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Se me ha tornado triste, muy triste la tarde de este día melancólico, cargado de penumbras y de hastío al unísono; de angustia, de luto y de dolor. Me ha llegado la fatídica noticia de la muerte de uno de los seres humanos que ocupan y ocuparán por siempre un lugar privilegiado en las reconditeces de mi corazón de ser imperfecto, poseído de luces y sombras como todos los humanos.Ha emprendido hoy su eterno viaje sin regreso hacia la estancia del infinito mi sempiterno compañero amigo, fiel estímulo y seguidor de mis escritos, mi profesor de secundaria y de la vida, Luis Ney Sánchez, quien desde muy joven (a solicitud suya) me indujo y condujo a fungir como profesor de varias asignaturas durante numerosos años en el prestigioso Liceo Técnico Secundario Pedro Henríquez Ureña de San Juan de la Maguana, del cual él fue director por décadas enteras. Las bellas letras y la melodía sutil otean parcas sus grisáceas vestimentas e instilan lágrimas ardientes sobre el compungido horizonte de la dignidad hecha hombre, sobre el hombre hecho dignidad, sobre el magisterio hecho sacerdocio, sobre el seno del prodigioso erial sanjuanero, entristeciendo con su lúgubre atuendo la parca esencia de la Tierra del Maguana; pues se nos ha ido físicamente el autor de las letras del solemne himno hecho canción, ¨San Juan, la Tierra del Maguana¨.Me asalta el recuerdo imperecedero de su cálido abrazo en el salón del Asilo de Ancianos del San Juan que tanto amó mi profesor, en el momento en que terminé de recitar algunos versos de mi humilde autoría a los moradores de esa estancia vestida de nostalgias y de añoranzas ipso facto, mescolanza inefable de patetismo y de inclemencia, donde aletean las vicisitudes de la existencia e inexistencia humanas. Hago necesariamente mío el intenso dolor que hoy embarga al universo de los seres amados y demás seres queridos de nuestro fenecido e inmortal profesor Luis Ney Sánchez, al tiempo que imploro a El Omnipotente en aras del descanso eterno de su alma noble en el remanso misericordioso de la paz divina.Hasta nuestro próximo encuentro que puede ser tarde o temprano quizás, mi eterno profesor y sempiterno compañero amigo, Luis Ney Sánchez. Paz a tu alma.

