En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

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LA PALABRA CADA DÍA

V Sema de Cuaresma

“Y muchos creyeron en Él”

Viernes, 27 de marzo de 2026

Color: MORADO

Primera Lectura: Jr 20,10-13
Lectura del Profeta Jeremías

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor-en-torno, delátenlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspiés: «A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, pues a ti te encomendé mi causa. Canten al Señor, alaben al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 17,2-3a.3bc-4.5-6.7
R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R/.
Me cercaban olas mortales, torrentes destructores, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: Desde su templo él escuchó mi voz y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio: Jn 10,31-42
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?» Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: “Yo les digo: son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, (y no puede faltar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor


“Y muchos creyeron en Él”

En las lecturas de hoy vemos algo que no nos resulta extraño: cuando una persona decide ser fiel a Dios y a la verdad, no siempre recibe comprensión o apoyo. A veces ocurre todo lo contrario. Eso le pasó al profeta Jeremías y eso le pasa al mismo Jesús en el Evangelio.
Jeremías se siente rodeado por el “pavor en torno”. Esto significa que se siente vigilado, amenazado, traicionado incluso por quienes antes llamaba amigos. Su situación es difícil, fue golpeado, luego encarcelado y después sacado del calabozo para escucharle. Sin embargo, el profeta no se deja dominar por el miedo. No huye, no se desespera, no responde con violencia. Dice con confianza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. Jeremías pone su causa en manos de Dios y termina alabándolo. Su actitud nos hace preguntarnos: ¿confío yo de verdad en que el Señor está conmigo cuando me siento solo, cuestionado o incomprendido por vivir mi fe?
En el Evangelio, Jesús atraviesa una situación muy similar, pero aún más profunda. Está a punto de ser apedreado. No por haber hecho el mal, sino por haber dicho la verdad sobre quién es. Jesús había hablado claramente: Él es el buen pastor, sus ovejas escuchan su voz, Él les da vida eterna y Él y el Padre son uno. Eso fue demasiado para quienes lo escuchaban.
Lo que más impresiona es la forma en que Jesús responde. No se defiende con agresividad ni con discursos largos. Con calma les pregunta: “Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?”. Jesús deja que sus obras hablen por Él. Su vida es su mejor defensa.
Este Evangelio nos toca de cerca. Muchas veces queremos justificar nuestra fe con palabras, pero Jesús nos recuerda que son las obras las que revelan lo que llevamos dentro. Servir, amar cuando no es fácil, perdonar cuando duele: ahí es donde nuestra fe se hace visible. Vivir así puede incomodarnos, incluso a personas que nos decimos cristianos maduros. Bueno, eso simplemente forma parte del seguimiento de Jesús.
Jesús también nos enseña algo muy importante: Dios no fuerza la fe. Cuando intentan detenerlo, Él se retira (también por salvar su vida). Respeta el tiempo y la libertad de cada persona. La fe no se impone, se propone. Y, aun así, el Evangelio termina con esperanza: “Y muchos creyeron en Él allí”. No todos, pero sí muchos, los suficientes para que la obra de Dios continúe. ¡Gloria a Dios!
Este santo Evangelio nos invita a mirarnos por dentro. A preguntarnos si nuestras obras reflejan lo que decimos creer. A confiar, incluso en medio del rechazo, en que el Señor está con nosotros. Como Jeremías, como Jesús, sigamos caminando con serenidad y confianza. Dios no abandona a los que permanecen fieles.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍