“Hoy Cristo está a la puerta una vez más y, como aquel día del primer amor, está delante de ti” (Jn 19, 31-37)

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LA PALABRA DIARIA

Solemnidad del Corazón de Jesús

Color: BLANCO

11 de junio de 2021

Primera lectura: Os 11, 1b. 3-4. 8c-9
Lectura del profeta Oseas

Así dice el Señor: “Cuando Israel era joven, le amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta”.

Palabra del Señor

Interleccional: Isaías, 12, 2-3, 4bcd. 5-6.
R/. “Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación”

El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R/.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es excelso. R/.
Tañan para el Señor, que hizo proezas, anúncienle a toda la tierra; griten jubilosos, habitantes de Sión: “Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.” R/.

Segunda lectura: Ef 3,8-12.14-19
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

Hermanos: A mí, el más insignificante de todo el pueblo santo, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.
Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, les conceda por medio de su Espíritu robustecerlos en lo profundo de su ser, que Cristo habite por la fe en sus corazones, que el amor sea su raíz y su cimiento; y así, con todo el pueblo de Dios, lograrán abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegarán a su plenitud, según la plenitud total de Dios.

Palabra de Dios

Evangelio: Jn 19, 31-37
Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también ustedes crean. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

Palabra del Señor


“Hoy Cristo está a la puerta una vez más y, como aquel día del primer amor, está delante de ti” (Jn 19, 31-37)

Dios construye en nuestras vidas una historia de amor y fidelidad, que se inicia el día en que nos encontramos con Él, que siempre ha estado a la espera y que ese día, en el que abrimos la puerta de nuestros corazones a esa gracia, se hace efectiva en nosotros.
Dios nos acompaña y, a través de su Espíritu Santo, va mostrándonos cómo alcanzar el propósito que tiene para nosotros; aunque muchas veces le decepcionamos porque nuestras acciones no son acordes con lo que Él espera. Nunca se aparta de nuestro lado, muy por el contrario, su inmensa misericordia sigue a la espera que volvamos a estar cerca de Él y podamos alcanzar ese anhelo de Dios.
Para poder alcanzar ese propósito debemos confiar, estar totalmente seguros que Él es nuestra fuerza, nuestro poder, que no vamos solos por ese caminar tras sus huellas, que Él nos acompaña y en la mayor parte del camino nos sostiene.
Solo con esa gracia podemos ser proclamadores de su fuerza, su justicia, su majestad; solamente abandonados a esa gracia, buscando tener esa comunión espiritual que alimenta nuestra alma, es como nos unimos a Dios. El Corazón de Jesús es el símbolo de todo esto que estamos diciendo: del amor total, radical de Dios para con nosotros, y de la caridad que debemos demostrar para con los demás.
Hay un precio que fue pagado, una sangre que fue derramada y un sacrificio que culminó en victoria y esa es la base fundamental de nuestra fe. Levantemos nuestro espíritu y asumamos el llamado a confiar en ese amor, en esa gracia, en esa victoria.
Tómate el tiempo para ver tu vida y con sinceridad déjate escudriñar por el Espíritu Santo, para que te revele si realmente estás dejándote empapar de esta gracia, o solo estás recogiendo las migajas de la mesa de los que celebran la victoria de Cristo Resucitado. Hoy Cristo está a la puerta una vez más y, como aquel día del primer amor, está delante de ti, esperando que te dejes amar y que le ames; toma la oportunidad que el Sagrado Corazón de Jesús te lleve a cumplir el sueño de Dios, asumir el llamado radical de su amor y ser solo de Él.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍