Señor, Dios mío, a ti me acojo.

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LA PALABRA CADA DÍA

IV Sema de Cuaresma

“Jesús vino a buscar a los enfermos para curarlos”

Sábado, 21 de marzo de 2026

Color: MORADO

Primera Lectura: Jr 11,18-20
Lectura del Libro de Jeremías

El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más». Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos porque a ti he encomendado mi causa. Señor Dios mío.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 7,2-3.9bc-10.11-12
R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo.

Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame; que no me atrapen como leones, y me desgarren sin remedio. R/.
Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. R/.
Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio: Jn 7,40-53
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, de la gente que habían oído estos discursos de Jesús, unos decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?». Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie así». Los fariseos les replicaron: «¿También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entienden de la ley son unos malditos».
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». Y se volvieron cada uno a su casa.

Palabra del Señor


“Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón”

Las lecturas de hoy nos muestran los pensamientos de los hombres y la verdad de Dios. Cuando estamos viviendo sin Dios, considerando sólo nuestros criterios, sin duda alguna estaremos viviendo sin esperanza y sin amor. Esto lo vemos reflejado en la lectura de Jeremías. Este profeta vivió sin ser escuchado, y menos comprendido, por los destinatarios de su mensaje. A lo largo de su vida y predicación escuchó al Señor y profetizó en su nombre en solitario y le tocó vivir la desobediencia del pueblo escogido por Dios, el pueblo que decidió escuchar sus propios pensamientos y no apegarse a los mandamientos de Dios. El complot contra Jeremías descrito en esta lectura nos apunta directamente a nuestro Señor Jesús, pues fue una profecía de lo que iba a pasarle a Él al final de su tiempo en la tierra: “como cordero manso, llevado al matadero” es una frase que vamos a encontrar cuando Jesús era llevado a la crucifixión por hombres que decían seguir a Dios, pero tenían sus criterios alejados del amor y la verdad, por lo que no reconocieron al Mesías.
En el Evangelio vemos que Jesús hablaba de forma tal, que convencía a los que abrían su corazón al conocimiento de Dios, ya que hablaba con autoridad y no como los maestros de su tiempo, nos dice la misma Palabra, trayendo confusión entre los que escuchan el mensaje: unos lo escuchaban y creían en Él, otros no querían creer y otros buscaban explicación acerca del origen del Mesías escrito en el Antiguo Testamento.
Los sumos sacerdotes y fariseos, que entendían que tenían la verdad y no abrieron sus corazones a Dios, como los hombres en el tiempo de Jeremías, no pudieron ver esa gracia manifestada en Cristo para los hombres, esa verdad que libera, esa verdad de amor incondicional para los que se acercan con sincero corazón a Dios buscando y encontrando alivio, esperanza y salvación para sus vidas. Nicodemo, que era fariseo, sí había ido a conocer a Jesús, de noche, se puede decir que, a escondidas, si entendemos el contexto, y, aunque seguía en su puesto con los fariseos y sumos sacerdotes, había sido sensible a la voz de Jesús y, de forma muy sabia, trata de hablar a favor de Jesús pidiendo que se le escuchara antes de ser juzgado, no fue escuchado, más bien se burlaron de él, diciendo si ya él le había creído sus palabras y reclamando que de Galilea no salían profetas.
Volviendo a Jeremías, esta vez él termina confiando en Dios, cuando dice que ha encomendado su causa a Él y que verá la venganza de Dios. No es esta una invitación a pedir venganza a favor nuestro, ya Dios nos ha perdonado mucho y nos sigue perdonando cada día, y no tenemos la pureza para obtener venganza a nuestro favor, sin embargo, sí podemos estar seguros de que Dios nos ve y quiere que pongamos toda nuestra confianza en Él como nuestra única fuente de seguridad en este mundo. Saber que Jesús vino para darnos vida, que Dios siempre está a favor de nosotros que lo hemos recibido y que tenemos un Dios en quien confiar para poder decir como el salmista: “Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón”.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍