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LA PALABRA DIARIA
Jueves, XVI Semana del Tiempo Ordinario
Fiesta: Santa María Magdalena
Color: BLANCO
22 de julio de 2021
Primera lectura: Cantar 3,1-4a
Lectura del libro del Cantar de los Cantares
Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: "¿Viste al amor de mi alma?" Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 62,2.3-4.5-6.8-9
R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.
Evangelio: Jn 20,1.11-18
Lectura del Santo Evangelio según san Juan
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: ¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»
Palabra del Señor
“Buscaba el amor de su alma” hasta que lo encontró” (Jn 20, 1.11-18)
Hoy celebramos la Fiesta de Santa María Magdalena quien fuera perdonada de sus pecados por Jesús. Mujer de fe y de cambios reales, se convierte en la “primer testigo” de Jesús Resucitado. Como parte de las mujeres que seguían a Jesús y luego de estar a los pies de la cruz, recibe como premio ser testigo de la resurrección. Su experiencia transformadora del encuentro en el sepulcro muy bien pudiera compararse a esa esposa que “buscaba el amor de su alma” hasta que lo encontró. Este es un encuentro de amor movido por un “alma sedienta” de ese amor de Dios.
Pero su encuentro con Jesús no fue mágico ni nada diferente a los nuestros. María busca, tiene ansia del encuentro, contempla el santuario y desea el júbilo que solamente puede recibirse del Espíritu del Resucitado. Sin embargo, llorando en el sepulcro, no logra comprender lo que ocurre ante sus ojos. Su sufrimiento no le permite ver el regalo que la vida le está presentando. No sabe quiénes son esos “vestidos de blanco” y no reconoce la voz de aquel hombre que le pregunta por qué llora. El dolor tiende a nublar los pensamientos y a arroparnos por la tristeza de la partida del ser querido. María confunde al Resucitado con el cuidador del huerto. Muchas veces el sufrimiento nos enfrasca en luchas internas que nos separan de las realidades externas.
El encuentro de la de Magdala cambia con una sola palabra: “María”. Es en la llamada personal del Resucitado que el descubrimiento del maestro se hace patente. Todo cobra vida y sus ansias por tocar, abrazar y sentir a su maestro no se hacen esperar. Nuestros encuentros son así: momentos de descubrimiento al ser llamados por nuestros propios nombres por el Resucitado. Jesús siempre se nos presenta en los detalles, a veces desapercibidos, de la vida. La Magdalena, ante la certeza de la resurrección, corre para anunciar a los hermanos el milagro de la vida que ella ha experimentado. Esa mujer se convierte, como lo expresa el sacerdote liturgo, José Aldazábal, en “la apóstol de los apóstoles”.
Solamente el encuentro personal e íntimo con el Resucitado es capaz de hacernos correr animadamente y gritar al mundo que la vida cobra sentido. La llamada de esta “primer testigo” debe ser la de nosotros hoy también. Estamos llamados a abrir los ojos del corazón para ver y escuchar lo que puede hacer el Resucitado entre nosotros. Abramos, pues, todo el ser para que podamos experimentar el auxilio, el júbilo y la alegría del encuentro, así como lo vivió Santa María Magdalena.
(Guía mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

