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LA PALABRA DIARIA
Jueves, XXVII Semana. Tiempo ordinario
Color: AZUL o BLANCO
7 de octubre de 2021
Memoria Obligatoria: Nuestra Señora La Virgen del Rosario
(Se utilizan las lecturas de la Memoria Ntra. Sra. Del Rosario)
Primera lectura: Hc 1,12-14
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
Después de subir Jesús al Cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Celotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: Lc. 1, 46-47.48-49.50-51.52-53.54-55
R/. “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo”
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R/.
Porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. R/.
Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón. R/.
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. R/.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/.
Evangelio: Lc 1,26-38
Lectura del santo evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: – «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 26-38)
María, nuestra Madre del cielo, está acompañándonos y llevándonos a Jesús. Lo hace cada día, en cada cosa que vivimos y cada vez que nos acercamos a Ella. Con el rezo del santo rosario podemos experimentar la novedad del Evangelio en cada avemaría, y en cada nombre de la letanía.
Cada vez que rezamos el rosario, es como si María nos fuera susurrando al oído -al corazón-, cada parte de la vida de Jesús, y la suya, nos fuera leyendo el Evangelio, para que entre hasta lo más profundo de nuestro corazón, de modo que se hiciera realidad en nuestra vida aquello que Ella misma le respondió al ángel: “Hágase en mí según tu Palabra”.
El rosario es una oración que es repetitiva, que va al ritmo de nuestra respiración y se adentra en nuestros sentimientos y en nuestros afectos. María, una vez más, llena nuestro corazón y nuestros pensamientos para que estemos siempre con Jesús.
¿Cómo terminamos el Rosario? Con las letanías: piropos bellos para la madre del Señor. Después de haberlo llenado con la meditación de los misterios, lo que brota de nuestro corazón es el amor profundo a nuestra Madre.
María sonríe, te señala a Jesús, y la vida se llena de alegría y esperanza.
(Guía mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

