ARTÍCULO: RUMORES DE DISCRIMINACIÓN CONTRA LOS HAITIANOS
Por: Prof. Juan C. Benzán.

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Entre los haitianos y Trujillo, yo que no soy trujillista ni pro haitiano, aplicando el escalpelo del análisis concienzudo, no tengo la certeza necesaria de quién pisoteó y mancilló más a esta colosal e indómita Quisqueya heroica, a la que un día forjara como nación libre e independiente, a costa de su sangre y de su vida el ¨Cristo de la Libertad Dominicana¨, Juan Pablo Duarte. 

Aquí se ha hablado mucho de la discriminación contra los ciudadanos haitianos; mas, dentro de quienes hablan existen falsos patriotas y algunos medios de las comunicaciones sociales que se ausentan de la objetividad al tratar el delicado tema aludido; pues resulta insoslayable afirmar que si aquí se discrimina es al ¨haitiano paupérrimo de tez negra¨, al igual que al dominicano vulnerable de desfavorable apariencia física; mientras se tratan como reyes sin importar su nacionalidad ni apariencia física a todos los acaudalados con fortunas de orígenes níveos y en ocasiones espurios, dentro de los que se incluyen a los haitianos con holgadas posiciones económicas y a las hermosas y talentosas féminas haitianas, poseídas de facetas privilegiadas.

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Es cabalmente cierto que desde los primeros años de la infancia aquí se nos trató de inculcar e inculcó por ignorancia–como bien lo expresó la genial talentosa excelsa beldad de beldades y modelo haitiana Sarody Bertin– ¨que si no nos portábamos bien nos comería o vendría EL CUCO¨ (el haitiano), de la misma manera que se nos inculcó que ¨los haitianos son brujos y nos echan sus bacases para que nos coman si nos portábamos mal¨. Aquí más que inculcar a nuestros ancestros, se les obligaba a colocar un letrero en la sala de su casa con el siguiente contenido o inscripción: ¨EN ESTA CASA TRUJILLO ES EL JEFE¨; ¨DIOS Y TRUJILLO¨. 

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La ut supra modelo, quien se definió en forma convincente ¨orgullosa de ser haitiana y análogamente dominicana, amante de sus tierras y de su patria, defensora de la libertad y de la equidad social entre todos los seres humanos del universo; expresó que su madre haitiana siendo una joven profesional del derecho, luchadora revolucionaria por convicción, murió vilmente asesinada a tiros en su presencia cuando ella tenía nueve años, por los esbirros enemigos hurtadores de la libertad y de la equidad social, por cuyos principios hoy ella lucha y luchará siempre, atribuyó los comentarios de las inculcaciones antes referidas a simples motivos de ignorancia de gentes que viven en lugares muy remotos apartados de la civilización y de las ciudades dominicanas, ipso facto expresó su rotundo agradecimiento a la República Dominicana y a los dominicanos por haberla acogido en su prodigiosa tierra y hacerla objeto de un trato digno y hasta privilegiado, hasta el punto de darle la oportunidad de laborar en los medios de la TV dominicana, lo que es un justo anhelo de tantas talentosas hermosas jóvenes dominicanas que también son meritorias. 

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Ratifico; que si aquí existe alguna discriminación es contra el haitiano muy pobre de tez bien oscura, no contra los que ostentan buenas posiciones económicas o poseen buena apariencia física, lo que no se hace contra los nacionales pobres de otras naciones que al igual que Haití nos han pisoteado en forma inclemente durante numerosos años y en varias épocas. 

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Es bien sabido que aquí se tratan como príncipes a los ciudadanos norteamericanos, españoles y europeos de cualquier posición económica, al igual que a los mexicanos, puertorriqueños y de otras nacionalidades, aunque los españoles y los norteamericanos nos han pisoteados al igual que los haitianos. 

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Por lo antes dicho, para describir con objetividad la convulsionada historia dominicana, es preciso ubicarse en el aparcamiento de la centuria del siglo VI después la era cristiana (algunos tratadistas sostienen que es en el siglo VIII), época en que la denominada Isla de Santo Domingo era habitada por los indios taínos, quienes fueron nuestros aborígenes o primeros pobladores.

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El 12 de octubre del año 1492, con la expedición de Cristóbal Colón y el cuestionado denominado Descubrimiento de América, nuestra amada Quisqueya fue invadida y colonizada por la denominada Madre Patria (España), lo que trajo como consecuencia la rebelión de los moradores de Santo Domingo en el mes de noviembre de 1821 y dio al traste con el exterminio de la raza taína, a la que pertenecía nuestra extraordinariamente bella y genial poetisa reina: la princesa haitiana Anacaona. 

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Desgraciadamente, nuestra Quisqueya indómita y brava fue invadida y ocupada por Haití durante el retinto período de 22 parcos años en forma ininterrumpida, cuyo lapso abarca desde 1822 hasta el 27 de febrero del 1844, época en que los trinitarios bajo el fragor de las luchas patrias, con el trabucazo de Ramón Matías Mella, el valor inmensurable de los demás Padres de la Patria y de sus fehacientes adeptos combatientes en la trinchera del honor, proclamaron la anhelada independencia del oprobioso yugo haitiano y de toda potencia extranjera; mas, el imperio español incentivado por las causales de los conflictos y las luchas intestinas de la isla a raíz de la epopeya del 1844, colonizó nuevamente la naciente República dominicana desde el año 1861 hasta el 1865, época en que el pueblo dominicano volvió a cristalizar su anhelada independencia, la cual fue vulnerada nuevamente por el imperialismo norteamericano, quien lo invadió y ocupó desde el año 1916 hasta el 1924, invasión que volvió a repetir a raíz de la gloriosa gesta de abril del 1965, apoyado en el abyecto poderío de sus parcas botas asesinas, consciente de que el bravío pueblo dominicano surgía triunfante en esa magna e histórica epopeya por el retorno a la democracia y a su infringida constitucionalidad, la cual consumaría su condición de nación libre e independiente y sepultaría para siempre su ¨falta de libertad y dependencia de toda nación extranjera¨ o de cualquier avieso imperialismo impío¨.

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Al abordar al epílogo de este pequeño escrito, es justo señalar que de manera sempiterna la República Dominicana ha sido y sigue siendo la nación más solidaria con las consuetudinarias adversas vicisitudes del valiente desafortunado pueblo haitiano y sus dignos ciudadanos, hasta el punto de que una gran cantidad de los enfermos y de las mujeres parturientas de esa nación son dignamente atendidas en nuestros hospitales con el mismo tratamiento que se brinda u ofrece a los dominicanos, por lo que una prorrata significativa del presupuesto nacional es utilizada en las prestaciones de servicios de salud a los haitianos, quienes también tienen acceso y oportunidades para estudiar en nuestras universidades con los mismos derechos que se otorgan a los hijos de nuestra amada Quisqueya. 

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En síntesis, la modelo de referencia negó que exista la discriminación como tal en nuestro país, poniendo como ejemplo las oportunidades que la República Dominicana ha brindado a ella y otros ostentadores del gentilicio haitiano del que ella se confiesa orgullosa porque es su patria natal, de la misma manera que se siente orgullosa y altamente agradecida de la República Dominicana, porque también se siente ser dominicana.

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En lo inherente y conexo con la brujería, el Cuco y a los bacases mencionados en los párrafos supraindicados, en vez de considerarlo como discriminación contra sus conciudadanos de Haití, la grácil talentosa modelo y reina de belleza Miss Universo- Haití, lo atribuyó a la ignorancia de algunas gentes que viven en regiones remotas de la República Dominicana, y negó la existencia de discriminación contra los ciudadanos de su adorado pueblo, el cual ama y defiende porque es la patria donde nació y por la que en aras de la defensa de su libertad y equidad social su santa madre fue vilmente asesinada a tiros en su presencia por los abyectos orcopolitas y satánicos corruptos enemigos de la libertad de su patria cuando ella sólo contaba con nueve años, por cuya razón tuvo que salir de su tierra y hacer domicilio y residencia en la nación dominicana. 

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Es loable mantener siempre la solidaridad necesaria con el pueblo haitiano y su inmerecido anatema, bajo el inviolable precepto de que la nación dominicana es y será libre e independiente de toda nación o potencia extranjera, por lo que la libertad y soberanía de nuestra Quisqueya es innegociable ante la nación haitiana y ante cualquier otra nación o potencia extranjera.