“Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión”

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LA PALABRA CADA DÍA

XIV Semana. Tiempo Ordinario

“Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión”

Sábado, 15 de julio del 2023

Color: BLANCO

Primera lectura: Gn 49, 29-33; 50, 15-24
Lectura del Libro del Génesis

En aquellos días, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: «Cuando me reúnan con los míos, entiérrenme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita, la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, en Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas”.
Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos.
Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos guarda aun rencor y ahora nos devuelva todo el mal que le hicimos”.
Y mandaron decirle: «Antes de morir tu padre nos encargó: “Esto dirán a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron”. Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre”. José, al oírlo, se echó a llorar.
Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus siervos”. Pero José les respondió: «No tengan miedo; ¿soy yo acaso Dios? Ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no teman, yo los mantendré a ustedes y a sus hijos”.
Y los consoló, hablándoles al corazón. José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín, hasta la tercera generación, y también a los hijos de Maquir, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas.
José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir. Dios cuidará de ustedes y los llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob”.
Y los hizo jurar: «Cuando Dios cuide de ustedes, llevarán mis huesos de aquí”. José murió a los ciento diez años de edad.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 104, 1-2.3-4.6-7

R/. Humildes, busquen al Señor, y revivirá su corazón

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, den a conocer sus hazañas a los pueblos. Cántenle al son de instrumentos, hablen de sus maravillas. R/.
Gloríense de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, ¡su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio: Mt 10, 24-33
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengan miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche díganlo en pleno día, y lo que escuchen al oído, pregónenlo desde la azotea. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, teman al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga su Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo; no hay comparación entre ustedes y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

Palabra del Señor


“Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión”
Leemos hoy la parte final del Libro del Génesis. Jacob siente que va a morir, que va a «reunirse con los suyos» y encarga que lleven sus restos mortales al mismo lugar donde habían enterrado a sus antepasados. Queda José solo con sus hermanos y sus familias. Una vez más, aparece la magnanimidad de José y su perdón: «no tengan miedo, ¿soy yo acaso Dios?». Es Dios quien juzga.
Una vez más José interpreta lo sucedido desde la visión providencial de Dios: «ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso». Una actitud y enseñanza de José que debemos imitar: no juzgar, y perdonar.
El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre la relación maestro-discípulo: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo”. He aquí una de esas palabras definitivas de Jesús, que debieran bastar para que nunca jamás aceptemos la menor honra. ¿Tuvo honores el Maestro? No; tuvo insultos. Luego si Él no los tuvo, no debe buscarlos nadie porque nadie es más que Él. Un discípulo, más que buscar honras, debe estar dispuesto a cargar con la cruz de Jesús y todo lo que ello implica. El destino del discípulo es el mismo de su maestro. Si éste ha sido rechazado por los círculos fariseos como enemigo del orden querido por Dios, lo mismo y más le sucederá a ellos.
La otra invitación que nos hace el Evangelio hoy es a no temer y es la idea central del mensaje ya que en 3 ocasiones se nos dice: “No tengan miedo”. Jesús avisó muchas veces a los suyos (de) que iban a tener dificultades en su misión. No les prometió éxitos fáciles o que iban a ser bien recibidos en todas partes. Al contrario, les envía como ovejas en medio de lobos, a predicar la paz y la justicia en un mundo hostil y ello conlleva ser víctima de persecuciones. Por eso, nos invita a tener confianza en Él. Si nos sentimos hijos de ese Padre, y hermanos y testigos de Jesús, nada ni nadie podrá contra nosotros, ni siquiera las persecuciones y la muerte.
El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús, que fue objeto de contradicciones y acabó en la cruz. Pero nunca cedió, no se desanimó y siguió haciendo oír su voz profética, anunciando y denunciando, sabiendo que incomodaba a los poderosos. Y salvó a la humanidad y fue elevado a la gloria de la resurrección.
Las pruebas y las dificultades de la vida no nos deben extrañar ni asustar. La comunidad de Jesús lleva un mensaje que, a veces, choca contra los intereses y los valores que promueve este mundo. Nos pueden perseguir, pero la fuerza del Espíritu de Dios nos asiste en todo momento. No nos cansemos, ni nos avergoncemos al dar testimonio de Cristo, y sigamos anunciando a plena luz, a los cercanos y a los lejanos, la buena noticia de la salvación que Dios nos ofrece.

(Guía Litúrgica)

“El Cristo Resucitado y que vive en la comunidad nos conceda su bendición abundante”✍