“A quien mucho se le dio mucho se le pedirá” (Lc 12, 39-48).

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LA PALABRA DIARIA

Miércoles, XXIX Semana. Tiempo ordinario

Color: VERDE

20 de octubre de 2021

Primera lectura: Rom 6,12-18
Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos

Hermanos: Que el pecado no siga dominando su cuerpo mortal, ni sean súbditos de los deseos del cuerpo. No pongan sus miembros al servicio del pecado, como instrumentos del mal, ofrézcanse a Dios, como hombres que de la muerte han vuelto a la vida y pongan a su servicio sus miembros, como instrumentos del bien. Porque el pecado no los dominará: ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia. Pues, ¿qué? ¿pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No saben que, al ofrecerse a alguno como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen; bien del pecado, para la muerte, ¿bien de la obediencia para la justicia? Pero, gracias a Dios, ustedes, que eran esclavos del pecado, han obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fueron entregados y, liberados del pecado, se han hecho esclavos de la justicia.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 123,1-3.4-6.7-8
R/. “Nuestro auxilio es el nombre del Señor.”
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte –que lo diga Israel–, si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los
hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros. R/.
Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes. Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes. R/.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador; la
trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

Evangelio: Lc 12, 39-48
Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien
el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor


“A quien mucho se le dio mucho se le pedirá” (Lc 12, 39-48)

El texto de hoy, es una continuación del Evangelio de ayer. La gracia que hemos recibido no es para guardarla o esconderla en un “lugar seguro”, sino para ponerla al servicio de los demás y construir así el Reino de Dios en este mundo. A cada uno de nosotros el Señor nos ha dado unos dones, también unas tareas. Y es para que lo vivamos.
En este tiempo de pandemia hemos aprendido muchas lecciones para la vida, y una de ellas es que, aunque tengamos que estar metidos en la casa, no podemos estar estáticos esperando a que la pandemia pase de largo, porque eso sería un camino seguro para que caigamos en depresiones y en tristezas que también nos hacen mucho daño.
Debemos estar activos, poniendo en juego los diferentes dones que de Dios hemos recibido. Es por eso que Jesús nos dice que el sirviente, conociendo la voluntad de su señor, ha de cumplir sus mandatos. Pues: “a quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho se le exigirá”.
Pero no veamos como una amenaza por parte del Señor, sino más bien una llamada de Dios a reconocer su generosidad. Él nos ha dado mucho, es bueno que podamos reconocer cada día el fruto de la bondad y de la misericordia, que tanto ha derramado sobre nosotros.
Y una vez que hemos podido reconocer lo que Dios nos ha dado, podamos poner en práctica aquello que hemos recibido de Él y no enterremos los dones que proceden del Señor.

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍