Bendito el Señor, mi Roca
LA PALABRA CADA DÍA
XXV Semana. Tiempo Ordinario
¿Quién soy yo para ti?
Viernes, 25 de septiembre de 2026
Color: VERDE
Primera lectura: Ecl 3,1-11
Lectura del Libro del Eclesiastés
Todo tiene su tiempo y su momento, todas las tareas bajo el cielo: Tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar, tiempo de derruir, tiempo de construir, tiempo de llorar, tiempo de reír, tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras, tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse, tiempo de buscar, tiempo de perder, tiempo de guardar, tiempo de desechar, tiempo de rasgar, tiempo de coser, tiempo de callar, tiempo de hablar, tiempo de amar, tiempo de odiar, tiempo de guerra, tiempo de paz.
¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Comprobé las ocupaciones que encomendó Dios a los hombres, para afligirlos: Todo lo hizo hermoso y a su tiempo, les dio el mundo para que pensaran, y el hombre no abarca las obras que hizo Dios del principio hasta el fin.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 143
R/. Bendito el Señor, mi Roca
Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. R/.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. R/.
Evangelio: Lc 9,18-22
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Pedro tomó la palabra y dijo: “El Mesías de Dios”. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y añadió: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar el tercer día”.
Palabra del Señor
¿Quién soy yo para ti?
La Palabra de Dios de hoy nos invita a detenernos por un momento y mirar nuestra vida desde la fe. Muchas veces queremos comprenderlo todo: por qué suceden determinadas cosas, por qué llegan las pruebas, por qué algunos caminos se abren y otros parecen cerrarse. Sin embargo, la Palabra nos recuerda que Dios tiene sus tiempos y que nuestra vida está en sus manos.
El libro del Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para cada cosa bajo el cielo. Hay tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para callar y tiempo para hablar.
Esto nos enseña algo muy importante: no todos los momentos de nuestra vida serán iguales. Habrá días de alegría y días de dificultad; momentos en los que sintamos con fuerza la presencia de Dios y otros en los que parezca que estamos caminando en medio de la oscuridad.
Pero Dios permanece.
Aunque nosotros no comprendamos sus caminos, Él sigue conduciendo nuestra historia. Por eso, la fe no significa tener todas las respuestas. La fe significa confiar en Dios aun cuando no entendemos lo que está sucediendo.
Por eso podemos hacer nuestra la oración del salmista:
«Bendito el Señor, mi roca».
¡Qué hermosa expresión para nuestra vida! Dios es nuestra roca. Cuando todo cambia, Él permanece. Cuando nuestras seguridades se derrumban, Él permanece. Cuando llegan las pruebas, Él permanece. Cuando sentimos que nuestras fuerzas se agotan, Él continúa sosteniéndonos.
Y es precisamente desde esta confianza que podemos acercarnos al Evangelio.
Jesús se encuentra con sus discípulos y les hace una pregunta que también hoy dirige a cada uno de nosotros:
«¿Quién dicen ustedes que soy yo?»
Pedro responde:
«El Mesías de Dios».
Pedro reconoce quién es Jesús. Pero inmediatamente el Señor comienza a mostrarles que ser el Mesías no significa recorrer un camino de privilegios humanos, sino un camino que pasa por el sufrimiento, la cruz y la resurrección.
Aquí encontramos una enseñanza fundamental para nuestra vida cristiana: reconocer a Jesús como el Mesías implica también aceptar su camino.
No podemos decir que seguimos a Cristo solamente cuando las cosas marchan bien. Seguir a Jesús significa permanecer con Él también en los momentos difíciles. Significa confiar cuando no comprendemos. Significa perseverar cuando llegan las pruebas. Significa abrazar la cruz con la esperanza puesta en la resurrección.
Y hoy Jesús vuelve a mirarnos y nos pregunta personalmente:
«¿Quién soy yo para ti?»
No se trata solamente de responder qué sabemos acerca de Jesús. La pregunta es mucho más profunda: ¿qué lugar ocupa Jesús en mi vida?
¿Es verdaderamente el centro de mi existencia?
¿Confío en Él cuando las cosas no salen como esperaba?
¿Soy capaz de seguirlo cuando su Evangelio me pide cambiar?
¿Permanezco fiel cuando llegan las dificultades?
¿Mi fe se refleja en la manera en que trato a los demás?
Porque nuestra respuesta a Jesús no debe quedarse solamente en las palabras. Nuestra vida tiene que convertirse en la respuesta.
Decir que Jesús es el Mesías significa confiar en Él, caminar con Él y permitir que su Palabra transforme nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra manera de mirar al mundo.
También significa aprender a esperar los tiempos de Dios.
A veces queremos que Dios responda inmediatamente. Queremos soluciones rápidas y caminos fáciles. Pero el Señor nos enseña que existe un tiempo para cada cosa. Hay procesos que necesitan paciencia, heridas que necesitan tiempo para sanar y caminos que solo podremos comprender cuando los hayamos recorrido.
Por eso, no te desesperes si hoy no entiendes lo que Dios está haciendo en tu vida.
Confía.
Tal vez todavía no puedas ver el propósito, pero Dios sí lo conoce.
Tal vez hoy estés atravesando una prueba, pero Dios no te ha abandonado.
Tal vez sientas que tus fuerzas se están agotando, pero recuerda que tienes una roca firme sobre la cual apoyarte.
Esa roca es Cristo.
Que la Palabra de Dios de hoy nos ayude a renovar nuestra confianza. Que aprendamos a respetar los tiempos de Dios, a reconocer a Jesús como el Mesías y a seguirlo no solamente cuando el camino es fácil, sino también cuando nos conduce por la cruz.
Porque quien camina con Cristo sabe que la cruz nunca tiene la última palabra.
Después de la cruz viene la resurrección.
Oración
Señor Jesús,
fortalece nuestra fe para reconocerte como el Mesías, nuestro Salvador y nuestra esperanza.
Ayúdanos a confiar en tus tiempos, incluso cuando no comprendamos tus caminos.
Cuando lleguen las pruebas, sé nuestra roca.
Cuando sintamos miedo, sé nuestra fortaleza.
Cuando no encontremos respuestas, enséñanos a confiar.
Y cuando nos preguntes: «¿Quién soy yo para ti?», que podamos responder no solamente con nuestros labios, sino con toda nuestra vida:
Tú eres el Señor, el Mesías, el camino, la verdad y la vida.
Ayúdanos a seguirte cada día con amor, fidelidad y perseverancia, hasta llegar contigo a la vida eterna. Amén.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
