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LA PALABRA CADA DÍA
XIII Semana. Tiempo Ordinario
“Jesús nos llama a ser portadores de su paz, a sanar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos y a expulsar demonios”
Jueves, 11 de julio del 2024
Color: BLANCO
Primera Lectura: Os 11, 1b-4.8c-9
Lectura del Profeta Oseas
Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba». Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 79, 2ac.3b.15-16
R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve
Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R/.
Evangelio: Mt 10, 7-15
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca; curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis. No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes. Si alguno no les recibe o no los escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacúdanse el polvo de los pies. Les aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo».
Palabra del Señor
“Jesús nos llama a ser portadores de su paz, a sanar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos y a expulsar demonios”
En los textos para hoy, encontramos un mensaje profundo y conmovedor que nos invita a reflexionar sobre la infinita misericordia de Dios y su llamado constante a la conversión y al servicio.
El profeta Oseas nos presenta una imagen tierna y compasiva de Dios, que nos habla de su amor inquebrantable por su pueblo, sin importar sus infidelidades. "Cuando Israel era niño, yo lo amé", nos dice, mostrándonos cómo Dios nos guía y sostiene con cuerdas de amor, como a un niño que aprende a caminar. Esta imagen paterna de Dios, que nos eleva y nos lleva sobre sus hombros, nos recuerda la ternura con la que Él nos trata, incluso cuando nos alejamos de su camino.
El Salmo Responsorial hace eco a este amor paciente y persistente de Dios, implorando su intervención y protección, recordándonos que somos la viña que Él mismo plantó, la obra de sus manos. Aquí se nos invita a volver nuestros corazones hacia el Señor, reconociendo nuestra necesidad constante de su cuidado y guía.
Jesús envía a sus discípulos con un mensaje claro: "Lo que gratuitamente han recibido, denlo gratuitamente". Este mandato nos recuerda nuestra misión como cristianos: compartir la buena nueva del Reino de Dios, no solo con palabras, sino también con acciones concretas de amor y servicio a los demás. Jesús nos llama a ser portadores de su paz, a sanar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos y a expulsar demonios, recordándonos que el poder del Reino de Dios se manifiesta en medio de nosotros cuando servimos a los demás en su nombre.
Estas lecturas nos invitan a reflexionar sobre la profundidad del amor de Dios por cada uno de nosotros y sobre nuestra respuesta a ese amor. Nos llaman a una conversión constante, a recordar que somos amados incondicionalmente por Dios y que, a cambio, estamos llamados a amar y servir a los demás con la misma generosidad y compasión.
Que esta meditación sea una motivación para vivir nuestra fe de manera activa y consciente, recordando siempre que somos llamados a ser luz en la oscuridad, portadores de esperanza y signos vivos del amor misericordioso de Dios en el mundo. Que el Espíritu Santo nos inspire y nos fortalezca en nuestra misión, ayudándonos a reflejar el rostro de Cristo a todos los que encontramos en nuestro camino.
(Guía Litúrgica)
“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍

