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El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella

LA PALABRA CADA DÍA

XI Semana. Tiempo Ordinario

“¿Está sano o enfermo tu ojo?”

Viernes, 19 de junio de 2026

Color: VERDE/BLANCO

Primera Lectura: 2Re 11,1-4.9-18.20
Lectura del Segundo Libro de los Reyes

En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía.
El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los Carios y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá.
El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey.
Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: “¡Viva el rey!” Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: “¡Traición, traición!” El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: “Sáquenla del atrio. Al que la siga lo matan.” Pues no quería que la matasen en el templo.
La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron. Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado en el palacio.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 131,11.12.13-14.17-18

R/. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella

El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: “A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.” R/.
Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono. R/.
Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo. R/.
Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema. R/.

Evangelio: Mt 6,19-23
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No amontonen tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonen tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

Palabra del Señor


“¿Está sano o enfermo tu ojo?”

La historia de Israel y de nuestros pueblos está marcada de violencia por las tantas luchas por el poder. Hoy, Atías, hija de Ajab y Jezabel, se arrebata a la fuerza el trono exterminando a la familia real. Sin embargo, el niño Joás quien luego será exaltado al trono real es escondido para preservarle su vida. El trono de David, que casi había sido exterminado, continuará a través del futuro rey Joás quien reemplazará luego a la déspota Atías. El salmista recoge muy bien esta continuidad del trono de David al cantar: “El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: a uno de tu linaje pondré sobre tu trono.”
Así ha sido la historia de la humanidad: luchas de poder, guerras y conflictos. La violencia ha sido el arma para lograr y mantener el poder. Como cristianos estamos llamados a dejarnos traspasar una vez más por la misericordia y compasión de Dios para luchar por la justicia y por la paz.
Para lograr paz se nos motiva a evaluarnos profundamente: “dónde está tu tesoro, allí está tu corazón”. En la continuación del Sermón del Monte, Mateo nos invita a “no atesorar tesoros en la tierra” y a abrir los ojos – “la lámpara del cuerpo”- para mirar y auscultar todo cuanto ocurre fuera y dentro de nosotros. Se trata de preguntarnos hacia dónde vamos, descubrir lo que habita muy dentro de nuestros corazones. ¿Qué preocupaciones vives en tu corazón? ¿Qué te impulsa a actuar? ¿En qué orden de prioridad están el dinero y los placeres del mundo? ¿Está sano o enfermo tu ojo? ¿Puedes ver lo que le ocurre a los de comunidades menos pudientes? ¿Puedes ver y vivir la alegría del Resucitado que te impulsa y motiva a actuar para que todos vivan el verdadero Reino?
La gente necesita de la luz para vencer toda oscuridad. La gente sueña con la esperanza de un mejor mundo donde la violencia y los afanes del tener sean vencidos por la alianza con el Dios amoroso, dialogante, compasivo, justo y salvífico con todos.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

Categorías: Nacionales
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