“En el interior del silencio nos dejamos fluir por las aguas de vida para vivir con mayor plenitud".

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LA PALABRA CADA DÍA

Feria de Navidad

“En el interior del silencio nos dejamos fluir por las aguas de vida para vivir con mayor plenitud"
Sábado, 7 de enero del 2023

Memoria Libre: San Raymundo de Peñafort, Presbítero

Color: BLANCO

Primera lectura: 1 Jn 3, 22-4, 6
Lectura de la Primera Carta de San Juan

Queridos hermanos: Cuanto pidamos lo recibimos de Dios, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos: no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podrán conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual han oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Ustedes, hijos míos, son de Dios y lo han vencido. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 2, 7-8.10-11
R/. Te daré en herencia las naciones
Voy a proclamar el decreto del Señor. Él me ha dicho “Tu eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra.» R/.
Y ahora, reyes, sean sensatos; escarmienten, los que rigen la tierra: sirvan al Señor con temor, ríndanle homenaje temblando. R/.

Evangelio: Mt 4, 12-17.23-25
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos». Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor


“En el interior del silencio nos dejamos fluir por las aguas de vida para vivir con mayor plenitud"
“Ustedes, hijos míos, son de Dios. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo”. Con total certeza podemos gritar al mundo que es posible vencer al “mal espíritu” con la fuerza de la luz que reside dentro de nuestro interior. Mensaje esperanzador, fortalecedor y real para los que se dejan seducir por el amor transformador del Dios de Jesús. Pero ¿cómo vencer esos malos impulsos y deseos que tienden a brotar del interior? ¿Cómo permanecer y crecer rodeados de tantas ofertas y encantos materiales? ¿Qué hacer para crecer?
La primera lectura nos brinda una clave: “Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error”. Pero antes de ser escuchados resulta imprescindible y un tanto paradójico (un contrasentido) que primero debamos silenciar el interior. En este mundo acelerado, convulsionado, estresado, conflictivo y, a veces, caótico precisamos escuchar al Espíritu en total silencio. Quizás la siguiente fábula de Anthony de Mello nos pudiera iluminar la comprensión un poco:
“Usted perdone”, le dijo un pez a otro, es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá ayudarme.
– Dígame: ¿Dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado. – “El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”. – ¿esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.
Buscamos fuera lo que siempre ha estado adentro. Jesús muy bien entendió el mensaje de “luz grande” de su Padre. Comprendió y encarnó el mensaje – “él era la Palabra” – y dedicó la vida a “enseñar y proclamar el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo” y a atender “enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos”. Nosotros, en cambio, tendemos a buscar primero “reinos” externos y fugaces. Nos calentamos un poco para luego enfriarnos con lo pasajero. Andamos rebuscando para encontrar lo que ya tenemos y a veces ni sabemos lo que buscamos. En el silencio – en la oración – sin embargo, tranquilizamos y acallamos la incesante voz de nuestros pensamientos. En el interior del silencio nos dejamos fluir por las aguas de vida para vivir con mayor plenitud.
Hoy se nos invita a encontrarnos con el Espíritu que desea moldearnos a su manera para que podamos “vivir, mover y existir” en Él. Encontrarnos con el Espíritu es superar nuestras expectativas y deseos humanos para descubrirnos, desde lo que somos (con todo lo que esto supone), con la plenitud de la vida. No seamos peces en busca de mares en donde nadar. Ya tenemos todo lo que necesitamos para posibilitarnos crecer y ayudar a sanar a tantos que transitan por este mar tempestuoso. Silencia, escucha y nada en las aguas de tu interior para que nos venzamos y salgamos fortalecidos y motivados por el Espíritu. Así construimos Reino.

(Guía mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍