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Es muy larga y variada la historia del nacimiento y del uso del símbolo de la arroba (@), hasta el extremo de que se necesita llenar millares de líneas y numerosas páginas enteras para describir con la certeza necesaria la historia del mismo, el cual abarca diversos siglos de la existencia humana.
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Como bien lo afirmé en una entrega precedente y expresaron sus dictámenes el genial amigo cultor de las bellas letras, Rafael Emigdio Caamaño Castillo y otros valiosos lectores de mis escritos, la arroba (@) no es una letra de nuestro abecedario, es un símbolo vetusto originario de Arabia y utilizado por vez primera por Ray Tomlinson para la creación, envío y comprobación del primer mensaje por medio de correo electrónico, cuya estructura permite identificar a los usuarios en las redes electrónicas y desde qué equipo o servidor ha sido enviado cada mensaje por esa muy socorrida vía en la actualidad.
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La arroba (@) es utilizada actualmente en los asuntos informáticos relacionados con la programación y por consiguiente con el código ASCIL, dentro de los cuales se incluyen programas financieros, software de contabilidad, ingeniería y medicina, redes electrónicas, e igualmente todas las áreas del quehacer científico y humanístico.
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Escaldando en socorridas fuentes históricas, por los albores del Siglo XVI hasta mediado del XIX en algunos países que incluyen a España, la arroba (@) fue utilizada como una unidad de medida (peso), cuyos resultados variaban en relación con lo que se medía o pesaba.
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Muchas destacadas feministas e irónicos funcionarios, ministros, estadistas, orcopolitas mercenarios y políticos exentos de ideología alguna, adeptos a las numerosas parcelas partidarias del sistema; principalmente las muy abnegadas, valiosas y admirables feministas nacionales y de otros suelos han seguido haciendo uso del símbolo que nos ocupa, queriendo con ello expresar su defensa en aras de la mal denominada “equidad de género”, pretendiendo con ello atacar ipso facto a un supuesto lenguaje que denominan machista, lo cual ha sido acogido y defendido por grandes académicos, connotados intelectuales, pseudointelectuales, talentosos estudiantes, analfabetos y brillantes profesionales de todos los niveles del sagrado sistema educativo dominicano y de otros lares, lo que ha de influir innegablemente en una evitable e innecesaria merma en la anémica calidad del sistema educativo nacional en lo conexo e inherente al estudio y aplicación de las sagradas normas gramaticales.
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La historia del símbolo de la arroba (@), que en las computadoras, los celulares y en algunos otros sencillos equipos que se utilizan para realizar muchos de los cálculos propios de las matemáticas, se obtiene combinando al mismo tiempo el golpeo de la tecla Alt (alterna) con el número 64 (Alt64) o golpeando únicamente la función correspondiente de una de las techas disponibles en un teclado, que contenga la inscripción del aludido símbolo.
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Escuchar consuetudinariamente a consumados comunicadores sociales, a honorables jueces de los diferentes estamentos jurídicos y experimentados representantes actores de primer orden en todos los niveles vinculantes, a congresistas, luminosos catedráticos universitarios de la prodigiosa tierra del Maguana y del universo e intelectuales de la talla del Dr. Leonel Fernández Reyna y de muchos otros que ostentan estofas análogas, a fogosos políticos, presidentes y expresidentes de todos los contornos expresar, “compañeros y compañeras”, “maestros y maestras”, “niños y niñas”, “los/las niños y niñas“, “l@s infantes“, “los estudiantes y las estudiantes”, constituye una aberración en contra del maravilloso rico idioma de Cervantes; máxime, cuando esas expresiones por demás incorrectas no aportan nada a la loable defensa en aras de la anhelada merecida mal denominada “equidad de género”, cuya loable acción amerita de las óptimas herramientas de la educación y de su aporte tangible a los valores cívicos familiares, que son en esencia los fundamentos esenciales de la sana convivencia humana.
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Prof. Juan C. Benzán
San Juan de la Maguana,
República Dominicana.
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- Post scriptum: Nunca he visto ni escuchado al Dr. Leonel Fernández Reyna cometer un error similar al de “l@s infantes“, pero sí abusar de la incorrecta expresión “compañeros y compañeras“, al igual que de otras similares.

