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LA PALABRA CADA DÍA
IV Sema de Cuaresma
“Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”
Lunes, 16 de marzo de 2026
Color: MORADO
Primera Lectura: Is 65,17-21
Lectura del Profeta Isaías
Así dice el Señor: «Miren, yo voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de lo pasado ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Miren, voy a transformar a Jerusalén en alegría, y su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 29,2.4.5-6.11-12a. y 13b
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.
Tañan para el Señor, fieles suyos, den gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo. R/.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.
Evangelio: Jn 4,43-54
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Como no vean signos y prodigios, no creen». El funcionario insiste: «Señor, baja antes que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
Palabra del Señor
“Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”
La Palabra de hoy nos regala un respiro en medio del camino cuaresmal. No es una promesa lejana ni una idea abstracta: es una palabra concreta de Dios dirigida a nuestra historia real. “Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”, dice el Señor por medio del profeta Isaías. No habla solo de un futuro distante, sino de la posibilidad de vivir el presente de otra manera. Dios no se resigna a que sigamos cargando lo mismo de siempre; quiere rehacer nuestras vidas desde dentro, sanar lo que nos duele y devolvernos el deseo y alegría continuar caminando.
En nuestra experiencia cotidiana arrastramos recuerdos que pesan, errores que vuelven a aparecer, situaciones que parecen no cambiar. Con el tiempo aprendemos a convivir con ellas y, casi sin notarlo, perdemos la esperanza. La Palabra de hoy irrumpe para decirnos que el pasado no tiene la última palabra. No porque desaparezca, sino porque el amor de Dios es capaz de transformarlo. Jerusalén —imagen de nuestra propia vida y de la comunidad de la iglesia— deja de ser lugar de lamento para convertirse en espacio de alegría. Y esta promesa nos deja una pregunta abierta: ¿desde dónde estamos viviendo?, ¿qué estamos alimentando con nuestras actitudes y decisiones?
El salmo nos enseña a mirar la historia con una memoria distinta. “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”. No es la oración de quien nunca sufrió, sino de quien fue sostenido en medio de la noche. El llanto existe y no se niega, pero no es definitivo. La mañana llega. Esta experiencia es profundamente bautismal: hemos sido sumergidos en la muerte para resucitar a una vida nueva. Por eso, la conversión cuaresmal no se reduce a corregir conductas, sino a volver a creer que Dios sigue vivo y actuando, incluso cuando no lo vemos con claridad.
En el centro del Evangelio de hoy no se encuentra el milagro del hijo sanado sino el momento en el que el Padre decide creer. La Palabra de Jesús no elimina de inmediato la angustia, pero abre una posibilidad nueva. No ofrece explicaciones ni seguridades visibles; ofrece una palabra que invita a confiar y a seguir adelante. Ahí se juega la fe: en ese paso dado antes de ver el resultado.
Este pasaje nos confronta con una verdad incómoda. Muchas veces queremos avanzar solo cuando todo está resuelto, cuando las señales son claras y el camino está controlado. Sin embargo, la fe crece y se hace real en ese tramo intermedio donde todavía no vemos, pero seguimos caminando. Así se vive el Bautismo en lo concreto de la vida: no como un terreno seguro, sino como un camino abierto sostenido por la Palabra de Jesús. La confirmación llega después. Y entonces descubrimos que Dios ya estaba obrando mientras caminábamos.
Importante ver que la fe auténtica no se queda encerrada en lo personal; termina ensanchando nuestras vidas, haciéndonos capaces de alcanzar a otros y conquistarlos para el Reino de los Cielos, así como el funcionario por medio del encuentro con Jesús llevó a la fe a toda su familia.
En esta Cuaresma se nos invita a revisar dónde ponemos nuestras seguridades y a atrevernos a confiar sin ver el resultado. Dios sigue creando cielos nuevos y tierras nuevas, también en nuestra historia concreta. Pongámonos en camino, confiando en su Palabra aun cuando todavía no veamos todo claro. Ahí, precisamente ahí, comienza la vida nueva.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

