¿Cuándo fue que nos perdimos?
(SOLO PARA SANJUANEROS)
Por Natanael Santos.-
Cuando fue que cambiamos la corrección certera y oportuna de la Teacher, Inés Suzaña, por la levedad, palabra que a diferencia de otros tiempos que la relacionábamos con Milan Cundera y ”Su Insoportable Levedad Del Ser”, hoy solo representa lo banal que se nos sirve en redes sociales.
¿Cuándo fue que cambiamos por lo intrascendente, los retóricos discursos que en los días de efemérides patria pronunciaba Jeremías de los Santos? Esos que alimentaba nuestra dominicanidad y que al finalizar nos decía: “Idos con confianza a vuestros Hogares”, confianza de caminar por las calles que, por cierto, hemos perdido por la inseguridad ciudadana que nos afecta.
¿Cuándo fue que cambiamos el lenguaje para que la palabra punto dejara de ser la acumulación de aciertos alcanzados durante un juego de básquet o de voleibol, o un signo de puntuación de la gramática castellana, para convertirse en un despreciable termino que define los centros de expendios de drogas y alucinógenos que dañan nuestra juventud?
¿Cuándo fue que cambiamos la sana admiración de las voluptuosidades de las profesoras Mirian Morillo o de Lorenza Gerónimo y en caída libre, llegamos al “Desacato escolar” de Tokisha?
¿Cuándo fue que dejamos de admirar las delicadas herejías y lujurias poéticas del Gólgota Rosa de Fiallo, y pasamos admirar a una caraja que se cree artista, una menor llamada Masha, que se hace viral en redes sociales, narrando con mucha vulgaridad que “cuando estaba en Conani me picaba la popola, iba a cumplir 18, y estaba esperando la hora, pa´ sali a la calle, pa´ móntame en la pasola … cuando tenía 14 me buscaban en pasola tigueres con la pistola… mi mama no me controla…?
Por Dios, ¿En qué momento perdimos la poesía de Silvio en “Una Mujer con Sombrero” o de Pablo en “el breve espacio en que no estas”, o el compromiso social cantado por Joan Manuel en “Tío Alberto”, de Ana Belén o de Facundo, para envolvernos en la vulgaridad e irrelevancia cantada desde el resentimiento social y la incultura?
¿Como fue que pasamos de decir como Silvio “los amores cobardes, no llegan a amores ni a historias, se quedan allí, a decir “perro pendejo no coje perra”?
Cambiamos las acertadas explicaciones de las matemáticas de Baldor de Luis Matos con su menuda voz, o de la geometría profesor Juan Bautista y la historia bien contada por Damocles Méndez, por las Tablets, teléfonos y computadores, llenos de pornografía, del chisme farandulero vacío en los que solo se busca una descarga de información irrelevante, que embrutece y aliena a tiempo completo, o como se dice ahora 24/7, a nuestros muchachos.
¿Cuándo dejamos de querer ir a jugar beisbol con un Sanguilli, o preferir aguantar la férrea corrección de un Ramon Américo Pasian, en interés de con gran pasión, aprender a jugar voleibol? Esos héroes formadores de generaciones de ciudadanos útiles a la sociedad, comprometidos con el buen hacer y el buen vivir, para pasar a una generación que solo está interesada en saber dónde conseguirán la próxima dosis.
Y si me voy a mi patria mas chica, Sabaneta: donde quedo el Sacrificio de el profesor Bienvenido García, de Pedro payano o de Birino Romero, profesores que aun con poca instrucción lograron que jóvenes formados por ellos, que por haber estudiado ayudaron a sus familias a salir de la pobreza.
¿Dónde fue que nos perdimos y dejamos de lado la amabilidad y ternura de Mery Piña y las sabias explicaciones de Naturales y Química de Carmen Matos, para pasar a maestros violadores de niñas, como acaba de suceder en San Pedro de Macorís? ¿Por qué abandonamos la Educación Moral y Cívica, Formación Humana de Aurelina de los Santos, o de Artes Industriales que formo jóvenes de bien?
Nos cualquierizado el magisterio contratando maestros sin vocación, que solo dan dos horas de clase y corren tras una cooperativa a buscar lo que no necesitan, movidos por un consumismo voraz, envueltos en una competencia por lo material, y muy distante de interesarse en elevar sus capacidades y sus valores y el de sus alumnos.
Fallamos como sociedad cuando “las putas tristes” que ejercían discretamente, como describe García Márquez, esas mismas que Perales llama “mariposas de las noches que andan alegrando las esquinas frías de su barrio” y que estaban confinadas al prostíbulo “el Jardín”, ahora venden sexo a la clara y al granel con desparpajo y sin sonrojo, en los parques y glorietas donde antes jugábamos la candelita o el topao.
Esas Magdalenas de Joaquín Sabina, dejaron de estar ocultas en la nocturnidad, para juntas a una nueva raza, individuos que han inventado un nuevo abecedario nombrado LGBTQ, y pasaron a los huertos públicos, a la televisión, y a pasearse con banderas multicolores y con un orgullo que más que orgullo es vulgaridad y desenfreno.
Apena mucho saber que, la educación de la dictadura y de los doce años era mejor que la actual, porque no hemos entendido que esta debe estar orientada a formar ciudadanos, conscientes de su responsabilidad con la patria, con la familia, con la sociedad y el medio ambiente, que debe y tiene que estar orientada, por ejemplo: a reducir los feminicidios, los embarazos en adolescentes, los accidentes de tránsito y el manejo inadecuado de los desechos urbanos, una educación encaminada a resolver los males sociales que nos aquejan.
Necesitamos educadores que, como en otros tiempos instruyan en principios y valores humanos, para los cuales el dinero no sea solo lo fundamental. Los profesores tienen que volver a ser guardianes de la moral, deben dejar de perseguir como única meta, recursos para gastar en lo innecesario, en el boato y los placeres, deben dedicarse a mejorar sus capacidades. Tienen que desistir de ser contemplativos y comenzar a actuar, para superar la sociedad del espectáculo que describe Vargas Llosa y, volver a lo esencial y así haremos patria, porque un mejor país aún es posible.