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Desde lo hondo a ti grito, Señor

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Desde lo hondo a ti grito, Señor

LA PALABRA CADA DÍA

XXXI Semana. Tiempo Ordinario

“La aurora de nuestra esperanza”

Lunes, 2 de noviembre de 2026

Color: MORADO

Primera lectura: Is 25,6-10a
Lectura del Libro de Isaías

Aquel día, preparará el Señor de los Ejércitos para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara, celebremos y gocemos con su salvación.

Palabra de Dios

O Bien:

Primera lectura: Lam 3,17-26
Lectura del Libro de las Lamentaciones

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana; ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 129,1-2.3-4.5-6.7.8
R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. R/.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R/.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. R/.
Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/.

Segunda lectura: Rom 5,5-11
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios

Evangelio: Lc 7, 11-17
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: —«No llores». Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: —«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: —«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo». La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Palabra del Señor


“La aurora de nuestra esperanza”

La Iglesia celebra hoy la conmemoración de los Fieles Difuntos. Es un día para recordar a nuestros seres queridos que ya han partido a la casa del Padre.
¡Qué maravillosa manera de empezar nuestro día: escuchando al profeta Isaías hablándonos de un festín preparado para nosotros por el Rey del universo! La palabra festín significa comida abundante y especial, preparada para celebrar y compartir. Es un banquete que nos llena de luz, de alegría y de esperanza; un lugar donde ya no hay lágrimas, ni vergüenza, ni culpa, sino donde estamos rebosantes de su amor, tal como lo esperamos de Él.
Este festín llega después de un tiempo de prueba que parece interminable, que nos agota y nos lleva muchas veces al límite. Pero ese tiempo llega a su fin y comienza el tiempo de la celebración. Después de la noche llega el amanecer; después de la espera, llega la promesa.
El Salmo nos llama a esperar sin desesperar, a confiar en Dios y en su Palabra, a saber que Él está atento a nuestras súplicas. No importa dónde estemos, qué tan profundo o qué tan lejos nos sintamos de Él, ni lo que estemos viviendo en este momento: basta con clamar a nuestro Dios. El mandato de hoy es esperar como el centinela a la aurora. ¿Y qué significa realmente esperar como el centinela? Significa permanecer despierto en medio de la noche. Significa esperar cuando todavía no vemos la luz, cuando la noche se hace oscura, fría y, a veces, solitaria.
Significa luchar contra las opiniones de los demás, contra nuestros propios pensamientos, contra el miedo, el cansancio y hasta contra esa voz interior que nos dice que ya no es posible. Pero el centinela sabe algo: la noche no es eterna; la aurora llegará. Y nosotros también sabemos que nuestra esperanza no defrauda, porque Dios mismo ha derramado en nuestros corazones su amor y su gracia.
En el Evangelio de hoy vemos a un Jesús atento, cercano, que se involucra, toca y da paso al milagro de la vida. Y entonces todo cambia: los rostros que estaban tristes se llenan de asombro, los gritos de dolor se transforman en alabanzas y aquella procesión que caminaba hacia la muerte termina siendo testigo de la vida.
Jesús también ve nuestra procesión. Ve nuestras luchas, nuestras pérdidas, nuestros cansancios, aquello que llevamos en silencio y aquello que quizás nadie más conoce. Y, al igual que con aquella viuda, Jesús no permanece indiferente: se acerca, nos mira y se compadece. Se involucra y nos toca en cada Eucaristía, donde nos alimenta y nos da fuerzas para continuar; en la oración, que nos permite permanecer unidos a Dios y no desfallecer cuando todavía no vemos la respuesta; a través de su Palabra, que ilumina nuestro camino y nos recuerda sus promesas cuando la oscuridad intenta hacernos olvidar quién es Él; y, por supuesto, tomándonos de la mano de nuestra Madre María, quien camina con nosotros e intercede por cada uno de nosotros.
Que podamos esperar sin desesperar, confiar sin dejar de caminar y mantener nuestros ojos puestos en Aquel que nos ha prometido que, después de la noche, siempre llega la aurora.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍