El Señor ama a su pueblo

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LA PALABRA CADA DÍA

XXI Semana Tiempo Ordinario

“Dios no necesita juramentos”

Lunes, 25 de agosto del 2025

Color: VERDE o BLANCO

Primera lectura: 1Tes 1,1-5.8b-10
Comienzo de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A ustedes, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y el aguante de su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él los ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre ustedes, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda. Saben cuál fue nuestra actuación entre ustedes para su bien. Su fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que les hicimos: cómo, abandonando los ídolos, se volvieron a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 149,1-2.3-4.5-6a y 9b
R/. El Señor ama a su pueblo

Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. R/.
Alaben su nombre con danzas, cántenle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. R/.
Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio: Mt 23,13-22
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quieren. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que viajan por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo consiguen, lo hacen digno del fuego el doble que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga!” ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?
O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga.” ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».

Palabra del Señor


“Dios no necesita juramentos”

En el Evangelio de hoy, Jesús, dirige palabras muy fuertes contra los fariseos. Los llama hipócritas, ciegos y necios. Parecería que solo ellos son los malos de la película, los antagonistas del Evangelio; y sin embargo, es una advertencia para nosotros a no imitarlos.
Los fingimientos son vergonzosos, siempre; son hipócritas, porque hay una hipocresía hacia los demás. A los doctores de la ley el Señor dice: "hipócritas". Pero, hay otra hipocresía: afrontar a nosotros mismos, es decir cuando yo creo ser otra cosa distinta de lo que soy, creo que no necesito sanación, no necesito apoyo; creo que no estoy hecho de barro, que tengo un tesoro "mío". Y esto es el camino, es el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de los que no sintiéndose de barro, buscan la salvación, la plenitud de sí mismos.
Jesús pronuncia contra ellos cuatro ‘ayes’ o lamentaciones. Son palabras muy duras. El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. ¿Cómo cierran el Reino? Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia. Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los otros el deseo de servir a Dios y el Reino.
El segundo ‘ay’ contra los que usan la religión para enriquecerse. Jesús permite que los discípulos vivan del Evangelio, pues dice que el obrero merece su salario (Lc 10,7; cf. 1 Cor 9,13-14), pero usar la oración y la religión como medio para enriquecerse, esto es hipocresía y no revela la Buena Nueva de Dios. Transforma la religión en un mercado.
El tercer ‘ay’ contra los que hacen proselitismo. Hay personas que se hacen misioneros y misioneras y anuncian el Evangelio no para irradiar la Buena Nueva del amor de Dios, sino para atraer a otros a su grupo o a su iglesia. El objetivo de la misión no es para que los pueblos se vuelvan católicos, ni para hacer proselitismo, sino para que los pueblos tengan vida, y vida en abundancia, conociendo a Jesús, el Señor.
Finalmente, el cuarto ‘ay’ contra los que viven haciendo juramentos. Jesús hace un largo razonamiento para mostrar la incoherencia de tantos juramentos que la gente hacía o que la religión oficial mandaba hacer: juramento por el oro del templo o por la ofrenda que está sobre el altar. Dios no necesita juramentos o promesas políticas, solo pide un “corazón humilde y sencillo”, es decir que vuelva a escucharlo y ponerse al servicio de sus hermanos.
Aprendamos a no seguir los malos ejemplo, incluso de los que dirigen, para buscar solo el Reino de Dios y su justicia.

(Guía Litúrgica)