Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
LA PALABRA CADA DÍA
XV Semana. Tiempo Ordinario
“Volver a lo esencial”
Lunes, 20 de julio de 2026
Color: VERDE/BLANCO
Primera lectura: Miq 6,1-4.6-8
Lectura del Profeta Miqueas
Escuchen lo que dice el Señor: «Levántate y llama a juicio a los montes, que escuchen los collados tu voz.» Escuchen, montes, el juicio del Señor; atiendan, cimientos de la tierra: El Señor entabla juicio con su pueblo y pleitea con Israel. Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué te molesté? Respóndeme.
Te saqué de Egipto, de la esclavitud te redimí, y envié por delante a Moisés, Aarón y Mirián. «¿Con qué me acercaré al Señor, me inclinaré ante el Dios de las alturas? ¿Me acercaré con holocaustos, con novillos de un año? ¿Se complacerá el Señor en un millar de carneros, o en diez mil arroyos de grasa? ¿Le daré un primogénito para expiar mi culpa; el fruto de mi vientre, para expiar mi pecado? Te he explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 49,5-6.8-9.16bc-17.21 y 23
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Congréguenme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio.” Proclame el cielo su justicia: Dios en persona va a juzgar. R/.
No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. R/.
¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? R/.
Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. R/.
Evangelio: Mt 12,38-42
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».
Palabra del Señor
“Volver a lo esencial”
Hoy la Palabra nos coloca en un momento de confrontación directa: Dios mismo interpela a su pueblo y le pregunta con fuerza: “¿Qué te hice? ¿En qué te molesté?”. No es un reclamo vacío, sino el dolor de un Padre que ha amado, liberado y acompañado, pero que no encuentra una respuesta coherente en la vida de los suyos.
El contexto es claro: el pueblo ha mantenido las prácticas religiosas, pero ha perdido lo esencial. Por eso surge la gran pregunta: ¿Qué es lo que realmente agrada a Dios? La respuesta es tan sencilla como profunda: vivir la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Él. No se trata de multiplicar actos externos, sino de transformar el corazón y la existencia.
La coherencia entre el culto y la vida
El salmo refuerza esta misma idea. Dios no rechaza el culto en sí, sino que denuncia la incoherencia. No basta con hablar de Él o cumplir ritos si la vida no refleja su voluntad. La verdadera ofrenda es una vida recta, un caminar que se alinea con la verdad y la justicia.
Por el contrario, en el Evangelio aparece otra actitud que revela un corazón cerrado: la exigencia de signos. Esto no ocurre porque falten señales, sino porque falta disposición para creer. Jesús muestra que el problema no es la ausencia de pruebas, sino la resistencia interior. Otros, con mucho menos, supieron escuchar, abrirse y convertirse.
Aquí se revela una clave fundamental:
La fe no crece en quien exige constantemente más, sino en quien reconoce lo que ya ha recibido y responde con apertura.
Dios ya ha hablado, ya ha actuado y ya se ha acercado. La pregunta es si estamos dispuestos a escuchar y a cambiar.
Un llamado a la transformación real
En este camino de santidad que vivimos como Iglesia, se nos invita a volver a lo esencial. La sinodalidad nos impulsa a caminar juntos hacia una fe más auténtica, donde no nos quedamos en la superficie, sino que buscamos una transformación real de la vida.
Hoy el Señor nos llama a revisar nuestra relación con Él, no desde lo que aparentamos, sino desde lo que realmente vivimos; a dejar de buscar señales extraordinarias y comenzar a responder a lo que ya conocemos. Porque, al final, la fe verdadera no se demuestra en lo que pedimos, sino en cómo vivimos. El camino está claro: justicia, misericordia y humildad ante Dios.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
