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"Cosas de la vida y estrellas prefabricadas". Por Juan C. Benzán.

Estrellas prefabricadas

Salvo escasas excepciones, en nuestro amado prodigioso país hace algún tiempo que la música favorita para entonar previo a los grandes escenarios o eventos deportivos y artísticos es la del género urbano o el reguetón (reggaetón), mientras que el mejor animador y maestro de ceremonia es el que hace más muecas o mímicas exentas de gracias ante el público; el hombre más importante no es el que ha observado mejor comportamiento comunitario, social y solidario, sino el que posee mejor posición económica u ostenta mayor fortuna material sin importar la limpidez de su procedencia; la mujer mejor valorada no es la que posee mayor dignidad humana, sino la que oferta con facilidad o pone al desnudo los atributos femeninos de su cuerpo innato o prefabricado; el líder político no es precisamente el que ha observado siempre mayor solidaridad o equidad social con sus semejantes, sino el que puede comercializar y siempre ha comercializado con la miseria y el hambre de los más necesitados de nuestra amada Quisqueya: el sempiterno orcopolita u "hombre del infierno", como le denominara nuestro insigne padre de la patria, Juan Pablo Duarte.

En esta República Dominicana suya y mía y de todos los dominicanos por igual, el tatuaje en hombres y mujeres de diferentes edades antes era algo decepcionante, hoy se le considera un signo de poder o una especie de muy exquisita socorrida moda cotidiana, al igual que las de los aretes colocados en las orejas en los hombres, en la lengua en las mujeres y los pantalones ruyidos que también respeto y detesto rotundamente, hasta el punto de que no soy capaz de acariciar a una fémina con aretes en la lengua ni con los pantalones ruyidos por hermosa y sensual que parezca, pese a que no puedo negar que me fascina la mujer sensual y talentosa, e igualmente la mujer que viste sus prendas de forma sensual presagiando las delicias de las mieles de su cuerpo esbelto…  

Cónsono con los estamentos históricos sobre diferentes culturas, la práctica de la estampa o tatuaje sobre animales y seres humanos data de muchos millares de siglos antes del inicio de las estampas sobre los animales en nuestro país, para lo cual no es necesario precisamente acudir al umbral de la convulsa historia universal, pues nuestros aborígenes se tatuaban o estampaban con propósitos específicos que por razones de espacio y de tiempo he preferido soslayar aquí.  

La historia nos ha enseñado que las estampas o tatuajes se practicaron en culturas disímiles desde hace numerosos milenios antes de la existencia de Cristo, pues se argumenta que en la cultura egipcia se practicó el tatuaje en animales y en humanos desde hace 2160 años antes de la era cristiana, lo que no demuestra ni justifica necesariamente la adopción del tatuaje como rasgo arraigado en la cultura de nuestra era republicana.  

Respeto cabalmente al que sienta predilección por el tatuaje o que se tatúe, pues mi adorado sobrino Ángel González Herrera (hijo de mi amada hermana Francisca Herrera Benzán) tiene tatuada en sus brazos y sus manos la efigie de mi fenecida madre inmortal Nicolasa Benzán Herrera. Mi angelical adorado sobrino amó a mi madre que fue y sigue siendo su abuela maternal, con la intensa devoción con que se veneran las cosas auténticamente sagradas. 

Al igual que en todo nuestro país, considero que en San Juan contamos con magistrales maestros de ceremonia, auténticos locutores y consumados profesionales de las ciencias de las comunicaciones sociales, dentro de los cuales surgen insoslayables los nombres de Víctor Ramón Piña Cámpora (Vicky Piña), del excelso Luis Ramón de los Santos (Monchín), del periodista e intelectual maestro Rubén Moreta, de los talentosos amigos Jimmy Duval y Cassandro Fortuna, de la genial e igualmente talentosa e ingeniosa beldad sanjuanera Laura Merán, al igual que otros análogamente brillantes que por razones tácitas me he visto inhibido en no soslayar; pero es un secreto a voces que la televisión dominicana al igual que el maravilloso universo artístico nacional está perneada de talentos y estrellas prefabricadas, las cuales vulneran la solemnidad de tan delicada y exigente profesión u oficio, ipso facto laceran la majestuosidad de otros grandes auténticos comunicadores sociales y actores artísticos que actúan en dicho(s) medio(s). 

Ahora el mejor maestro de ceremonia y el mejor animador no es el que ostenta las auténticas facetas inherentes a su privilegiada condición, sino aquel que ladra o habla con más altos ruidos o alaridos y hace mayores muecas exentas de gracias ante el espectador como tal, confundiendo al expresarse el exigente arte de la oratoria con la declamación poética, la solemne esencia del verso con la de la prosa, la sintaxis, la fonética y otras sagradas normas gramaticales. 

Prof. Juan C. Benzán 

 

Melvin Mix:
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