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LA PALABRA CADA DÍA
Nuestra Señor de la Altagracia, protectora de la República Dominicana
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti”
Miércoles, 21 de enero del 2026
Color: BLANCO
Primera Lectura: Is 7,10-15
Lectura del Libro de Isaías
En aquellos días, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿no les basta cansar a los hombres, que cansan incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal: Miren: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel que significa: “Dios – con – nosotros”. Comerá requesón con miel hasta que aprenda rechazar el mal y a escoger el bien.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: Lucas 1,46-55
R/. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: su nombre es Santo
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque se ha fijado en su humilde esclava. R/.
Pues mira, desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho tanto por mí: él es Santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación tras generación. R/.
Su brazo interviene con fuerza desbarata los planes de los soberbios, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. R/.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose como lo había prometido a nuestros padres de la misericordia a favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/.
Segunda Lectura: Gál 4,1-7
Lectura de la Carta de San Pablo a los Gálatas
Hermanos: Quiero decir: mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, pues, aunque es dueño de todo, lo tienen bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre. De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo. Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que ustedes son hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios
Evangelio: Lc 1,26-38
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres». Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
Palabra del Señor
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti”
Para el pueblo dominicano, Nuestra Señora de la Altagracia es mucho más que una imagen venerada: es madre cercana, protectora atenta y presencia tierna en la historia de la Nación. Bajo su mirada, generaciones han aprendido a confiar en Dios en medio de alegrías y pruebas, a llevar sus preocupaciones al corazón de María y a dejarse sostener por su intercesión. Su fiesta es un abrazo de la Madre a sus hijos, un recordatorio de que no caminamos solos.
Las lecturas de hoy nos ayudan a comprender por qué María ocupa un lugar tan especial. Isaías anuncia una señal asombrosa: una virgen que concibe y da a luz un hijo llamado Emmanuel, Dios con nosotros. Este anuncio encuentra su cumplimiento en el Evangelio, cuando el ángel Gabriel visita a María en Nazaret. Ella escucha, se turba, pregunta, pero no cierra el corazón. Su respuesta final —“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”— abre la puerta para que Dios acampe entre la humanidad.
San Pablo, en la carta a los Gálatas, contempla el fruto de esta respuesta: al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envía a su Hijo, nacido de mujer, para rescatarnos y hacernos hijos adoptivos. Por eso, el Espíritu del Hijo es derramado en nuestros corazones y nos permite llamar a Dios “Abba, Padre”. María, esa “mujer” elegida, se convierte así en Madre del Salvador y Madre de todos los que, por el bautismo, entran en la familia de Dios.
El canto del Magníficat, que proclamamos en el salmo, revela el corazón de María: humilde, agradecido, confiado. Ella reconoce que todo viene de Dios, que el Poderoso ha hecho obras grandes en su pequeñez y que su misericordia se extiende de generación en generación. Es la voz de una mujer que conoce la realidad de los humildes, de los hambrientos y de los que esperan justicia, y que cree firmemente que Dios no abandona a su pueblo.
El lema de este mes, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”, se cumplió primero en María, pero hoy también se dirige a cada bautizado en la República Dominicana. Como pueblo que vive la santidad y experimenta desde el bautismo la fuerza de su caminar, estamos invitados a mirarla como modelo: escuchar la Palabra, acoger la voluntad de Dios, confiar incluso cuando no se entiende todo, y ponernos al servicio con alegría.
En este día, cada hogar dominicano puede renovar su consagración a la Virgen de la Altagracia con una oración sencilla: Madre, enséñanos a decir “hágase”, a abrir espacio al Espíritu Santo en nuestra vida y a vivir como hijos e hijas de Dios, caminando juntos, en paz, esperanza y solidaridad. Bajo tu amparo, que nuestro pueblo siga creciendo en fe, justicia y amor.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

