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Animo, soy yo, no tengan miedo!

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Animo, soy yo, no tengan miedo!

LA PALABRA CADA DÍA

XVIII Semana. Tiempo Ordinario

“De la mano de Santo Domingo: Reconocer a Jesús en el mar de la vida”

Martes, 4 de agosto de 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: Jr 30,1-2.12-15.18-22
Lectura del Profeta Jeremías

Palabras que Jeremías recibió del Señor: “Así dice el Señor, Dios de Israel: “Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: “Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así”. Así dice el Señor: “Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? -oráculo del Señor-. Ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios”.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 101,16-18.19-21.29 y 22-23

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones. R/.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R/.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia. Para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio: Mt 14, 22-36
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento les era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: “¡Animo, soy yo, no tengan miedo! Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”. Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor


“De la mano de Santo Domingo: Reconocer a Jesús en el mar de la vida”

Celebramos con fe la memoria de Santo Domingo de Guzmán, a quien debe su nombre nuestra ciudad capital y por quien la Iglesia recibió la Orden de los Dominicos, misioneros proféticos que llegaron al Nuevo Mundo con la intención de difundir el Evangelio, el Santo Rosario y la defensa de los derechos humanos.
El Evangelio de hoy (Mt 14, 22-36) describe la travesía difícil y fatigosa por el mar de Galilea en una barca frágil, empujada por el viento en contra. Tras la multiplicación de los panes, Jesús despide a la multitud y pide a sus discípulos que emprendan el viaje.
En medio del mar suceden hechos que quedarán grabados en la memoria de los discípulos, como la caminata de Pedro sobre el agua. Más tarde, al llegar a tierra, le presentaron a todos los enfermos y le pedían tocar al menos la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados. Pero, sobre todo, resonarán en su mente las palabras reconfortantes de Jesús: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!».
Cuando el temor nos envuelve o el desánimo nos alcanza, ¡qué bueno sería meditar en nuestro interior, una y otra vez, estas palabras! «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!». ¿Cuál es la travesía que estamos realizando hoy?, ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Cómo nos ayuda este pasaje a reconocer hoy la presencia de Jesús en medio de las olas contrarias de la vida?
Muchas veces atravesamos situaciones de enfermedad, dificultades en el trabajo o la familia, o problemas económicos, y sentimos que nos hundimos, como Pedro. Sin embargo, el Señor está ahí, a nuestro lado, para levantarnos y cuidarnos con su amor.
Es consolador escuchar nuevamente en nuestros corazones la voz de Jesús —suave, amorosa y reconfortante— que nos invita a no temer y a confiar plenamente en Él. Jesús nos pide mantener siempre viva la fe, confiar en lo que nos pide y atrevernos a dar el paso, sabiendo que todo saldrá bien si lo tenemos a Él al frente de nuestras vidas y como nuestro objetivo final.
Que Santo Domingo de Guzmán interceda por la ciudad que lleva su nombre y por todo nuestro pueblo. Amén.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍