“¿Cuáles son los signos de esperanza en mi entorno?” (Lc 12, 35-38).

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LA PALABRA DIARIA

Martes, XXIX Semana. Tiempo ordinario

Color: VERDE, BLANCO o ROJO

19 de octubre de 2021

Feria o Memoria Libre: San Pedro de Alcántara, Presbítero o San Juan Brébeuf y San Isaac Jogues, Presbíteros y Compañeros Mártires o de San Pablo de la Cruz, Presbítero

Primera lectura: Rom 5,12.15b.17-19.20b-21
Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por culpa de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el pecado de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. ¡Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la salvación!
Por tanto: si el pecado de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la salvación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando la salvación y la vida eterna.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 39,7-8a,8b-9.10.17
R/. “Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad”
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.
«–Como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.
Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. R/.

Evangelio: Lc 12, 35-38
Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes están como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor


“¿Cuáles son los signos de esperanza en mi entorno?” (Lc 12, 35-38)

El Evangelio hoy nos llama a la vigilancia, esperando al Señor que volverá y nos llevará a la vida eterna.
¿Por qué deberíamos estar vigilantes? Habitualmente, vigilamos porque no queremos que se pierdan nuestras posesiones, nuestros tesoros. Y nuestros grandes tesoros no son bienes materiales, sino que tenemos un tesoro mucho más grande: el amor de Dios, su gracia y hay enemigos que nos pueden querer robar ese gran tesoro. El gran enemigo es el pecado, con quien luchamos para seguir viviendo en la libertad de los hijos de Dios, como san Pablo nos enseña.
El día menos pensado, Jesús volverá a recapitular todas las cosas en sí mismo, y es bueno que estemos preparados, que estemos vigilantes para ese encuentro definitivo con la gloria de Dios. Y no se trata de conocer técnicas de supervivencia para un eventual apocalipsis de las películas, sino estar preparados en el amor, a Dios y al prójimo.
Debemos estar cultivando el amor a los demás, la oración diaria, el cariño a la Virgen María, la lectura de la Palabra y no dejar la evangelización, a tiempo y a destiempo.
Jesús nos enseña que nuestra vigilancia es servir y no dormirnos esperando que las cosas sucedan sin nosotros. Podemos hacer varias preguntas: ¿Cuáles son los signos de esperanza en mi entorno? ¿Realmente espero al Señor cada día? ¿Cómo puedo encontrarme hoy mejor con Jesús? ¿Cuál es mi servicio a Dios hoy?
Hoy le pedimos al Señor que nos conceda el don de vivir en oración, en servicio permanente al Señor y a la Iglesia, que tanto amamos.

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍