“Dejemos que el sembrador haga su trabajo y hagamos nosotros el nuestro” (Mt 13,1-13)

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LA PALABRA DIARIA

Miércoles, XVI Semana del Tiempo Ordinario

Feria o Memoria Libre: San Lorenzo de Brindis, Presbítero y Doctor de la Iglesia

Color: VERDE o ROJO

21 de julio de 2021

Primera lectura: Éx 16,1-5.9-15
Lectura del Libro del Éxodo

Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos han sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.»
El Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo; que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi ley o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recojan a diario.»
Moisés dijo a Aarón: «Di a la comunidad de los israelitas: "Acérquense al Señor, que ha escuchado sus murmuraciones".» Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés: «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles de mi parte: "Al atardecer comerán carne, por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios ".» Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor les da de comer.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 77,18-19.23-24.25-26.27-28
R/. El Señor les dio pan del cielo

Tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo una comida a su gusto; hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?» R/.
Pero dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste. R/.
Y el hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura. Hizo soplar desde el cielo el Levante, y dirigió con su fuerza el viento sur. R/.
Hizo llover carne como una polvareda, y volátiles como arena del mar; los hizo caer en mitad del campamento, alrededor de sus tiendas. R/.

Evangelio: Mt 13,1-9
Lectura del santo evangelio según san Mateo

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos ciento, otros sesenta, otros treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor


“Dejemos que el sembrador haga su trabajo y hagamos nosotros el nuestro” (Mt 13,1-13)

A veces las preocupaciones, los desencantos, las confusiones, los conflictos y los miedos nos van robando la seguridad del camino que Dios desea que transitemos. El pueblo de Israel parece haberse olvidado de los egipcios. La dureza del desierto le va nublando el entendimiento de la alianza con su Dios. El hambre, la sed, el calor y los peligros del desierto van suscitando quejas y críticas y, al mismo tiempo, el pueblo parece cuestionarse si hubiera sido mejor “haberse muertos a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos hasta hartarnos”.
Pero Dios no se ha olvidado de su pueblo. Algo natural ocurre en ese desierto que el pueblo interpreta como la intervención de su Dios. Llegan unas bandadas de codornices y cae el “pan del cielo” -el maná-. Ya pueden comer “carne” y “pan”. Las murmuraciones cesan, los ánimos se calman y el camino prosigue por el mismo desierto caluroso, pero con la presencia consciente de Dios. La confianza ha vuelto. Así somos las personas; ante las adversidades flaquea nuestra confianza y nos debilitamos. Pero Jesús nos insiste: la siembra de su Palabra siempre ocurrirá en todo terreno: pedregoso, cálido, lleno de zarzas. Dios sigue rociando la tierra de nuestras vidas con la semilla de su Palabra.
Hoy, al igual que con el pueblo del Éxodo, se nos recuerda que Dios siempre se hace presente. ¡Siempre! Para verlo, sin embargo, hay que creer en Él y abrir los ojos para descubrirlo en los detalles diarios de la vida. Dios se da a buenos y malos, a santos y pecadores, a cobardes y valientes, a ricos y pobres, a libres y esclavos y a todos por igual. La semilla de su Palabra amorosa existe y se hace presente todos los días. Somos nosotros los que debemos trabajar la tierra de nuestra existencia para que su mensaje crezca y se asiente en nuestros corazones.
Aprendamos a ver el pasar constante de Dios por nuestras vidas. No será, posiblemente, con codornices ni maná. Más bien, podemos comer la carne y beber la sangre de Jesús todos los días en cada misa. Ojalá que podamos acallar las voces de quejas, de críticas, de desencantos y de desamor para sustituirlos por el vino de la alegría y el pan del compartir. ¡Dejemos que el sembrador haga su trabajo y hagamos nosotros el nuestro en el terreno de nuestras vidas!

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍