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MADRE ETERNA
(Fragmento de un ensayo)
Por: Juan C. Benzán
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A mi Santa Madre Nicolasa Benzán Herrera, antes del lúgubre acontecimiento de su muerte física, ocurrida aquél fatídico 9 de septiembre del 2017 en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, pues desde aquel lóbrego momento, "Algo se me fue contigo madre".
https://youtu.be/a9QwsJSVYaw?t=7
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Estoy sentado en la augusta silla blanca de mi escritorio triste, implorando desde aquí sacrosantas bendiciones para todas las madres del universo.
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He dejado caer mis dedos con ternura sobre las teclas guías de este computador amigo que siempre me acompaña. Escribo palabra tras palabra tu nombre madre mía y te concibo físicamente perpetua en el hábitat de mis sentimientos más genuinos; mas presiento que será inútil poder concebirlo algún día, porque las circunstancias me inducen a abandonar la vetusta esperanza de creerte físicamente inmortal.
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Los años han esculpido ya sus huellas indelebles en el perfil angelical de tu carita de madre inmaculada. Estás débil madre mía; el tiempo inexorable ha teñido de blanco la pigmentación de las fibras de tus cabellos negros de perlas enrizados.
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Sonríes tierna como siempre y pareces convencida de que ya se acorta la distancia que une y separa el trayecto inefable que conduce de la vida hacia muerte…
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Te veo tranquila, como una niña candorosa brillar cotidianamente las ollas de la cocina y los demás ajuares del hogar; no descansas en limpiar con intensa ternura y devoción incomparable la estancia del patio de la casa.
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Ya pareces decidida en la espera del momento final de tus días. Te apresuras en contabilizar y distribuir discretamente las partidas pecuniarias del caudal de tu pequeña fortuna material, que contabilizas y auditas día tras día en el haber de tu honorable existencia, cual viajero que prepara inconsultamente la nostálgica mochila de su eterno viaje sin regreso.
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Estás débil madre mía, y hablas con frecuencia de morir tranquila. Aún impartes con peculiar dulzura los consuetudinarios sabios consejos a tus hijos, nietos y demás seres entrañables, y con razón o sinrazones te empeñas en estrellarme sobre el rostro con inusitada ternura el universo de todas mis locas travesuras.
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¡Madre; cuántas lágrimas he llorado a destiempo por tu partida que acaso se aproxima! ¿Qué será de mi vida cuando llegue el momento decisivo de tu ausencia?
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Te confieso que serás una muerta viva en la eternidad de mi alma que se depreciará y despreciará vertiginosamente sin el calor de tu presencia.
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Vives tranquila en la gran espera de la hora que te aguarda madre mía; dejas que la parca se haga oportuna únicamente cuando el Todopoderoso u Omnipotente haga cumplir su voluntad y te llame a residir en el exquisito paraíso junto a sus ángeles más preciados.
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Tus hijos no precisan de testamento ni de prendas materiales, pues el límpido paradigma de tu bienhechora existencia, la nobleza de tu alma y la escarcela del níveo discurrir y transcurrir de todos los actos y aptitudes que enmarcan el genuino accionar de tu inmaculada efigie henchida de ternura, de amor filial, de dignidad y abnegación incomparables, constituyen el más auténtico y justo de todos los testamentos habidos y por haber…
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Esperas madre mía; no apresures la hora insoslayable de los acontecimientos y déjame llorar más allá de la hora sorpresiva que nos aguarda; dejas que el cántico de mis versos y el tenor de mis poesías hechas canciones sigan consolando la dicha inconmensurable de tenerte siempre físicamente viva entre nosotros.
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La poesía es eterna, la poesía sobrevive a la muerte, y tú eres la más hermosa, solemne y auténtica de todas las poesías…
Juan C. Benzán
26 de mayo del 2013.

