–
I
Esta frívola tarde de mayo,
nostálgica y lluviosa,
se torna hipocondríaca
sin el calor de tu presencia,
y es la tarde misteriosa
una anciana llorosa,
que deja brotar sus lágrimas
por tu ausencia.
II
¡Qué amarga es la noche
cuando presagia el insomnio!
¡Qué larga la espera a
quien no ha de llegar!
Mas sé que a mi lado
volverás como flor en retoño,
porque el agua aunque tarde,
siempre torna hacia el mar.
IV
En el filo de la noche lóbrega
añoro tu regazo como nunca,
te busco en la vehemencia
de la realidad incierta;
mas bien sé que no estás,
cambió de ruta tu hábitat;
ahora soy un pobre diablo
en esta ciudad desierta…
V
Y tú sigues gravitando
sobre el romántico cantor
que te ama con locura,
con ternura y devoción;
como el tonto jardinero
que corta el pétalo en la flor,
como el infausto frutero
que arroja su fruto al suelo,
para auscultar su dolor…
VI
¿O eres acaso como
aquel ingrávido misionero,
ávido y aventurero,
que invoca subir al cielo
profanando una oración?
VII
Así eres tú, vida de mi vida,
el amor de mis amores;
vacilante y taciturna
en mis horas pesarosas;
triste de mí que aún
llevo abierta la herida,
que tu duda infundada
ha cubierto de rosas…
–
Prof. Juan C. Benzán
San Juan de la Maguana, R.D.