Artículo: Cartas, flores negras y notas funerarias…

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Por Aquiles Olivo Morel

Los bolcheviques constituían un grupo político radicalizado a lo interno del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia dirigido desde un principio por Vladímir Ilich Uliánov, también conocido como Vladímir Lenin.

Estos lograron alcanzar el éxito político en 1917, momento en el cual triunfó la Revolución Rusa, desplazando hasta las cenizas al zarismo, una dinastía cuya influencia aun repercute en el universo de los rusos. 

Con todo el entusiasmo conocido los bolcheviques asumieron todos los poderes en la alicaída sociedad rusa de aquel entonces, construyendo un nuevo paradigma, totalmente paralelo a la forma de vida de un mundo semi feudal, en el cual prevalecía el control del Zar ruso.

El leninista se amparó en la lucha por la dictadura del proletariado como instrumento necesario de la revolución para avanzar hacia el socialismo.

 Los hechos están ahí: Durante 70 anos los nuevos controles fueron impuestos en una sociedad muy diversa y compleja; los comunistas encabezados por el pensamiento de Lenin, en un inicio y continuado con mano férrea por Stalin (Coba), después, dirigieron la economía, la educación, la ciencia y la salud.

La cultura de una nueva sociedad fue expuesta al mundo como un nuevo paradigma para alcanzar la felicidad; el mundo por completo sintió en esos setenta anos los efectos de este fenómeno político a nivel global.

En 1989 asqueados por los resultados de aquel ensayo político fracasado los mismos dirigentes del politburó dinamitaron la URSS, dejando en libre albedrio a todos los componentes de ese dilatado fracaso político.

Como si se tratase de una broma del destino los mismos comunistas participaron pocos años después en las elecciones pactadas para seleccionar a un nuevo presidente de la ya disminuida Confederación Rusa, un reducto risible del gigantesco poder concentrado por el viejo orden.

Igualmente, risible fueron los resultados obtenidos por los socialistas, en un conteo preliminar dado a conocer al mundo occidental, apenas obtuvieron menos del 5% de los sufragios emitidos por los rusos. 

En apariencia en esos 70 años de control ningún ruso fue capaz de sentir un mínimo de agradecimiento por la obra realizada en una sociedad cuyo nivel de desarrollo al inicio de su llegada se resumía a un mundo de carretas, comadronas e insipientes enseres en la vida cotidiana.

El PLD en esta minúscula isla del caribe guarda cierta similitud con lo sucedido en aquel gigantesco territorio, donde los socialistas empujaron a esa sociedad a una velocidad cuyo impacto afecto sensiblemente a sus ciudadanos hasta el punto de sentir un odio visceral por quienes le alteraron su curso natural de desarrollo. 

La clase media se irrito aquí tanto con los desmanes del PLD al frente de las cosas publicas que celebra cada vez mas las acciones judiciales emprendidas desde la Procuraduría General de la Republica en contra de las acciones de estos en el uso de los fondos públicos. 

Aquí como allá “Cartas, coronas de flores negras y notas funerarias…”  a Jan Alain expresan el sentir de una sociedad donde el cumulo de la irritación acabó por implosionar. 

No esperen el agradecimiento porque como le dijo Celia Sánchez a su amado Fidel, en los días postreros de la Revolución en la Habana: “No te alejes, este pueblo, cambia sistemáticamente sus expectativas”; los gobernantes de hoy, víctima de la revolución de las expectativas deben saber que siempre lo estarán observando.