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LA PALABRA CADA DÍA
XXVII Semana. Tiempo Ordinario
“El Señor será refugio para su pueblo”
Sábado, 11 de octubre del 2025
Color: VERDE o BLANCO
Primera lectura: Jl 4,12-20
Lectura del Libro del Profeta Joel
Así dice el Señor: «Alerta, vengan las naciones al valle de Josafat; allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas. Mano a la hoz, madura está la mies, vengan y pisen, lleno está el lagar. Rebosen las cubas porque abunda su maldad. ¡Turbas y turbas en el valle de la Decisión, se acerca el día del Señor en el valle de la Decisión. El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor.
El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén alza su voz; tiemblan cielos y tierra. El Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel. Sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y no pasarán por ella extranjeros.
Aquel día los montes manarán vino, los collados se desharán en leche, las acequias de Judá irán llenas de agua, brotará un manantial del templo del Señor, y engrosará el Torrente de las Acacias.
Egipto será un desierto, Edom se volverá árida estepa, porque oprimieron judíos, derramaron sangre inocente en su país. Pero Judá estará habitada por siempre, Jerusalén, de generación en generación. Vengaré su sangre, no quedará impune, y el Señor, habitará en Sión».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 96,1-2.5-6.11-12
R/. Alégrense, justos, con el Señor
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R/.
Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos pregonan su gloria. R/.
Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, con el Señor, celebren su santo nombre. R/.
Evangelio: Lc 11,27-28
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: «¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él repuso: «Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!».
Palabra del Señor
“El Señor será refugio para su pueblo”
El libro de Joel describe un escenario apocalíptico: multitudes en el valle de Josafat, el sol y la luna oscurecidos, y el rugido del Señor. La convocatoria al valle es para juzgar, y aunque el juicio se acerca, Dios es refugio para su pueblo. De su casa brota una fuente que riega el valle. Pero, hay una promesa: “El Señor será refugio para su pueblo”, y “brotará una fuente de la casa del Señor”. El valle de la Decisión es pues, lugar de juicio, pero también de esperanza.
La misión se realiza en medio de los “valles” de la historia: crisis, violencia, desolación. El misionero no es quien huye del juicio, sino quien anuncia la fuente de la que brota la salvación. La esperanza no niega el conflicto, lo atraviesa con fe.
Jesús no rechaza el elogio de la mujer, pero lo redimensiona: la verdadera dicha está en escuchar la Palabra y vivirla. María, su madre, es bienaventurada no solo por haberlo llevado en su vientre, sino por haber dicho: “Hágase en mí según tu Palabra”. De escuchar y cumplir, trata la verdadera bienaventuranza.
La misión no comienza en el hacer, sino en el escuchar obediente. El misionero es aquel que concibe la Palabra en su corazón y la da a luz en obras. La fecundidad misionera depende de la fidelidad a la Palabra.
Papa Francisco nos recordaba que la misión es anuncio de esperanza, incluso en los “valles de decisión” donde el mundo se juega su destino. El misionero es quien escucha la Palabra, la cumple con valentía, y la ofrece como fuente que riega los desiertos humanos.
¿Estoy escuchando la Palabra con disponibilidad, como María? ¿Qué “valle” de mi comunidad necesita ser regado por la fuente del Evangelio? ¿Estoy siendo refugio para otros, como el Señor lo es para su pueblo?
Hoy, el Señor nos invita a entrar en el valle, no con miedo, sino con fe. A escuchar su Palabra, no como espectadores, sino como discípulos. A ser fuente que brota, refugio que acoge, misioneros que anuncian esperanza entre los pueblos.
Palabra del Señor
“El Día del Señor se acerca como oscuridad y ruina”
Un tiempo de crisis, describe el profeta Joel: no hay ofrenda en el templo, el pueblo está paralizado, y se avecina el “Día del Señor”, día de juicio y oscuridad. Pero en medio de ese panorama, Dios no llama al miedo, sino a la conversión. Convoca al pueblo a ayunar, reunirse, clamar. El Día del Señor se acerca como oscuridad y ruina. Se convoca al pueblo al ayuno, al clamor, a la conversión.
La misión surge en tiempos de crisis, no de comodidad. El misionero es quien convoca, quien enciende la esperanza cuando todo parece apagarse. La oración comunitaria y el ayuno son armas espirituales para preparar el corazón del pueblo.
En el Evangelio, Jesús enfrenta la acusación de actuar por el poder del demonio. Su respuesta es clara: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces el Reino ha llegado a ustedes”. El Reino no es una idea, es una fuerza que libera, que ordena, que limpia. Pero también advierte: si no se llena la casa con Dios, el mal puede volver con más fuerza.
La misión es lucha espiritual: no contra personas, sino contra el mal que desfigura la dignidad humana. El misionero no solo expulsa el mal, sino que llena el corazón con el bien, con el Espíritu Santo. “El que no está conmigo, está contra mí”: la misión exige definición, entrega, coherencia.
El Papa Francisco nos recordaba que la esperanza cristiana no es ingenua, sino audaz. En un mundo que vive sus propios “días de oscuridad”, el misionero es quien no se paraliza, quien clama, convoca, actúa. Es quien expulsa el mal con el dedo de Dios, y llena la casa con el Evangelio.
¿Estoy convocando a mi comunidad a clamar, a orar, a despertar? ¿Estoy dejando que el Reino de Dios ordene mi vida, mi misión? ¿Qué espacios están vacíos y necesitan ser llenados con el Espíritu.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍

