“Hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

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LA PALABRA CADA DÍA

VII Semana de PASCUA

“Hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35)

Martes, 31 de mayo del 2022

Fiesta: La Visitación de la Virgen María

Primera Lectura: Sof 3,14-18
Lectura de la Profecía de Sofonías

Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.» Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Isaías 12,2-3.4bcd-6
R/. Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel

El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R/.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es excelso. R/.
Tañan para el Señor, que hizo proezas, anúncienlas a toda la tierra; griten jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» R/.

Evangelio: Lc 1, 39-56
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia– como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor


“Hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35)

¿Cómo es que la madre del Señor viene a mí?”. Qué pregunta más profunda es esa que nos lleva a una reflexión sobre nuestra madre, la Virgen María. Siendo nosotros siervos inútiles y pequeños, ella se acerca y con su abrazo nos consuela para llevar cada una de nuestras lágrimas como ofrendas a su Hijo Jesús, entregándole también a Él nuestras peticiones, tanto las que le pedimos en intercesión, como las que están en lo profundo de nuestro corazón, que ella bien conoce.
¿Quiénes somos para que la Reina del Cielo, la Madre del Salvador nos visite? Esto lo vemos en el evangelio de San Lucas, cómo pasando un largo camino fue a ayudar, a servir y a dar de sí misma a su prima Isabel, una mujer mayor que estaba embarazada. La Madre de Dios no se quedó en la comodidad de su hogar cuidando su embarazo, sino que fue a servir, a acompañar y a cuidar. Como dice la Palabra de Dios: “Hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35). María tenía su corazón cimentado en su Dios y confiaba en sus promesas; por eso, aunque pudiera estar en una situación de peligro, sabía que su Padre cuidaba de ella y de los suyos. Hoy esas mismas promesas que tenía en su corazón nuestra madre, las vemos en la lectura de Sofonías: “regocíjate… tu suerte ha cambiado… no tengas miedo ni te tiemblen las manos. Yahveh está en medio de ti, el héroe que te salva”. Y esas palabras son para nosotros también.
No importando las situaciones que podamos pasar en algún momento de nuestra vida: enfermedad, problemas económicos, problemas matrimoniales o familiares, Dios nos salva, nos libera y nos saca de esa situación, y aun viéndonos sin fuerzas físicas o emocionales para soportar la prueba, viviremos por la fe en sus promesas. No habrá ninguna desgracia que nos arrebate la alegría, pues nuestro Señor estará en medio de nuestra situación y a pesar de la tristeza que sintamos, el gozo de su Palabra y de su compañía serán nuestro consuelo y nuestra esperanza.
Hermanos, estas lecturas nos invitan a alegrarnos, a festejar y a alabar a Dios por todo y en cualquier circunstancia. Cuando extendemos nuestras manos al cielo en alabanza, estas se llenan de los dones que necesitamos para servir a su pueblo y en medio de ese servicio recibir la gracia de su amor olvidándonos de nosotros mismos, tal como dice San Ignacio de Loyola: “En todo amar y servir”.

(Guía Mensual)

“Anuncien a todos la alegría del Resucitado. Aleluya, aleluya” ✍