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LA PALABRA CADA DÍA
III Semana. Tiempo Ordinario
Del 18 al 25 Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos
“El Espíritu de Dios unifica y guía al pueblo por caminos de justicia y bienestar”
Lunes, 22 de enero del 2024
Color: ROJO
Primera lectura: II Sam 5, 1-7.10
Lectura del Segundo Libro de Samuel
En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además, el Señor te ha prometido: “Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel.”» Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
Tenía treinta años cuando empezó a reinar, y reinó cuarenta años; en Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá.
El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén contra los jebuseos que habitaban el país. Los jebuseos dijeron a David: «No entrarás aquí. Te rechazarán los ciegos y los cojos”. Era una manera de decir que David no entraría. Pero David conquistó el alcázar de Sión, o sea, la llamada Ciudad de David. David iba creciendo en poderío, y el Señor de los ejércitos estaba con él.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 88, 20.21-22.25-26
R/. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
Un día hablaste en visión a tus amigos: He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado sobre el pueblo. R/.
Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso. R/.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder: extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río. R/.
Evangelio: Mc 3, 22-30
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir.
Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
Créanme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Palabra del Señor
“El Espíritu de Dios unifica y guía al pueblo por caminos de justicia y bienestar”
Jesús continúa encontrándose con opositores. Sus palabras y acciones son fuente de conflicto. Lo acusan de obtener su poder del mal siendo malinterpretado su proyecto salvífico. Pero con la autoridad que le confiere la verdad del mensaje de su Padre, reafirma que el Reino de Dios está gestándose hoy entre ellos y que su autoridad procede de Dios. Les advierte, además, sobre la gravedad de blasfemar en contra del Espíritu Santo debido a interpretaciones y creencias que provienen de corazones endurecidos. Los que se oponen a la fuerza divina del Espíritu no logran experimentar la obra real y verdadera de Dios que siempre actúa entre todos.
La declaración de Jesús al decir que “el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre” ha sido punto de discusión entre los teólogos. Sin embargo, muchos interpretan esta cita como una advertencia sobre lo peligroso que resulta el rechazo constante a la gracia de Dios que impide la posibilidad del arrepentimiento y el perdón. Dios perdona todo pecado, pero cuando existe una actitud del corazón abierta. Jesús probablemente quiere hacer entender a los escribas (intérpretes en la Ley) que un corazón cerrado no puede abrirse a la acción sanadora y salvífica del Espíritu Santo.
El Espíritu de Dios unifica y guía al pueblo por caminos de justicia y bienestar. No es un espíritu divisor. Hoy el mismo Espíritu Santo que ungió a David, nos cohesiona y une regalándonos su bendición. Dios cumple su promesa y alianza con el pueblo y nos invita, una vez más, a seguir bajo el liderazgo de Jesús, así como lo hizo David. Ojalá siempre estemos abiertos al Espíritu y digámosle como en Pentecostés: “¡Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo!”.
(Guía Litúrgica)
“Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario”✍

