“Dios nos habla y espera de nosotros una respuesta generosa” (Lc 1, 57-66).

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LA PALABRA DIARIA

Feria Privilegiada de Adviento

“Dios nos habla y espera de nosotros una respuesta generosa” (Lc 1, 57-66)

Color: MORADO

Jueves, 23 de diciembre de 2021

Primera lectura: Mal 3,1-4.23-24
Lectura de la profecía de Malaquías

Así dice el Señor: «Miren, yo les envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza que ustedes desean. Mírenlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido.
Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos. – Dice el Señor de los Ejércitos. Miren: les enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 24, 4bc-5ab.8-9.10 y 14
R/. “Levántense, alcen la cabeza: se acerca su liberación”
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine
con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace
caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R/.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su
alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer
su alianza. R/.

Evangelio: Lc 1, 57-66
Lectura del santo evangelio según san Lucas
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se
enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No!
Se va a llamar Juan.» Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase.
Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor


“Dios nos habla y espera de nosotros una respuesta generosa” (Lc 1, 57-66)

Como a mujer en cinta, a Isabel, le ha llegado su hora. Dentro de la historia, el hecho del alumbramiento, en una mujer constituye un hecho normal. En este caso, era algo diferente, los padres eran ancianos, la mujer estéril, por eso, dentro de los límites humanos, era imposible una concepción y un nacimiento. Pero ante Dios no existen imposibles, y por eso los ancianos han podido recibir el don de un niño.

El texto supone dos padres que se aman, al mismo tiempo influye el poder de Dios que guía la historia de los hombres. La expresión de ese poder es el milagro de la fecundidad de unos ancianos. Su resultado el nacimiento de Juan, que, dentro de los profetas de Israel, prepara de una manera inmediata el camino de Jesús. Dios ha decidido que ha llegado ya la plenitud de los tiempos y empieza a actuar. Se corre la voz del nacimiento de Juan y toda la comarca se llena de alegría. ¿Qué será de este niño?

Zacarías el padre del Bautista, estaba mudo y sordo. La causa fue, su duda ante el anuncio que le hizo el ángel Gabriel mientras Zacarías ofrecía el incienso en el templo. Bíblicamente hablando, la sordera y la mudez hacen al ser humano incapaz de comunicarse con Dios. De esta forma está cerrada a las inspiraciones de la gracia divina, incapacitado para hablar con Dios. Ante el nacimiento de Juan, a Zacarías se le suelta la lengua y bendice al Señor. En nuestras vidas, de diversas formas Dios nos habla. Desafortunadamente, en muchas ocasiones le decimos a Dios: ¿por qué a mí? Cuando la pregunta debería ser: ¡qué me está diciendo Dios en este acontecimiento? Continuamente Dios se preocupa por ti y por mí. Pero es tanto el ruido que éste nos impide escuchar a Dios, las distracciones nos impiden dirigir nuestra mirada hacia lo celestial.

Dios nos habla y espera de nosotros una respuesta generosa, una respuesta consciente y personal. Es importante que escuches a Dios que nos habla a través de su Hijo, el cual se hace uno como nosotros (menos en el pecado), pero también espera una respuesta. Que el bullicio, el ruido de estos días no impidan escuchar y responder al Señor que llega a traernos la salvación.

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍