques de distintos medios y sectores, que al igual que el sanedrín quieren callar la vida. Obedecer a Dios se convierte en una tarea de vida o muerte, permanecer fiel a los principios de la vida, en una cultura que busca implantar la muerte, se convierte en una batalla titánica donde se juega toda la existencia.
El cristiano es capaz de dar la propia vida por el Señor, porque sabe que en Él la encontrará; aceptamos el testimonio de Cristo como nos dice Juan en el evangelio, el cual muchos no han aceptado porque su pensamiento está pegado a la tierra. En este tiempo de Pascua es necesario que nuestra mente, nuestros sentidos, se eleven al cielo, hacia el Señor. Teniendo el cuidado que este ocuparnos de las cosas del cielo no nos lleven a vivir la experiencia de la fe de una forma desencarnada.
La fórmula para evitar una fe desarraigada y que no sea mundana, es tener el corazón en Dios, en el cielo, y los pies bien puestos en la tierra, anunciando esa experiencia que hemos tenido de encuentro con el Señor. Cuando se ha tenido momentos profundos de oración y meditación, no podemos dejar de callar dicha experiencia. Es lo que los apóstoles dejan claro, es un fuego de amor que enciende otro fuego, donde quien intenta apagarlo sucumbe y corre el riesgo de dejarse encender por esa llama ardiente, como hemos visto en la vida de algunos santos y en momentos particulares de la historia.
Guiados por el fuego del Espíritu Santo, continuemos viviendo este tiempo de gracia, inflamados en su fuego encendiendo el corazón de otros.

(Guía Mensual)

“Anuncien a todos la alegría del Resucitado. Aleluya, aleluya” ✍