“Siempre estamos siendo acompañados y protegidos por el dueño de la mies” (Mt 10, 24-33)

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LA PALABRA DIARIA

Sábado, XIV Semana del Tiempo Ordinario

Color: VERDE

10 de julio de 2021

Primera lectura: Gn 49,29-33; 50,15-24
Lectura del Libro del Génesis

En aquellos días, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: «Cuando me reúna con los míos, entiérrenme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita, la cueva del campo de Macpelá, frente a Mambré, en Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas.»
Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos.
Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.»
Y mandaron decirle: «Antes de morir tu padre nos encargó: “Esto dirán a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron”. Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre.» José, al oírlo, se echó a llorar.
Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus siervos.» Pero José les respondió: «No tengan miedo; ¿soy yo acaso Dios? Ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no teman, yo los mantendré a ustedes y a sus hijos.»
Y los consoló, hablándoles al corazón. José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín, hasta la tercera generación, y también a los hijos de Maquir, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas.
José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir. Dios cuidará de ustedes y los llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob.» Y los hizo jurar: «Cuando Dios cuide de ustedes, llevarán mis huesos de aquí.» José murió a los ciento diez años de edad.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 104,1-2.3-4.6-7
R/. Humildes, busquen al Señor, y revivirá su corazón

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, den a conocer sus hazañas a los pueblos. Cántenle al son de instrumentos, hablen de sus maravillas. R/.
Gloríense de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, ¡su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio: Mt 10, 24-33
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengan miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche díganlo en pleno día, y lo que escuchen al oído, pregónenlo desde la azotea.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, teman al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga su Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo; no hay comparación entre ustedes y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor


“Siempre estamos siendo acompañados y protegidos por el dueño de la mies” (Mt 10, 24-33)

Hoy cerramos el ciclo de José y por tanto todo lo iniciado por Abrahán desde el capítulo 12 del libro del Génesis. El patriarca Jacob arriba al momento crucial de la vida: la muerte. Sin embargo, tiene tiempo para despedirse de sus hijos y familia. Será enterrado junto a los demás patriarcas dando continuidad a la tradición de sus antepasados. Igualmente, nos despedimos de José quien decide no tomar en cuenta lo que sus hermanos habían hecho con él. Sus palabras resuenan a nuestros oídos en los textos de hoy: “no tengan miedo. ¿soy yo acaso su Dios?” Muere José y la permanencia de la familia de José y del pueblo durará cuatrocientos años hasta la llegada de Moisés en el Éxodo.
José vivió desde la gratitud, la compasión, la justicia, el perdón y el amor. Cuando somos capaces de vivir desde la humildad buscando al Señor como nos exhorta el salmista entonces “revivirán nuestros corazones”. No siempre estaremos rodeados de personas que nos desearán lo mejor. Mucho menos cuando lo que proclamamos y vivimos va en contra de los sistemas injustos a los cuales nos enfrentamos a diario. Muy bien lo conoce Jesús quien nos motiva hoy a tener cuidado con los que “matan el cuerpo” y con los que tratan de “destruir con fuego el alma y cuerpo”. Pero esas también son personas necesitadas de compasión y de perdón.
Vivamos desde la transparencia que nos regala la fuerza del Espíritu. Ser transparente implica que “nada hay escondido que no llegue a conocerse”; la razón y la verdad residen, pues, en el tiempo. Confiemos en Dios quien nos cuida aún más que a los gorriones del campo. Nunca dudemos que Dios nos conoce por dentro y por fuera – “hasta los cabellos de la cabeza los tiene contados”- y que siempre estará de parte de los que viven con Él en la construcción del Reino. Tanto amor es posible para Dios. Experimentar la certeza de este amor lo podemos constatar en la vida de José y Jesús. El amor implica, como se nos ha mostrado durante estos días, vencer nuestros miedos. “No tengan miedo” a proclamar la grandeza de Dios. No tengan miedo a lanzarse en la experiencia de defender la paz, la justicia y el amor entre todos. No tengan miedo, ya que no somos más que el maestro. Siempre estamos siendo acompañados y protegidos por el dueño de la mies.
Venzamos el miedo a la muerte; venzamos los miedos a los Belcebús de este mundo; el miedo a sentirnos menos que los demás; el miedo al cambio; el miedo a los que no quieren que hagamos el bien… Cantemos, pues, las maravillas de nuestro Dios que “gobierna toda la tierra”. Así nos lo predican hoy con sus vidas y con sus palabras Jesús y el patriarca José.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍