¿Quién puede salvarse?”: La Palabra del Lunes 👇

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LA PALABRA CADA DÍA

Lunes, VIII Semana. Tiempo Ordinario

¿Quién puede salvarse?”

Color: VERDE

28 de febrero del 2022

Primera Lectura: I Pe 1, 3-9
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pedro

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que les está reservada en el cielo. La fuerza de Dios los custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Alégrense de ello, aunque de momento tengan que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de su fe de más precio que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.
No han visto a Jesucristo, y lo aman; no lo ven, y creen en él; y se alegran con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de su fe: su propia salvación.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 110,1-2.5-6.9
R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. R/.
El da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza. Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles. R./
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; la alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio: Mc 10,17-27
Lectura del santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. Él replicó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres ─así tendrás un tesoro en el cielo─, y luego sígueme.
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Ellos se espantaron y comentaban: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

Palabra del Señor


¿Quién puede salvarse?”

En la primera lectura el apóstol Pedro hace una alabanza a Dios Padre por medio de nuestro Señor Jesucristo, a la vez que invita a todos los creyentes a estar alegres, a pesar de las dificultades por las que estemos atravesando en nuestras vidas. La fe en Jesús nos hace vivir y luchar por un mundo mejor, en el que los valores del reino generen vida y salvación para todos.
En el evangelio, los discípulos se espantan y se preguntan: entonces, ¿quién puede salvarse? Ante la dura crítica que Jesús acaba de pronunciar hacia quienes ponen su confianza en las riquezas de este mundo, olvidándose de Dios y del prójimo. A los discípulos no les queda otro camino que no sea el asombro. Es que estamos tan acostumbrados a nuestros esquemas de éxitos, que para nosotros es simplemente imposible el pensar que quienes lo ‘tienen todo’, a quienes les ha ‘ido bien’, se vayan a quedar fuera de la salvación.
Jesús deja claro que la riqueza no es el problema; el problema es ponerla en el lugar de Dios y amar más los bienes de este mundo, de tal manera que nos impidan hacer el bien al prójimo. El personaje del evangelio (Mc 10,17-27) aparentemente cumple todos los mandamientos, pero no está dispuesto a compartir sus bienes con los pobres y más necesitados de este mundo. Ciertamente, el tema de la pobreza es algo que no se resuelve solo con dinero, pero cuánto bien podemos hacer con tan solo compartir lo que tenemos. A cuántos hermanos desposeídos podemos aliviar con tan solo un acto de generosidad de nuestra parte. A veces acumulamos tanto y tanto, que ya ni sabemos qué hacer con eso.
Abrámonos generosamente al otro, expresemos nuestro amor a Dios compartiendo caritativamente nuestros bienes con el prójimo.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍