"Sube a la cama, y ponte boca abajo. Abre bien las piernas". Mientras él hablaba, no había ningún cariño en sus ojos, solo puro odio.…Mi padre me vendió a un multimillonario…

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"Sube a la cama, y ponte boca abajo. Abre bien las piernas". Mientras él hablaba, no había ningún cariño en sus ojos, solo puro odio.
…Mi padre me vendió a un multimillonario…

El cielo de esa noche de otoño estaba lleno de nubes que cubrían casi por completo a la luna. El Hotel Hyatt de seis estrellas, que era el más lujoso de la ciudad, estaba teniendo una jornada ajetreada, ya que, Brian Clark, el empresario de fama mundial, lo había reservado entero para toda la noche.

Con un traje negro y un cigarrillo entre sus largos y delgados dedos, Brian se encontraba sentado en una esquina dentro de la ostentosa habitación, creando un aura misteriosa a su alrededor debido al humo del cigarrillo.

"Señor Clark, hoy lo hemos pasado muy bien, pero, ya es tarde", exclamó el hombre de piel oscura que estaba a su lado; su apariencia era normal, con cejas pobladas y grandes ojos.

"Señor Clark, por lo que escuché, la señorita Woodsen es una persona muy social, lo que explica su fama entre los hombres. ¿Eso lo genera cierta inseguridad por perder?", agregó alguien más.

Al igual que esos hombres, casi todos los demás sospechaban de su matrimonio. No obstante, Brian estaba dispuesto a casarse con esa chica y, por ende, el resto solo podía crear chismes al respecto.

El empresario tomó un sorbo de su bebida con mucha tranquilidad.

"Clayton Woodsen me debe una cantidad enorme de dinero, con lo cual, enviarme a su preciosa hija, no basta para pagarme", dijo con total naturalidad.

"Señor Clark, ¿lo que quiere decir es que Clayton Woodsen solo está tratando de ganar tiempo? Eso significa entonces que él considera que su hija es muy valiosa", dijo su mano derecha, Juan Turner.

Brian seguía manteniendo su expresión seria habitual, dando una calada a su cigarrillo, y dijo: "Vigila de cerca a Clayton Woodsen, pero con cuidado. ¡Voy a hacer de su vida un infierno!".

"Señor Clark, ¿piensa hacer la vida de su esposa un infierno desde esta noche?", preguntó otra persona, con una sonrisa maliciosa en su rostro. "O acaso, ¿habrá algo especial?". Él nunca había tenido la oportunidad de conocer a la amada hija de la familia Woodsen, tan solo había oído hablar acerca de ella. De hecho, no eran muchas las personas que la habían podido ver.

"Señor Clark, he escuchado que ella luce hermosa y sєnsual. Los hombres se sienten atraídos hacia ella de manera natural, y tiene esa energía que hace que todos la deseen".

Todos los hombres que se encontraban sentados alrededor del sofá, participaron de manera activa en aquella conversación, hablando de la novia mientras ella no aparecía aún.

Pero, por otro lado, la mujer que estaba sentada a la derecha de Brian tenía una expresión molesta en su rostro. Era evidente que odiaba a la mujer de la que todos hablaban.

"¡Ya fue suficiente!", exclamó, cuando ya no pudo contenerlo más.

"¡Ah! Parece que la señorita Anna se enojó". Anna había estado detrás del empresario toda su vida, así que, era más que evidente, para todo aquel que tuviese algo de perspicacia, que el hombre ocupaba un lugar especial en el corazón de aquella mujer.

Claro, la relación entre ellos dos era algo inusual, pero no de manera íntima. Ella había fallado en casarse oficialmente con Brian para convertirse en la señora Clark y, ahora, una mujer llamada Arlene Woodsen le estaba arrebatando su posición. Por esto, Anna pensaba que Arlene ni siquiera merecía a Brian.

"¿Estás molesta?", preguntó el hombre, al tiempo que apagaba el cigarrillo y la miraba fijamente, en sus labios tenía una sonrisa casi imperceptible.

"¡Señor Clark!", gritó ella, pero no dijo nada más. Ella sabía perfectamente cuál era su lugar, sin importar cuán cercana haya sido de él, debía simplemente apegarse a su deber y jamás ir más allá de eso.

"Señor Clark, ¿no nos va a presentar a su nueva esposa?", preguntó un seguidor del empresario. Al hacerlo, muchos otros expresaron lo mismo que él.

Brian levantó su vaso con elegancia y bebió todo el contenido de un solo trago. Luego, lo dejó sobre la mesa y asintió en señal de aprobación.

Por otro lado, Ayla esperaba con mucha ansiedad dentro de una suite presidencial de lujo. Estaba usando un ostentoso vestido de novia hecho especialmente a su medida en París, y usaba un maquillaje muy delicado. Ese era el día de su boda, aun así, ningún familiar estaba presente. Ella simplemente firmó su nombre en una hoja de papel y, con ello, perdió su libertad.

Tuvo que casarse con el mismísimo Diablo, llamado Brian Clark, por el bienestar de su padre, y para apoyar a su familia, convirtiéndose así en la sustituta de su hermana.

Estaba inquieta y temblorosa, sentada en una esquina. Con solo veintidós años de edad, su vida recién comenzaba, sin embargo, ya estaba casada con un hombre mayor que ella por seis años. El lujo e iluminación de la habitación, no lograban alejar el miedo que sentía.

Estaba totalmente aterrorizada, pero no tenía otra opción.

Además, se sentía mareada debido al hambre que pasaba desde el día anterior y, exceptuando las botellas de vino y los vasos sobre la mesa, no había nada más dentro de la habitación que pudiera comer. Jamás en su vida había bebido una gota de licor, y siempre fue una buena estudiante.

Estaba consciente de que desde el momento en que prometió ser la sustituta, todo en su vida se había desmoronado. Solo le quedaba soñar con que su futuro no la decepcionaría.

Su estómago no dejaba de gruñir; ya no podía seguir reprimiendo su hambre. Sus labios brillantes habían palidecido mientras los mordía para intentar estabilizarse. Había estado todo este tiempo esperando a que el 'diablo' apareciera.

De repente, la puerta se abrió, dando paso a dos extraños. Ambos hombres lucían rudos y fuertes, y ninguno de ellos era Brian Clark.

"Señora Clark, el señor Clark quiere verla", habló uno de ellos con rudeza, sin mostrarle ni una pizca respeto.

"¿Dónde está él?", tartamudeó Ayla, al tiempo que retrocedía dando la impresión de ser un conejo asustado.

Ninguno de los hombres respondió a su pregunta; en cambio, la levantaron firmemente y se la llevaron casi a rastras fuera de la habitación.

La chica resistió y luchó por liberarse, aunque todo fue en vano.

"Suéltenme!", gritó, pero antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba, fue arrojada al piso bruscamente. Pese a que este estaba cubierto por alfombras, ella igual se lastimó.

"¡Arlene Woodsen, levanta la mirada!", exigió Brian, con un tono firme y sin emoción alguna.

¡Arlene! Arlene Woodsen, sí, es cierto; ella era Arlene Woodsen ahora, no Ayla.

Sin embargo, no se atrevió a mirar hacia arriba, puesto que si alguien lograba reconocerla, moriría inmediatamente.

Capítulo2 Él odiaba su hipocresía

"Arlene Woodsen, ¿acaso estás fingiendo ser inocente frente a mí?", dijo Brian, sentado aún sobre el sofá, mientras le dedicaba una mirada severa.

Al no responder absolutamente nada, incluso cuando ya había pasado un largo minuto, uno de los hombres que estaban presentes gritó fuerte: "Es que, ¿no escuchaste lo que el señor Clark te preguntó?". La chica saltó de miedo al escuchar esa voz que hizo retumbar la habitación entera. Lo siguiente que supo fue que, frente a ella estaba ese hombre, levantándole la barbilla con brusquedad. Ahora, todas y cada una de las personas presentes en la habitación, eran capaces de ver su rostro. En ese momento y por primera vez, Ayla miró directamente al hombre sentado en el centro de todos.

Brian Clark, el que resultó ser su marido.

"Señor Clark, no pensé que su esposa fuera ser tan hermosa; ya se entiende por qué a tantos hombres les gusta hacerle compañía".

Ayla Woodsen realmente era hermosa. Su figura era delicada, y sus ojos eran grandes y redondos, como los de un ciervo; estos eran tan negros como el azabache. Sus cejas se unieron sobre sus ojos, debido al pánico que sentía en ese momento.

En realidad, era tan atractiva que cualquier hombre podría enamorarse de ella con mucha facilidad; solo una mirada suya bastaba para que eso pasara.

"¿Estás asustada?", le preguntó Brian, con sus ojos clavados en ella y con un tono amenazador.

Asustada, sí, por supuesto que lo estaba.

"¡Habla! ¡No estés actuando como una estúpida estatua!", gritó, lleno de rabia.

"Yo… Yo…", tartamudeó, sin poder completar una oración. Realmente, quería decir algo pero, las palabras simplemente no le salían. Estas parecían perderse en algún lugar dentro de su garganta, pues no tenía idea de en qué forma podía hablar frente a ese hombre tan peligroso.

"Tú has salido con muchos hombres, eso es lo que dice tu reputación. Entonces, ¿por qué finges estar asustada?", dijo el empresario. Él odiaba a esas mujeres que cambiaban de forma y color como los camaleones, y odiaba más que nada a la mujer que tenía frente a él. De no ser porque él ya había escuchado acerca del pasado de ella, habría logrado engañarlo.

"Señor Clark, debería enseñarle una lección para que aprenda a ser obediente y no quiera engañar a usted en el futuro", exclamó uno de los hombres de Brian, con total desprecio.

"Yo no estoy fingiendo, no le voy a engañar", dijo Ayla, finalmente.

"¡Eso espero! ¡De otra manera, la familia Woodsen no podrá seguir viviendo!", le advirtió Brian, con un tono rudo.

"Bueno, bueno, ¡vamos! No debemos molestar al señor Clark", expresó uno de los presentes en la habitación. Fue una boda sin ceremonia, pero ella había firmado su nombre y, de esa manera, le vendió su alma a ese demonio.

Al notar la mirada en los ojos de Brian, todos abandonaron la habitación, la cual se vació al instante, dejándolos solos a ellos dos, con todo el olor a cigarrillo y alcohol que aún no se habían disipado del lugar.

"¡Vamos, levántate!", le ordenó Brian, aún sentado sobre el sofá, mientras cruzaba una de sus largas piernas sobre la otra con mucha elegancia.

Ayla logró ponerse de pie, sin importar el dolor que sentía en todo su cuerpo. El vestido de novia era un poco incómodo, y la cola de este era larga, por lo que tuvo que tirar de él fuertemente con sus manos, revelando los tacones blancos en sus pies.

"Ven aquí y siéntate a mi lado", le dijo el hombre y la miraba preguntándose por qué ella actuaba de manera tan pretenciosa esa noche, si ella solía ser atrevida.

Al sentarse, él introdujo un cigarrillo en su boca. "No fumo", dijo ella en voz baja.

"¿No fumas?", dijo él, resoplando. ¿Cómo es posible que la famosa chica de la familia Woodsen no fumaba?

Luego, él la forzó a tomar un copa de vino en su mano, al tiempo que le decía: "¡Bueno, entonces, bebe eso!".

"Yo no bebo", respondió Ayla, negando una vez más, ya que temía desmayarse si bebía vino.

Brian endureció sus facciones, pero, esta vez no la dejó tranquila tan fácilmente, con su mano enorme, la tomó de la cara y vació la copa de vino directamente dentro de su boca.

El vino era muy fuerte, por lo cual la chica se ahogó, y tosió con fuerza al instante. El sabor era tan fuerte para ella que la hizo llorar.

"Arlene, ¿es en serio?", dijo el hombre, echándose a reír.

"De ahora en adelante, eres la señora Clark, mi esposa. Ese es un título que no cualquiera puede tener", agregó. Él quería dejar muy en claro desde el principio que no soportaría malos comportamientos de su parte.

’Yo no quiero ese título, en lo absoluto', pensó la chica, casi diciéndolo en voz alta.

¿Señora Clark? A ella no le interesaba eso, para nada. tan quería ser capaz de ir al colegio con libertad, y esperar que su amado Toby regresara. Sin embargo, todos sus sueños se habían destrozado.

"¿Pasa algo malo? ¿Acaso no te gusta?", preguntó Brian y, al notar el disgusto en su mirada, agregó: "Ah, cierto. Tú puedes tener al hombre que desees porque eres la señorita Woodsen, ¿no es así?".

Ayla tan solo apretó sus labios, sin pronunciar una palabra, no porque no quisiera hablar, sino porque le dolía mucho el estómago. Ella cubrió su boca con su mano, luego, vio un vaso de agua sobre la mesa.

Lo tomó de inmediato, inclinándose hacia adelante, y se lo bebió para intentar calmar la incomodidad de su estómago. No obstante, ocurría algo extraño, que ella no podía tragarlo. Entonces, lo escupió todo. Resultó ser licor, en lugar de agua.

"¡Ah! Entonces, sí te gusta el licor", exclamó él, aunque, estaba empezando a creer que quizás ella sí estaba diciendo la verdad, puesto que no había bebido en realidad. Aunque tal vez solo era muy buena fingiendo.

"No, yo solo…", comenzó a hablar Ayla pero, antes de poder terminar, se aferró con fuerza a un lado del sofá y lo vomitó todo. Al no haber ingerido ningún alimento sólido, todo lo que le salió fue un líquido ácido.

Después de eso, su esposo la ayudó a levantarse y la apoyó sobre su hombro. La llevó hasta la habitación y la tiró sobre la cama.

Debido a la pesadez de la cabeza de Ayla, al caer sobre la cama, se golpeó con la mesa que se encontraba a un costado, y de inmediato, su frente se hinchó. A causa del golpe, se sintió mucho más mareada.

Aun así, Brian no mostró ni una pizca de piedad por la mujer que estaba frente a él; simplemente la miró con mucho desєo.

Las cosas recién comenzaban.

Capítulo3 Ella no tenía elección

Ayla cubrió su cuerpo con la manta por instinto, al ver que Brian se inclinaba sobre ella de manera intimidante.

"Señorita Woodsen, no olvides que firmaste el contrato de matrimonio, entonces, ¿por qué tendrías que esconderte de tu hombre?", dijo él en tono burlón, mientras la veía oculta bajo la manta.

El hombre no era capaz de entender por qué se estaba escondiendo. De cualquier manera, él no la dejaría escapar tan fácilmente aquella noche. Mientras tanto, la chica estaba aterrorizada del hombre que tenía frente a ella.

"Legalmente, ya eres mi esposa", continuó burlándose él, al tiempo que acortaba más la distancia entre ellos. "Es que acaso, ¿no sabes cómo cumplir con tu deber como esposa?", agregó, lanzando una mirada despectiva a la mujer, que recién se había convertido en su esposa, aún cubierta por la manta.

"No, yo no quiero!", gritó Ayla. Pese a estar aterrorizada por completo, tuvo la valentía necesaria para expresar su desacuerdo. Estaba plenamente consciente de que no lograría ninguna diferencia al resistirse, sin embargo, era la primera vez que pensaba que era importante hacérselo saber.

"Tan solo eres una mujer que compré con mi dinero. ¿De verdad crees que tienes derecho a elegir?", exclamó él, apretando la mandíbula. ¡No podía creer la astucia que tenía esa mujer!

La intensidad de su voz ocasionó un visible estremecimiento en el cuerpo de la chica. Al notarlo, las cejas del hombre se levantaron levemente. ¿Cómo era capaz de fingir temor con tanta naturalidad? Mientras más se comportaba de esa manera, él se mostraba más decidido a enseñarle cuál era su lugar.

Brian subió a la cama y la agarró con fuerza, atrayéndola hacia él. Envolvió el cuerpo tembloroso de la chica con sus musculosos brazos, manteniéndola aún más cerca de él.

"¡Suélteme!", exclamó ella, tratando de apartarlo con todas sus fuerzas. No obstante, en comparación con él, ella era débil. Y, aun así, no quería rendirse tan fácilmente.

El hombre alzó una ceja y, con una sonrisa, le dijo: "¿Que te suelte? ¿Olvidaste que hoy es el día de nuestra boda? Nuestro matrimonio será consumado esta misma noche".

"¡No, por favor, no! ¡Señor Clark, por favor, déjeme!", pidió Ayla, sintiéndose muy humillada.

"Arlene, ¿me estás jodiendo? ¿Por qué te estás comportando como si fuese tu primera vez? ¿No crees que estás siendo hipócrita?", dijo el empresario, pensando que siendo ella la famosa chica de la familia Woodsen, haría cualquier cosa por dinero. Él sabía que mientras tuviese mucho dinero, ella no lo rechazaría.

No obstante, esa mujer frente a él no paraba de sorprenderlo.

"¡Ay! ¡Duele mucho! Por favor, basta…" La chica no podía dejar de gritar de dolor, una vez que ese hombre se puso entre sus piernas. Ahora ya no había vuelta atrás.

Brian la torturaría de todas las maneras posibles.

Ella debió haber pensado en eso antes de casarse, pero ya era demasiado tarde, y no tuvo escapatoria.

Sobre el colchón había quedado una mancha de sangre, al verla, el hombre preguntó: "¿Cuánto costó reparar el himen?".

Ayla se sintió completamente deshonrada. Sin embargo, debido a la debilidad que se apoderó de ella, ya no tenía fuerzas ni para pelear más contra él. De todas maneras, independientemente de lo que ella pudiese decir, él igual no le creería. Su objetivo era asegurarle que ella era realmente Arlene, así que, mientras él lo creyera, las cosas estarían bien.

¿Cómo podía negarle el derecho a consumar su matrimonio? Después de todo, de verdad estaban legalmente casados. Ella no podría admitir su verdadera identidad y decir que no era Arlene.

Por ello, decidió mantenerse en silencio sin decir una palabra.

"¡Lárgate! ¡Vete de esta habitación!", gritó Brian repentinamente, cuando ya había acabado. Él tenía preparadas dos habitaciones porque no quería que ella se quedara en su habitación; lo único que quería era humillarla.

La chica tembló de nuevo, de manera visible, ante sus órdenes. Antes de salir de la habitación, cubrió su cuerpo rápidamente con una sábana.

Esa noche, fue incapaz de cerrar los ojos; se desveló sentada en el piso, mirando hacia la ventana. ¿Tendría que afrontar esa clase de vida todos los días en el futuro?

Había perdido lo más preciado para una mujer, mediante las humillaciones de un hombre que ni siquiera la amaba.

A la mañana siguiente, Brian entró de golpe en la habitación, llevando un frasco de medicina en su mano, lo cual, le lanzó con brusquedad a la chica. "Tómate la medicina".

Él no quería que ella pudiese quedar embarazada, no todavía. Además, ella pertenecía a la familia Woodsen; odiaría que ella quedara embarazada con un bebé suyo.

A pesar de que Ayla no tenía ningún tipo de experiencia, sabía perfectamente para qué era la medicina.

Él tenía razón; era necesario hacerlo. Ella debía asistir a clases y continuar con su vida.

Al estar agachado frente a ella, el hombre pudo observar los moretones en sus brazos, ocasionados por él la noche anterior.

"No tienes permitido quedar embarazada sin mi autorización. ¡Por el bien de la familia Woodsen, será mejor que me hagas caso!", exclamó, para luego abrir el frasco y meter una pastilla directamente en la boca de la chica. No tenía agua, así que, la tuvo que tragar sin más.

De inmediato, sus ojos se llenaron de lágrimas.

"Prepárate, vamos a ir a un sitio", ordenó Brian, al tiempo que se sentaba sobre el sofá y sacaba un cigarrillo para fumarlo con elegancia.

Ayla se levantó, con un poco de esfuerzo, y dijo: "Pero yo no tengo ropa".

Muy por el contrario de su hermana, que tenía una cantidad enorme de ropa de marca, ella tan solo contaba con algo de ropa casual que usaba para el colegio. Además, no podía salir con su vestido de novia.

"Señora Clark, ahora estás casada conmigo, por ello, te proporcionaré todo lo que necesites", dijo él. Ahora Brian estaba completamente seguro de que la chica con la que se casó era Arlene, ya que ella le había pedido ropa en su segundo día de matrimonio.

Arlene llevaba un estilo de vida muy lujoso.

El sacó su celular e hizo una llamada. En solo 10 minutos, un montón de ropa de marcas famosas fueron enviadas a su habitación.

Ayla quedó estupefacta al ver frente a ella todo tipo de ropa y vestidos hechos con tela de excelente calidad. Al instante, se sintió atraída por todo eso, aunque no era una persona codiciosa.

Su elección fue un sencillo vestido blanco, y luego de tomarlo, se dirigió al baño. Brian la miraba sentado aún sobre el sofá. Al notar que ella había elegido el vestido blanco más sencillo, su ceño se frunció en señal de confusión. A veces, no lograba entender lo que pasaba por su mente.

Capítulo4 Comprometida

Ayla se cambió de ropa y salió del baño. Su esposo la estaba esperando afuera, el hombre le lanzó una mirada rápida mientras apretaba la mandíbula. Sin emitir palabra alguna, se giró y salió furioso, y ella corrió tras él sumisamente.

El viaje en auto fue muy incómodo, cosa que la hizo arrinconarse en una esquina. El ambiente en el interior del Bentley plateado estaba tan tenso que la chica solo pudo mirar por la ventana, y rezar para que todo esto terminara lo más rápido posible.

Cada vez que él se movía, o hacía algo mínimo, ella temblaba, temiendo que él la acercara sin su consentimiento.

El silencio invadió casi todo el viaje. Al cabo de una hora, llegaron a la lujosa villa de Brian. Esta elegante casa tenía un diseño exquisito, que solo Brian podía permitirse.

El auto entró al garaje y se detuvo. Luego el hombre se bajó y le ordenó en tono amargo a su esposa: "¡Sal del auto!".

La familia Woodsen también era propietaria de una villa, pero era incomparable a la enorme que poseía Brian. Ella tímidamente, siguió a su esposo, dando cada paso con precaución.

"Señor, ha vuelto", dijo el mayordomo, Ruben, corrió hacia ellos y observó a la hermosa mujer detrás del hombre sin decir nada.

Brian no contestó, se fue a la sala de estar y se sentó en el sofá. Maria salió un rato después y le sirvió café en una taza delicada y costosa. "Señor, aquí está su café". el hombre acostumbraba tomar café en todo momento.

Brian inhaló el fuerte aroma del café, el cual estaba hecho con los mejores granos de café de Jamaica, que era su olor favorito.

Mientras tanto, Ayla permanecía inmóvil, quieta. El clima serio dentro de la casa le recordó una vez más que ella no pertenecía aquí. No obstante, el hecho era que no ella podía huir.

Repentinamente, la taza de café cayó al suelo y se rompió en pedazos, con un gran estruendo. "¡Señor!", exclamó Maria e inmediatamente fue a limpiarlo, pero se detuvo a la mitad cuando Brian levantó la mano.

"¡Tú, ven aquí a limpiar esto!", dijo el hombre haciéndole un gesto a Ayla, ordenándole cruelmente.

La chica se estremeció con sorpresa, y lo miró estupefacta.

"Señora Clark, ¿qué sucede? ¿Acaso no me escuchaste? ¿O pretendes desafiarme?", interrogó Brian sarcásticamente.

Ella parpadeó y desvió la mirada. No importaba si ella se oponía a hacerlo, él la obligaría a limpiar el desastre de todos modos. Además, ella había hecho esas cosas similares, antes en casa de la familia Woodsen.

Para ella, esto era una tarea fácil.

En silencio, la chica se inclinó y recogió los pedazos, uno por uno, y los arrojó a la basura. Maria, le dio un trapo de limpieza que usaba para pasar en el piso, después de recoger los pedazos.

Sus ojos observaron las manchas de café que había en los zapatos de su esposo. Acto seguido, las limpió cuidadosamente con pañuelos de papel, temiendo que la pateara si no le gustaba aquello.

Pero su cautela no le impidió despreciarla; no le mostraría piedad a la mujer que más detestaba.

Sin embargo, el hombre no podía comprender por qué Arlene estaba siendo tan obediente. Nunca esperó que ella lo hiciera, y mucho menos sin cuestionar nada.

De repente, retiró los pies con inseguridad, pues no sabía cómo debía reaccionar. La chica lo miró, un poco asustada y medio confundida. ¿Había hecho algo malo? ¿Él no estaba satisfecho?

Brian se inclinó hacia adelante y la agarró fuertemente por la barbilla. "De ahora en adelante, te quedarás aquí, sin hacer ningún escándalo. No tienes permitido salir sin mi autorización. Por otro lado, tendrás que encargarte de todo aquí en la casa, desde la limpieza, hasta todo lo que yo quiera que hagas. ¿Me entendiste?" espetó él con un tono autoritario.

Ella comprendió que él quería que viviera aquí, como sirvienta, no como la señora Clark.

"Sí", respondió Ayla asintiendo.

"¡Buena chica!", contestó él, antes de levantarse para irse.

"Espere, tengo algo que preguntarle", dijo ella. Al ver que estaba a punto de irse, lo detuvo apresuradamente.

Brian se giró hacia ella. "Si necesitas algo, pregúntale a Ruben o Maria". Él ya no quería hablar más con ella.

"¡No! No es nada de eso". La chica tomó la mano de su esposo, y la sostuvo con inseguridad antes de decirle: "Estoy dispuesta a hacer todo lo que me pida, pero quiero ir al colegio".

¿Ella quería asistir a la escuela? Brian no pudo evitar sorprenderse. ¿Acaso esto era una broma? "¿Tú quieres ir a estudiar? ¿Me estás jodiendo?

Eres Arlene Woodsen, o bueno, ahora eres la señora Clark. Puedes conseguir todo lo que quieras. Entonces, ¿por qué deseas ir a la escuela? Además, que yo sepa, nunca fuiste una buena estudiante", resopló él.

La chica no supo qué decir. A Arlene nunca le había importado nada, pero Ayla era muy distinta. Quería valerse por sí misma, y cumplir su sueño.

"¡No me molestes más!", dijo él apartándola. Se giró y se fue en ese momento.

"Señor Clark", suplicó Ayla. No se rendiría tan fácilmente. Quería ir tras él, aunque Maria la detuvo diciéndole: "¡No puedes subir las escaleras! ¡No puedes ir al segundo piso sin autorización!"

"¡No puede ser! ¿Por qué?", la chica necesitaba hablar con él de alguna manera. Le había costado mucho ingresar a la universidad; había trabajado duro en todas las vacaciones de verano, para ganar los derechos del curso. Entonces, ¿cómo podía darse por vencida tan fácilmente?

Corrió y subió las escaleras tan pronto como Maria se distrajo un poco. Al verla irrumpir en su habitación, Brian gritó extremadamente iracundo: "¿Quién te dio permiso de subir?".

La chica se estremeció, y se dio cuenta de que había sido imprudente; ella no debió haber subido las escaleras sin su autorización.

"¡Vete de aquí!", volvió a gruñir Brian al ver que su esposa seguía junto a la puerta.

Ante la intensidad de su forma de hablar, ella se estremeció nuevamente. Se limitó a bajar la mirada rápidamente y no se atrevió a verlo otra vez. En ese momento, solo quería correr y esconderse de su esposo.

Capítulo5 Prometiéndole

Brian entrecerró los ojos y se acercó a su esposa. "Te dicen valiente, por lo que he escuchado. Entonces, ¿por qué ahora tienes miedo?".

"Yo… Solo quiero asistir al colegio…", dijo Ayla tartamudeando, agachando la cabeza.

"Si viniste hasta aquí, para hablar sobre eso, no hace falta, porque eso no va a pasar". El hombre jamás había pensado que Arlene, le pediría permiso para ir a estudiar. Pensaba que ella estaba tratando de engañarlo para poder encontrarse con sus amigos fuera de casa, y hacer lo que le diera la gana.

La chica se sintió devastada cuando él negó su petición. ¿Alguna vez podría volver a ir a la escuela? Solo le faltaban dos años para graduarse; si él no la dejaba ir ahora, jamás podría cumplir su sueño.

Al ver que la chica se quedó allí atónita, Brian la ignoró y entró en el baño, esperando que ella se fuera. Sin embargo, cuando salió, ella aún se encontraba en la puerta. Era una mujer muy terca, realmente.

Como él siguió ignorándola, ella bajó la cabeza. Y con su corazón roto, la chica se giró para marcharse.

"¡Espera un momento!", dijo el hombre, deteniéndola.

Inmediatamente la chica se volteó y lo miró expectante. Ahora él se encontraba sentado en el sofá, fumando un cigarrillo.

Sus miradas se cruzaron mientras ella esperaba que él dijera algo, pero el hombre no habló hasta que terminó de fumar. Su mirada era tan intimidatoria que al instante ya estaba asustada. Se recordó a sí misma lo que había pasado la noche anterior, lo cual era como una pesadilla, y no quería que eso volviera a suceder. Lo único que quería ahora era correr lejos y esconderse de él.

Al darse cuenta que él no iba a decir nada, se giró nuevamente para irse. "¿Esa es toda la paciencia que tienes?", interrogó Brian, burlándose de ella lentamente. La voz de su esposo le hizo detenerse otra vez, y esta vez la chica no se quedó de pie en la puerta, Se acercó a él y le preguntó: "Entonces, ¿me da su autorización?".

Brian se puso de pie y se paró a treinta centímetros de ella. Levantó su barbilla con la yema del dedo y la hizo mirarlo a los ojos. "¿Cuántos hombres te esperan allá afuera? ¿Por qué estás tan ansiosa por salir? ¿Ah?", interrogó él con un tono de voz severo.

"¿Qué? No sé de lo que está hablando. ¡Solo quiero ir a estudiar!". No importaba cuán tímida sonara su respuesta, ella no se daría por vencida.

Sabía qué tipo de persona era su hermana. La razón por la que se casó con este hombre para sustituir a Arlene, fue para proteger a la familia Woodsen y a su padre adoptivo Clayton.

Todo lo había hecho hasta ahora, era para pagarle, pero no podía perder sus metas y sueños.

"¿Sabes una cosa? Lo que más odio en el mundo es que me engañen", dijo Brian con dureza.

La chica asintió con rigidez. No le había mentido, excepto por el cubrimiento su identidad.

"¡Si me llego a enterar que estás mintiendo, no te vas ni a imaginar el costo que tendrás que pagar!", dijo el hombre. Brian quería ver hasta dónde era capaz de llegar su esposa, con ganas de atraparla con las manos en la masa.

"Está bien, comprendo. Solo iré hasta la escuela y volveré a casa; no iré a ningún otro sitio", prometió la chica. El hombre le autorizó ir a la escuela, pero ella no podía continuar con su trabajo, pues obviamente él no permitiría eso.

"¡Vete ahora de mi habitación!", ordenó Brian. No le agradaba su imagen sucia en el segundo piso, en su habitación específicamente.

Ayla hizo una reverencia y le dijo: "Le agradezco, señor Clark". Tampoco quería acercarse al diablo ese, así que se marchó en silencio en seguida.

La verdad era que había diferencia entre vivir con la familia Woodsen y vivir con la familia Clark. Sus padres biológicos la abandonaron al nacer. Por lo tanto, Ayla estaba convencida de que estaba destinada a estar sola toda su vida. Y siempre había puesto su atención en cumplir sus sueños y mantenerse sola.

Brian no dijo más nada, la vio desaparecer mientras apretaba sus dientes.

A la chica le dieron una pequeña habitación en el primer piso, en el que había una pequeña cama y un escritorio. Además había una ventana, para llenar la habitación de luz natural. En realidad, era mejor que el dormitorio que tenía en la casa Woodsen. Aquí la única diferencia que había, era que ya no tenía su libertad.

"El señor Clark me pidió que le informara que no puede salir de la mansión, a menos que él se lo ordene. Si usted necesita algo, me lo puede pedir a mí", dijo Maria cortésmente.

"Gracias, Maria, lo tendré presente", dijo la chica. Parada en el medio de la habitación, la chica observó todo. Aquí no tenía nada que le perteneciera. Casi todas sus cosas, todavía estaban en su antigua casa, y muchas otras estaban en la escuela. Necesitaba comprar algunos artículos indispensables, ropa, por ejemplo.

Pero ella no podía salir.

Al rato, Maria le trajo algunas cosas de uso diario, y ropa nueva, lo que justamente esperaba. Se sintió muy aliviada después de ver todo eso, por lo cual confiaba en que vivir allí no sería tan malo como decía su intuición.

Ayla fue a la cocina para ayudar, ya que no tenía nada que hacer en su habitación. Maria se sorprendió al verla ahí, porque ella había escuchado que el señor Clark se había casado con una mujer arrogante y malcriada. Sin embargo, la señora Leng todavía no había mostrado algo que pudiera coincidir con aquella descripción.

Al darse cuenta de que la joven era una experta en lavar y cortar verduras, Maria le preguntó: "Señora Clark, ¿usted sabe cocinar?".

La chica le contestó con una sonrisa: "No todo, pero algunas cosas sencillas, sí". Ella había aprendido a cocinar gracias a los sirvientes de la familia Woodsen.

"¿Le gustaría hacerle el almuerzo al señor Clark?", preguntó Maria repentinamente. La mujer se había equivocado al percibir que la señora Clark, solo era una dama rica y malcriada, con un mal temperamento. Ahora Maria podía ver que ella era muy diferente a lo que había escuchado.

Ayla dejó de lavar las verduras y se giró hacia ella. "¿Eso no haría que el señor Clark se enoje?". Realmente ella tenía mucho miedo. Además, no quería perder la oportunidad de ir a la escuela, solo por cocinar algo para él.

"No, él no se va a molestar. El señor Clark no es de hablar mucho, y puede parecer intimidante, pero en realidad, no es difícil llevarse bien con él. Además, no es demasiado exigente con la comida, ni siquiera lo notará". Como Maria llevaba muchos años trabajando en la villa, ella conocía muy bien al señor Clark, y sabía cómo podría reaccionar.

Ayla consideró atentamente las palabras de Maria. Aunque había dicho que era fácil llevarse bien con él. para Ayla, eso no era tan cierto, pues una mirada intimidante de él, podría estremecerla por completo. Ella era consciente que nunca se llevarían bien ellos dos.

Esa mirada fría, siempre le hacía sentir como si estuviera en un mundo de hielo y oscuridad.

No obstante, mientras él no le pusiera las cosas difíciles a propósito, ella se apegaría a su propio deber, y se ocuparía de sus propios asuntos. Para no hacerlo molestar, ella siempre lo escucharía, sin importar lo que él le exigiera hacer, ya que al final, ella era su esposa, a quien compró con dinero.

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