Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos
LA PALABRA CADA DÍA
XXIV Semana. Tiempo Ordinario
“Convocados por la Palabra: Pertenecer a la Familia de Dios”
Martes, 22 de septiembre de 2026
Color: VERDE
Primera lectura: Pro 21,1-6.10-13
Lectura del Libro de los Proverbios
El corazón del rey es una acequia en manos de Dios, la dirige adonde quiere. Al hombre le parece siempre recto su camino, pero es Dios quien pesa los corazones. Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios. Ojos altivos, mente ambiciosa, el pecado es el distintivo de los malvados. Los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado traen indigencia. Tesoros ganados por boca embustera son humo que se disipa y lazos mortales. Afán del malvado es buscar el mal, no mira con piedad a su prójimo. Cuando el cínico la paga, aprende el inexperto, pero el sabio aprende con la enseñanza. El justo observa el corazón malvado y entrega al malvado a la desgracia. Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 118,1.27.30.34.35.44
R/. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor. R/.
Instrúyeme en el camino de tus decretos, y meditaré tus maravillas. R/.
Escogí el camino verdadero, deseé tus mandamientos. R/.
Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R/.
Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo. R/.
Cumpliré sin cesar tu voluntad, por siempre jamás. R/.
Evangelio: Lc 8,19-21
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte» Él les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra».
Palabra del Señor
“Convocados por la Palabra: Pertenecer a la Familia de Dios”
En este Mes de la Biblia, la Palabra de Dios nos invita a dejarnos guiar por la sabiduría divina. El libro de los Proverbios (Pr 21, 1-6.10b.13) nos recuerda que el Señor examina el corazón humano y prefiere la justicia y la rectitud antes que cualquier ofrenda exterior. Por ello, la verdadera sabiduría consiste en vivir según su voluntad, practicando la misericordia y acudiendo al necesitado.
El Salmo transforma esta enseñanza en oración: «Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos». No basta con conocer la Palabra; es imprescindible recorrer el camino que nos traza. Cada página de la Escritura es luz para nuestras decisiones y brújula para el diario caminar.
En el Evangelio (Lc 8, 19-21), Jesús afirma que su verdadera familia la integran quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. María es la primera discípula precisamente porque acogió el mensaje en su corazón y lo transformó en vida.
Aprovechemos este mes para acércarnos diariamente a las Sagradas Escrituras, escucharlas con atención y encarnarlas con fidelidad. Solo así responderemos al llamado de formar parte de la familia de Cristo.
Oración final
Señor, en este mes dedicado a tu Palabra, abre nuestro corazón para escucharla, comprenderla y encarnarla. Que la Biblia ilumine nuestros pasos y que, al cumplir tu voluntad, nos reconozcamos verdaderamente como miembros de tu familia. Amén.
Palabra del Señor
“La Victoria de la Cruz”
Hoy la Iglesia nos invita a contemplar la Santa Cruz no como un símbolo de derrota, sino como la máxima expresión del amor de Dios hacia la humanidad.
En el libro de los Números (21, 4-9), el pueblo de Israel, herido por las serpientes, encuentra la salvación al mirar con fe la serpiente de bronce que levantó Moisés. Este acontecimiento prefigura el misterio de Cristo elevado en la cruz: quien contempla al Crucificado encuentra sanación, esperanza y vida.
Por ello, el Salmo nos recuerda: «No olviden las acciones del Señor». La cruz es, precisamente, la cima de su obra salvadora. En ella, Dios no se distorsiona ni abandona a su pueblo, sino que asume nuestro sufrimiento para redimirlo desde las entrañas.
San Pablo, en su Carta a los Filipenses (2, 6-11), traza la senda de Jesús: siendo de condición divina, se humilló hasta la muerte de cruz. Por esa obediencia llena de amor, el Padre lo exaltó sobre todo nombre, enseñándonos que la gloria de Cristo pasa por la entrega sincera.
Asimismo, en el Evangelio (Jn 3, 13-17), Jesús revela el corazón de este misterio: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz es el punto de encuentro entre el amor divino y la fragilidad humana; un signo no de juicio, sino de misericordia y vida eterna.
Al celebrar esta fiesta, se nos invita a mirar nuestras propias cruces con ojos renovados. Unidas a la de Cristo, dejan de ser un peso estéril para transformarse en un camino de amor, purificación y esperanza.
Oración: Señor Jesús, exaltado en la cruz por amor a nosotros, enséñanos a reconocer en ella el signo supremo de tu misericordia. Permítenos conservar siempre en el corazón las maravillas de tu salvación y renovar nuestras fuerzas al contemplar tu cruz gloriosa. Concédenos caminar a tu lado para ser también partícipes de tu resurrección. Amén.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
